
1º de diciembre de 2025 (EIRNS) — Enseguida reproducimos la ponencia ligeramente editada del director de EIR para Iberoamérica, Dennis Small, en la Mesa Redonda de Emergencia de EIR del 20 de noviembre de 2025, “Presidente Trump: ¡No lo haga! Una política estadounidense alternativa para el Caribe”, que también aparecerá en un próximo número de la revista EIR.
Tenemos que proponer una política positiva de lo que se necesita para el Caribe, porque no basta con decir simplemente: “¡Presidente Trump, no lo haga!”. También tenemos que decir lo que se debe hacer.
Pero antes de eso, estemos claros: esto no tiene nada que ver con las drogas. Las drogas son un negocio de un billón de dólares al año dirigido por un cártel internacional al que hemos llamado Dope, Inc., o Narcotráfico, S.A. No es el cártel de Cali, ni el cártel de Sinaloa. Es el cartel financiero de la City de Londres y de Wall Street, y es un negocio de un billón de dólares al año. Son los grandes bancos. Si se quiere acabar con las drogas, hay que acabar con el blanqueo de dinero de la droga, que es el núcleo de todo el asunto.
En segundo lugar, algunos hechos básicos. La cantidad de drogas que fluye de Venezuela a Estados Unidos no es el problema. Este es un mapa (ver Gráfica 1) elaborado en 2019 por la UNODC, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, que es la agrupación internacional que sigue el tráfico de drogas. Las estadísticas de la DEA indican lo mismo. Si nos fijamos en el tráfico de cocaína, que es la principal droga que se trafica desde los países andinos hacia Estados Unidos, el 74% pasó por el vector del Pacífico oriental hacia México, y un porcentaje muy pequeño, el 8%, salió de Venezuela. ¿Salen algunas drogas de Venezuela? Por supuesto; no hay ningún país en el mundo donde esto no ocurra. Pero ese no es el centro del problema. Por si piensan que se trata de un mapa antiguo, el último de la UNODC, de 2024, indica lo mismo (ver la Gráfica 2).
Rutas de tráfico de cocaína a EU, 2024

Por lo tanto, no tiene sentido hablar del problema de las drogas de esa manera, centrándose en Venezuela.
En segundo lugar, la mayoría de las drogas no entran en Estados Unidos a través de migrantes ilegales que cruzan a nado el Río Grande o en lanchas rápidas que atraviesan el Caribe. Eso no es cierto. Según las propias estadísticas de la DEA y la CBP (Aduanas y Protección Fronteriza), el 90% de la heroína incautada que entra en Estados Unidos, el 88% de la cocaína incautada que entra en Estados Unidos y el 84% de la metanfetamina incautada que entra en Estados Unidos cruza por los pasos fronterizos oficiales, los puertos de entrada, en camiones con remolque, en autobuses, en camiones, en coches, en grandes camiones. Esas son las cifras oficiales de la DEA y de la propia CBP.
Por lo tanto, el verdadero problema con Venezuela ciertamente no son las drogas.
También me gustaría decir que no creo que la cuestión sea principalmente el petróleo. Es una cuestión, pero es secundaria. La casta financiera dominante querría efinitivamente tener el control del petróleo de Venezuela, no tanto para utilizarlo, sino para convertirlo en valores como base de una nueva burbuja financiera. Y el mejor ejemplo de ello lo dio explícitamente María Corina Machado, la llamada ganadora del Premio Nobel de la Paz, que está destinada, si hay una invasión y Marco Rubio se sale con la suya, a ser la próxima presidenta de Venezuela. Ella declaró en un artículo publicado el 19 de noviembre en la revista The Economist de Londres: “Oigan, tenemos $1,7 billones de dólares de riqueza en Venezuela que podrían ayudarles durante un período de 15 años”. Y esto ya ha provocado una subida de los bonos venezolanos en los mercados internacionales, con la expectativa de que el portaaviones USS Gerald R. Ford ayude a rescatar el mercado de bonos en caída libre. Ahí es donde realmente radica la cuestión del petróleo.
