Desde Filomeno Mata 8
POR MOURIS SALLOUM GEORGE
El tabasqueño, Tomás Garrido Canabal, líder político radical, anticlerical, anticorrupción, casado con sus ideales de limpiar la vida pública del país.
APARTE de todo eso, fue un genetista visionario de la ganadería de los mayores rangos internacionales. Por ello, después de ser gobernador de su tierra natal, Lázaro Cárdenas lo designó secretario de Agricultura, cuando esos puestos valían.
Fue cuando trajo al mejor ejemplar de la raza indo-brasileña para formar un sólido pie de cría de doble propósito, lo que en Tabasco generó una gran expectación El alboroto de la multitud congregada en los muelles de Villahermosa era porque se le había informado que llegaba un nuevo Obispo. Todos lo fueron a recibir.
Cuando se descubrió que “El Obispo” era un toro semental, se desató la ira de la clerigalla, recrudeciendo los agravios cristeros. Los vicarios montaron en santa cólera, pues hasta ellos llegaron a pensar que desde Roma habían mandado a un prelado que reencauzara la evangelización en ese estado. Cayeron en la treta.
Muerto Garrido, al secretario de Agricultura de Miguel Alemán, Nazario Ortiz Garza, se le ocurrió, para quedar bien con el Presidente y con los gringos, que la raza indo-brasileña que había traído Garrido Canabal era la causante de la epizootia de fiebre aftosa de los vacunos del trópico húmedo.
Todo era una engañifa del secretario de Agricultura. La fiebre aftosa producía granos en el paladar de los animales que les impedía comer, y los mataba por desnutrición. Era bacteriana. Jamás se trató de una epizootia masiva que fuese a transmitir un virus infeccioso y mortal incluso para los seres humanos.
Ortiz Garza llevó a cabo una escabechina de proporciones gigantescas, acompañado por dos mozos de estoque que abrían las puertas de las oficinas para conceder indulgencias políticas: Carlos Abedrop, después banquero rescatado por el Fobaproa, y Raúl Salinas Lozano, padre de los innombrables.
No quedó un sólo semental ni para recuerdo.
Cientos de miles de ejemplares de alto registro fueron aniquilados y desaparecieron en enormes fosas abiertas en sus terrenos. Los viejos ganaderos, conocedores de que se trataba de un engaño, escondieron algunos ejemplares en las sierras, hasta que el tiempo los extinguió por completo.
Pero la actual ganadería mexicana guarda sus saldos en los nuevos campeones de su raza.
Garrido Canabal era un visionario genetista. Trataba desde su enfoque de depurar la vida mexicana
Para los gringos, la campaña contra la famosa fiebre aftosa fue el gran pretexto para promover la instalación del terror ganadero y de paso introducir al mercado los animales de raza Brahman americano, más chaparritos, menos eficientes, que coincidentemente ellos tenían por montones.
Los Brahman americanos jamás se acercaron siquiera un poco a los rendimientos que en leche y carne generaba el indobrasil. Además el enorme cuerpo del cebú indobrasil lo hacía más resistente a las inclemencias geográficas y climáticas de los terrenos costeros.
Se repitió la vieja película donde los apaches y los sioux, armados hasta los dientes, eran los que exterminaban a los valientes cowboys que sólo querían conquistar el Oeste, para quitarle lo salvaje, así, desinteresadamente. Historias de salvajes y de ambiciosos.
Desde entonces, los políticos nylon tuvieron la puerta abierta para ser campeones ganaderos: se metieron en el negocio del contrabando de semen en peroles lecheros, provenientes de Brasil, seguros de que en las oficinas aduanales y agencias veterinarias no serían molestados con ningún pétalo. Lo de siempre.
Garrido Canabal era un visionario genetista. Trataba desde su enfoque de depurar la vida mexicana. Hoy no. Se abren las puertas indiscriminada y peligrosamente a verdaderos Jinetes del Apocalipsis que nos van a llevar más atrás de donde veníamos.
La inopinada importación de animales comestibles sin control sanitario y sin respeto a la competencia del mercado nacional es sólo el aviso de que se hará o dejará de hacerse lo que sea para quedar bien con los de hasta arriba.
México se está convirtiendo en el laboratorio no de una revolución, como dijo Cárdenas que Garrido había hecho de Tabasco, sino de los desechos provenientes del exterior.
*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.
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