
Por Diego Pappalardo
Mientras el mundo se mantiene en una incertidumbre respecto de una posible reanudación de golpes militares directos entre los Estados Unidos, presididos por Donald Trump, y la República Islámica de Irán, dirigida por Alí Jameneí, la información actual indica que un grupo de representantes iraníes y estadounidenses, reunidos en Europa, están desarrollando negociaciones, fuera de la luz pública, con algunos avances, aunque estos no son finales ni conclusivos.
Por causa de su naturaleza intrincada, quienes se hallan inmersos en ese formato, todavía no pueden asegurar cuales serán los resultados de estas conversaciones y el abanico de temas o asuntos tratados son variados que van desde las cuestiones internas de Irán hasta las dimensiones internacionales de los distintos expedientes en los que los dos estados tienen intereses contrapuestos y confrontativos.
Es pertinente resaltar que estas discusiones forman parte de la herramienta diplomática que las conducciones estratégicas de ambos estados permitieron o activaron parcialmente a la par de la opción de guerra que, igualmente, persiste como probable vía operativa para resolver existencialmente el conflicto.
Tal como se expresó, aún no son calculables el grado de consenso y la profundidad acuerdista a los que pueden llegar las partes involucradas en las próximas dos o cuatro semanas, aunque es una certeza los esfuerzos que los “mediadores no oficiales” están realizando, en el momento actual, para que no ocurran operativos militares que podrían desviar el enfoque diplomático y, menos aún, los “estados conciliadores” (árabes y no árabes) no quieren que una de las partes -o las dos- progresen en la vía de la guerra directa y máxima.
A mediados de la semana pasada, los “árbitros componedores” de facto, consiguieron, mediante esfuerzos intensos, que el “nivel situacional de amenaza de guerra” se mantenga dentro de los límites de control y que, si llegara a suceder una serie de ataques y contraataques, las consecuencias de ella no sean tan vastas hasta el punto de que cambien la dirección de la historia regional e internacional.
En conclusión, las dos alternativas estratégicas (diplomacia y guerra) permanecen en las mesas de decisiones de Trump y Jameneí y no puede descartarse de raíz cualquier escenario final; pero el diálogo de poder para llegar a una síntesis realizable y conveniente no está excluido y, en cambio, está tomando una mayor fuerza.