La verdadera cuestión: detener la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China
Entonces, ¿cuál es el verdadero problema aquí? El verdadero problema no es lo que está sucediendo en Venezuela, sino lo que está sucediendo a unas 1.675 millas al sur de Caracas, o unos 2.700 km: La construcción del puerto de Chancay en Perú, en colaboración entre China y Perú, que es el megapuerto más moderno de toda la costa pacífica de América, incluido Long Beach, y que puede albergar los buques portacontenedores más grandes del mundo, de unos 24.000 TEU. La distancia y el costo del transporte directo desde Perú (y, a través de él, del resto de Sudamérica) hasta Shanghái, en China, se han reducido entre un 10% y un 15% (ver Gráfica 3).
Para que el puerto de Chancay funcione plenamente, es necesaria la construcción de un corredor ferroviario bioceánico que atraviese el continente sudamericano, desde el Atlántico hasta el Pacífico. Una de las principales rutas que se están analizando iría desde el puerto brasileño de Ilhéus, en el Atlántico, atravesando la región amazónica, hasta Chancay, en el Pacífico, lo que abriría todo el interior de Sudamérica al desarrollo industrial y al comercio con Asia.
Este tipo de proyectos de infraestructura son los que están conversando los países del BRICS. Son los que está construyendo la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Es lo que todos y cada uno de los países de Sudamérica, y sus poblaciones, necesitan urgentemente. Y no es una amenaza para Estados Unidos, ni debe concebirse como tal. Sin embargo, la reacción de los planificadores políticos neoconservadores de Washington, y en particular de Londres, es de terror y miedo absoluto.
Hay declaraciones procedentes del Consejo de Relaciones Exteriores; del almirante Holsey, del Comando Sur de los Estados Unidos; de Laura Richardson, ex del Comando Sur; de Evan Ellis, de la Universidad Nacional de Defensa; y de expertos del Consejo Atlántico. Todos ellos dicen que el objetivo estratégico de Estados Unidos en la región es expulsar a China del hemisferio occidental, porque China constituye una amenaza de guerra para los Estados Unidos. Esa es la verdadera cuestión que está en juego en Venezuela.
Entonces, ¿qué hay que hacer?
La Franja y la Ruta de la Cuenca del Caribe
Volvamos la vista hacia el norte, 1.675 millas más arriba, y centrémonos en el potencial de la Cuenca del Caribe. Solo tenemos tiempo para esbozar brevemente el potencial de esta zona, pero consideremos tres aspectos de este mapa (ver Gráfica 4), que elaboró EIR hace unos años para mostrar las posibilidades de cooperación y desarrollo en la cuenca del Caribe, incluyendo a Venezuela, Brasil, Guyana, Cuba, México y, por supuesto, Estados Unidos.
En primer lugar, veamos las vías férreas. Las líneas verdes indican las líneas ferroviarias que existen en la actualidad. Muchas de ellas están en bastante mal estado, pero existen. Las líneas rojas son líneas propuestas para su construcción: conexiones ferroviarias a lo largo de toda la ruta norte de Sudamérica, que conectan desde Brasil a través de la Guayana Francesa, pasando por Surinam hasta Guyana, luego a Venezuela y a través del Tapón del Darién. Los chinos ya han propuesto construir líneas ferroviarias de alta velocidad a través de Panamá, y luego a lo largo de toda Centroamérica hasta México, cruzando Estados Unidos, Canadá y luego a través del túnel del estrecho de Bering, que es, de hecho, la pieza central de lo que debería ser una relación adecuada entre Estados Unidos y Rusia, como se planteó en la cumbre de Alaska entre los Presidentes Trump y Putin. También es necesaria una reconstrucción ferroviaria masiva en Estados Unidos; tenemos que volver a nuestra propia reconstrucción industrial.
En segundo lugar, fíjense en las líneas punteadas azules: son las rutas marítimas de la ruta de la seda. Lo que hay que hacer es aumentar el transporte marítimo de mercancías, no solo a través del Canal de Panamá, que se ha ampliado, sino también mediante la construcción del Gran Canal de Nicaragua, un canal a nivel del mar que es absolutamente necesario para ampliar el comercio. Esto contribuirá a desarrollar toda la región, junto con los ferrocarriles, para que la población de estas zonas, como Centroamérica y México, pueda desarrollarse y llevar una vida digna. Podemos acabar con la pobreza, para que no se vean empujados a los brazos del tráfico de drogas —dirigido por los grandes bancos de Wall Street— y no tengan necesidad de emigrar.
