
Yarisley Urrutia
Corresponsal
El presidente Pedro Sánchez anuncia la movilización de 14.100 millones de euros para enfrentar los efectos de la imposición arancelaria de la Administración de EEUU. ¿Puede España aguantar la doble presión comercial y del aumento del gasto militar? Se atisban problemas estructurales para la economía y la deuda pública, y un riesgo de confrontación.
Pese a que EEUU viene siendo el sexto socio comercial de España en importancia en los últimos años y aunque apenas el 5% de las exportaciones españolas se dirigen hacia ese país, sectores como la industria mecánica, la eléctrica, la agroalimentaria o incluso la farmacéutica acusarán la imposición de aranceles dictada por Trump.
Previa al anuncio del 20% de tasas generalizadas para la UE y España, la imposición del 25% a las exportaciones europeas de aluminio y acero afectaba ya directamente a las principales ventas españolas a EEUU: electrodomésticos y aparatos mecánicos (2.510 millones euros), y aparatos y material eléctrico (1.503 millones). El aceite de oliva (1.246), combustible y aceites minerales (1.218), fármacos (1.095) y artículos de perfumería (824), ahora también sufrirán.
En 2024, España exportó a EEUU bienes y productos por valor de 18.200 millones de euros, según datos provisionales de DataComex, el servicio estadístico de la Secretaría de Estado de Comercio. Con un 20% de aranceles, el sobrecosto a pagar por tal monto de negocio ascendería a más de 3.600 millones. Las importaciones desde EEUU se cifraron en 28.000 millones. Es un déficit comercial para España de 10.000 millones, no para EEUU, fundamentalmente debido a las compras de gas licuado estadounidense.

El nerviosismo cunde en la UE. Las plazas bursátiles europeas y norteamericanas siguen arrojando fuertes pérdidas en las jornadas posteriores al “Día de la Liberación” de Trump. En Bruselas se prepara una respuesta conjunta, aunque Ursula von der Leyen pide “pasar de la confrontación a la negociación”. Para paliar la incertidumbre y la amenaza de crisis en España, el presidente Pedro Sánchez anunció un paquete de ayudas para los sectores afectados por valor de 14.100 millones de euros.
¿De dónde saldrá el dinero?
Luego de reunirse el 2 de abril con los líderes sindicales y la patronal de empresarios, el jefe del Ejecutivo español detalló al día siguiente su plan de ayuda durante un encuentro mantenido con representantes de los sectores más afectados.
“Si la tormenta se acaba desatando, España cuenta con un doble paraguas: el paraguas europeo y el paraguas español”, declaró Sánchez durante su intervención.
El Plan de Respuesta y Relanzamiento Comercial se dotará de 6.700 millones de euros provenientes de instrumentos financieros ya vigentes (con fondos derivados del Plan de Recuperación de la pandemia) y con 7.400 millones de nueva financiación (mediante avales y préstamos del Instituto de Crédito Oficial). También se ejecutará el nuevo plan MOVES (400 millones) para estimular al sector del automóvil.
Cabe preguntarse si las medidas bastarán para guarecerse de una crisis de consecuencias globales y que puede crear un exceso de oferta en los sectores que protagonizan las exportaciones españolas a EEUU, una vez se desubiquen de ese mercado. “Y eso se soluciona abriendo nuevos mercados, transformando su proceso productivo o cerrando empresas”, recuerda el economista y autor Santiago Niño-Becerra, catedrático emérito de la Universidad Ramón Llull de Barcelona (URL), que advierte que, según diversas estimaciones, hasta “una de cada dos empresas españolas” podrían quedar afectadas por ola proteccionista desplegada por Trump.
“El problema es comercial, y con gasto público y/o con deuda no se resuelve un problema comercial”, explica a Sputnik. En su opinión, las ayudas planteadas son idóneas para un “proceso de transición”, pero no para atender una dimensión que podría ser “estructural”.
“Cualquier medida que no contribuya a la inversión y diversificación, será pan para hoy y hambre para mañana”, conviene Daniel Albarracín, profesor del departamento de Economía Aplicada II de la Universidad de Sevilla (US). En conversación con Sputnik, este economista subraya el riesgo de sostener sectores “poco viables” si no se asume que las cadenas de valor globales “quedarán alteradas” y con huecos a cubrir “más caros a partir de ahora”.
¿Hay capacidad para atender dos frentes?
La presión que se ejerce para aumentar el gasto militar es constante y no está claro que la economía no vaya a resentirse si además tiene que paliar los efectos de una guerra arancelaria. Aunque la inflación parece controlada (2,3%) y el país creció en 2024 a un ritmo del 3,2%, la deuda pública española alcanza casi el 102% del PIB, según calcula el Banco de España. En el horizonte se atisba un repunte del desempleo y la inflación, esta última en dependencia de la evolución dela oferta interior de los bienes gravados.
“La inflación se abrirá paso aquí, pero también en EEUU, una vez se produzcan las represalias arancelarias o de otro tipo que pueda establecer la UE, como restringir la participación en concursos públicos”, explica Albarracín, en alusión al instrumento de coerción de la UE, una herramienta legal de veto.
“Todo apunta a que la inflación en EEUU se incrementará y que el crecimiento se ralentice, de ahí la posibilidad de estanflación en EEUU”, conviene Niño-Becerra.
Para España, añade, se presenta el dilema de escoger entre “cañones o mantequilla”. Aparte de los 14.100 millones prometidos por Sánchez para enfrentar los efectos de los aranceles estadounidenses, Madrid ya se ha comprometido a incrementar en 24.000 millones de euros el gasto militar antes de 2029.
¿Una fórmula retorcida para el desastre?
Se ha discutido el rigor de la metodología aplicada por la Administración estadounidense para calcular el porcentaje tarifario a imponer a cada país (en teoría, recíproco). Básicamente, consiste en dividir el déficit comercial entre las importaciones y luego dividir el resultado entre dos.

“Parece un cálculo como salido de una consulta a ChatGPT para tratar de aplicar porcentajes en función del déficit comercial, con un suelo del 10%”, afirma Albarracín, que subraya el “impacto negativo” sobre el comercio internacional en una guerra comercial que a EEUU “solo le sirve para sostener temporalmente a su estructura industrial”.
“Me ha sorprendido mucho que los cálculos estén avalados por el Council of Economic Advisors, un organismo muy serio y profesional. A mi modo de ver, lo que han hecho suena a ‘¿qué tengo que poner para que me salga lo que yo quiero?'”, señala Niño-Becerra.
En cualquier caso, el cálculo establecido por Trump y sus asesores económicos jalona el inicio de una nueva fase de tensión para el mundo, al proponerse una fórmula que entraña un escenario de confrontación permanente de consecuencias impredecibles.
“El proceso de rearme, el presumible estancamiento y la inestabilidad política van a poner a competir prioridades”, explica Albarracín, que ve amenazadas las políticas de servicio público en un contexto agravado por la crisis ambiental y energética. A su juicio, el peligro radica en que la imposición de aranceles podría “no tener fin”, dado que la competitividad de EEUU y la UE es cada vez menor ante el ascenso de China, por lo que “los aranceles de hoy pueden superarse mañana”.
“Los juegos de suma cero son bien conocidos en la historia. Hemos regresado a 1880, cuando teníamos niveles de aranceles comparables. Y entonces el proceso desembocó en 1914. Espero que no suceda lo mismo, pero esto tiene mala pinta”, concluye este economista.