DEL ARMAGEDÓN TALMÚDICO DE ISRAEL AL MAHDISMO DE IRÁN

Mouris Salloum George Director general del Club de Periodistas de México, A.C. Periodista, escritor y analista, con una extensa trayectoria en el periodismo en México.


VOCES

DEL DIRECTOR

DESDE FILOMANO MATA 8

POR MOURIS SALLOUM GEORGE


EN EL TABLERO geopolítico de Medio Oriente, la política ya no puede entenderse únicamente mediante intereses territoriales, seguridad energética o rivalidades militares. Hoy, cada vez más, el conflicto entre Israel e Irán también refleja una peligrosa dimensión: la instrumentalización de narrativas religiosas apocalípticas como parte del discurso estratégico.

No se trata de una guerra convencional. Es una confrontación donde historia, teología, identidad y poder se entrelazan en una narrativa que, si no se entiende con cuidado, puede empujar a la región hacia escenarios de confrontación permanente.

Cuando la fe se convierte en doctrina de guerra

La guerra está utilizando la religión.

Israel e Irán no son simplemente dos Estados enfrentados por seguridad o influencia regional. Son dos potencias que han aprendido a envolver sus intereses estratégicos en narrativas espirituales porque entienden una verdad brutal de la política: los pueblos resisten más cuando creen que luchan por el destino y no por la geopolítica.

Israel: supervivencia convertida en doctrina permanente

La política exterior israelí no se basa en ideología religiosa, sino en algo más simple y más duro: cálculo de supervivencia. Israel actúa como un Estado que cree que puede desaparecer si se equivoca una sola vez. Y desde una perspectiva histórica, esa paranoia estratégica tiene fundamentos racionales. Pero el problema del miedo permanente es que eventualmente deja de ser defensa y se convierte en justificación. La doctrina israelí no busca estabilidad. Busca superioridad irreversible. Superioridad militar, tecnológica, de inteligencia y nuclear implícita. No porque quiera dominar la región, sino porque cree que no puede permitirse perder. Y cuando un Estado cree que perder significa morir, cualquier acción preventiva se vuelve justificable.

Irán: revolución permanente como estrategia de supervivencia

Irán, por su parte, tampoco está guiado por misticismo puro. Su discurso religioso es un instrumento de cohesión interna y proyección externa. El régimen iraní entiende algo que muchas democracias olvidaron:

Un país bajo presión necesita una narrativa épica para no fracturarse.

El mahdismo político no es sólo teología. Es psicología estratégica. Es la construcción de una identidad de resistencia contra Occidente, contra Israel y contra el aislamiento internacional.

Irán no necesita ganar una guerra directa.

Le basta con hacer que cualquier guerra contra Irán sea demasiado costosa.

Por eso financia actores proxy, desarrolla misiles y juega al borde del umbral nuclear sin cruzarlo.

La mentira más peligrosa: que esto es un conflicto religioso

El error más ingenuo del análisis internacional es creer que esto es una guerra religiosa.

Es una competencia clásica de poder regional entre una potencia tecnológica alineada con Occidente y una potencia revolucionaria que busca romper ese equilibrio. La religión sólo es el uniforme ideológico que usan ambos bandos para reclutar legitimidad.

El equilibrio del terror no declarado

Lo que realmente existe entre Israel e Irán no es una guerra abierta.

Es algo más peligroso:

Un equilibrio del terror no formalizado.

Israel no puede permitir que Irán tenga armas nucleares.

Irán no puede permitirse parecer débil ante Israel.

Estados Unidos no puede permitir que Israel pierda.

Irán no puede permitir parecer sometido a Estados Unidos.

 

Resultado:

Una escalada constante.

Sabotajes, ciberataques, asesinatos selectivos, operaciones encubiertas, guerra por intermediarios y miles de misiles, que hacen un cielo que llueve fuego.

Porque la historia ya ha demostrado algo con brutal claridad: las guerras pueden justificarse en discursos, pero siempre se pagan en sangre, ataúdes… y en miles de millones. 

 

*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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