Irán, el campo de batalla decisivo

Mouris Salloum George Director general del Club de Periodistas de México, A.C. Periodista, escritor y analista, con una extensa trayectoria en el periodismo en México.


VOCES

DEL DIRECTOR

POR MOURIS SALLOUM GEORGE


MIENTRAS el mundo observa con incredulidad y temor cómo Oriente Medio arde otra vez, las noticias – hechas de expresiones, misiles y cifras terribles- se confunden en un paisaje de destrucción que ya supera nuestras capacidades de asombro. Nadie podía imaginar que un solo nombre, Irán, se convertiría no solo en protagonista, sino en epicentro de una confrontación que ha trascendido lo regional para impactar la seguridad global y la lógica estratégica de las grandes potencias. Hoy, Estados Unidos e Israel han lanzado una operación militar en territorio iraní, con la firma de ataques coordinados que han acabado con figuras claves del liderazgo de Teherán y han marcado el inicio de una confrontación abierta. Tras estos ataques, Irán ha respondido con miles de misiles y drones que han alcanzado bases estadounidenses, infraestructuras del Golfo Pérsico y objetivos en Israel, sumiendo al mundo en una dinámica de que recuerda a los peores momentos de la historia contemporánea.

Este escenario no es producto de un malentendido ni de una casualidad: es la culminación de décadas de tensiones, sanciones, rivalidades geopolíticas y un despliegue de alianzas que han encendido continuamente la mecha en la región. Irán, que ha afirmado estar preparado para una guerra larga, no es un enemigo que pueda ser derrotado solo con bombardeos o con la eliminación de líderes. Y sin embargo, aquí estamos: en un momento de la historia en que la diplomacia ha sido reemplazada por la lógica del arma más precisa, más letal y más estrepitosa. La geografía de Irán —su territorio, su estrecho estratégico de Ormuz, su red de aliados y milicias se ha convertido en un tablero donde potencias locales y globales miden poder, resistencia e intereses. Irán ya no solo defiende su soberanía; parece estar luchando por demostrar que ninguna intervención externa podrá quebrar su cohesión como Estado ni su papel como actor regional.

Lo que está ocurriendo no es una guerra clásica con frentes claros y líneas definidas: es una conflagración fragmentada, multilateral, con actores no estatales, guerras subsidiarias, infraestructura civil convertida en objetivo y cada impacto perturbando mercados globales, desde la energía hasta las finanzas. El cierre de facto del estrecho de Ormuz -por donde pasa gran parte del petróleo mundial- es un recordatorio brutal de que las decisiones en esta esquina del mundo tienen repercusiones financieras, políticas y humanas en cada continente.

Pero más allá de los balances, los informes y la geopolítica calculada, hay algo que debería inquietarnos profundamente: Irán ha convertido este conflicto en un campo de batalla decisivo porque nadie ha planteado aún una salida que no implique más sangre, más destrucción y más incertidumbre. Cuando la política falla, la violencia se erige como lenguaje. Y cuando la violencia se normaliza, el diálogo se convierte en una palabra vacía. Así, este «éste» dibujado con fuego no es solo la inmensa figura de un país en guerra; es la figura de un mundo que nuevamente apuesta por las armas para resolver lo que la diplomacia no supo atender a tiempo. No es suficiente que los líderes hablen de victoria, de objetivos alcanzados o de misiones cumplidas: el verdadero campo de batalla, al final, será la paz que hoy nadie está dispuesto a reconstruir.

 

*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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