VOCES
DEL DIRECTOR
POR MOURIS SALLOUM GEORGE
Entre el desabastecimiento y la asfixia energética: el impacto del bloqueo total al petróleo
LA CRISIS estructural que atraviesa Cuba ha entrado en una fase particularmente crítica, marcada por un escenario de desabastecimiento crónico, deterioro sanitario y una fatiga social, que paradójicamente, activa su ímpetu nacionalista ante el agravamiento de la actitud norteamericana.
En el centro de este panorama se encuentra el endurecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, cuya dimensión energética —especialmente el bloqueo total al suministro de petróleo— ha generado efectos que trascienden lo económico y se instalan en el terreno humanitario.
El acceso limitado al combustible se ha convertido en un factor transversal que impacta todos los ámbitos de la vida nacional.
La paralización parcial del transporte público, las interrupciones prolongadas del servicio eléctrico y la afectación directa a hospitales, industrias alimentarias y sistemas de bombeo de agua configuran un cuadro que diversos analistas califican como una asfixia deliberada.
No se trata únicamente de una restricción comercial, sino de un mecanismo de presión que erosiona las condiciones mínimas de subsistencia de la población.
En el ámbito sanitario, las consecuencias son particularmente alarmantes. La falta de combustible compromete la cadena de frío para medicamentos y vacunas, limita la movilidad de ambulancias y personal médico, y obstaculiza la producción y distribución de insumos básicos. A ello se suma la dificultad para importar equipos médicos y materias primas, agravada por las sanciones financieras que penalizan a terceros países y empresas dispuestas a comerciar con la isla. El resultado es un sistema de salud sometido a una tensión constante, que lucha por sostener su funcionamiento en condiciones extremas.

El concepto de un “ánimo de exterminio”, utilizado por sectores académicos y políticos críticos del bloqueo, no se refiere a una acción militar directa, sino a una estrategia de desgaste prolongado. La combinación de sanciones económicas, persecución financiera y bloqueo energético busca generar un colapso interno mediante el agotamiento fisico y psicológico de la sociedad. En este contexto, la enfermedad entendida tanto en su dimensión biológica como social se convierte en una consecuencia inevitable de la precariedad sostenida.
La economía cubana, altamente dependiente de la importación de combustibles, ha visto reducida su capacidad productiva de manera drástica.
La industria, la agricultura mecanizada y los servicios básicos operan muy por debajo de sus posibilidades, mientras la inflación y la escasez golpean con mayor fuerza a los sectores más vulnerables. La vida cotidiana se organiza en torno a la incertidumbre: apagones prolongados, dificultades para cocinar, conservar alimentos o trasladarse.
A nivel internacional, el bloqueo al petróleo plantea interrogantes éticos y jurídicos. Diversas resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas han condenado de forma reiterada el carácter extraterritorial de las sanciones y su impacto sobre los derechos humanos.
Sin embargo, estas condenas carecen de mecanismos coercitivos efectivos, lo que perpetúa una situación de impunidad política. El aislamiento energético de Cuba no solo afecta a su población, sino que sienta un precedente peligroso en el uso de sanciones como herramienta de castigo colectivo.
En medio de este escenario, la sociedad cubana despliega estrategias de resistencia y adaptación, aunque a un costo humano elevado. La migración, el envejecimiento poblacional y la resistencia social pueden presentar síntomas de un desgaste prolongado que no se explican únicamente por factores internos.
Ignorar el peso del bloqueo total al petróleo en la actual crisis cubana supone una lectura incompleta —y funcional— de la realidad. Cuba se encuentra, hoy más que nunca, en una encrucijada donde la política internacional, la ética humanitaria y la supervivencia cotidiana convergen de manera dramática. La persistencia de un cerco energético que compromete la salud y la vida de millones de personas reabre el debate sobre los límites morales de las sanciones y sobre la responsabilidad de la comunidad internacional frente a un pueblo sometido a una presión que muchos consideran incompatible con los principios básicos del derecho humanitario.
*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.
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