Si se quiere detener la migración, si se quiere detener el problema de las drogas, que son problemas muy reales en Estados Unidos, entonces hay que desarrollar la región de la cuenca del Caribe, llevar el desarrollo industrial a la región. Y para eso, estas rutas marítimas son sumamente importantes.
Se observará que una de esas rutas marítimas parte de Sao Luis, en Brasil, lo cual es importante porque está cerca de la mina de hierro de Carajás, en Brasil, una de las más grandes del mundo. También proponemos desarrollar importantes puertos industriales de aguas profundas en Ponce, Puerto Rico, donde ya hay planes para ello. Esto sería muy ventajoso para Estados Unidos, ya que Puerto Rico forma parte de este país, y podría haber transbordo de carga a puertos de la costa del Golfo, como Nueva Orleans, y a puertos de la costa atlántica de Estados Unidos. Se debería desarrollar un puerto industrial de aguas profundas similar en Mariel, Cuba, que ha sido propuesto en detalle por el gobierno cubano como parte de un plan de desarrollo integral para Cuba. Proponemos que se construya otro puerto importante en Fort-Liberté, en la costa norte de Haití, para ayudar a salvar a ese país del proceso de devastación similar al de Gaza que ha estado sufriendo durante décadas, si no siglos.
Desarrollo impulsado por la ciencia
El tercer y último elemento que quiero señalar para el desarrollo de la cuenca del Caribe es el que se ve en el mapa con estrellas. Uno está en Alcântara, en Brasil, y el segundo en Kourou, en la Guayana Francesa. Se trata de centros de lanzamiento espacial: Kourou es el centro utilizado por la Unión Europea, y Alcântara es el lugar de Brasil donde se concentra su ciencia espacial, aunque últimamente se ha disminuído mucho. Estos centros deben revivirse y desarrollarse con las tecnologías más avanzadas con el fin de formar y desarrollar una fuerza laboral calificada para toda la región.
La fuerza laboral de la cuenca del Caribe y Sudamérica no debe limitarse a producir materias primas para la exportación, funcionando como mano de obra esclava para generar divisas con las que luego se paga la deuda externa. Pueden y deben alcanzar el máximo desarrollo, con un nivel de vida digno de los seres humanos y donde toda la población pueda disponer de ciencia y tecnología avanzadas.
Termino haciendo hincapié en una cuestión central. Presidente Trump, no solo “no haga eso” en relación con un ataque a Venezuela. Lo que debe hacer es aplicar esta política, en la que Estados Unidos colabora con China y con Rusia, en la que Estados Unidos trabaja con el enfoque presentado por el Papa estadounidense, León XIV, en su reciente discusión sobre Nicolás de Cusa. Estados Unidos debería volver a trabajar con las naciones soberanas de Iberoamérica y, de ese modo, volver a sus verdaderas raíces de la Revolución Americana contra la política colonial británica. Si lo hacemos, encontraremos apoyo y cooperación en todo el mundo. Los únicos descontentos serán la gente de Wall Street, la gente de la City de Londres, la gente que realmente está detrás de la operación Jeffrey Epstein.
La Doctrina Monroe vs. el Corolario Roosevelt
En el período de diálogo de la mesa redonda de EIR, Small respondió a un comentario sobre la Doctrina Monroe.
Varias personas han preguntado, incluso en el chat aquí: “¿Están realmente tan locos como para hacer algo así, para atacar a Venezuela?”. La respuesta es que esa no es la pregunta correcta. La pregunta adecuada es: “¿Están tan desesperados?”. Y creo que la respuesta a esa pregunta es: Sí. No estoy pronosticando que vaya a haber una invasión de Venezuela. Simplemente digo que la casta financiera internacional dominante está extraordinariamente desesperada porque se enfrenta al colapso por bancarrota de todo el sistema financiero transatlántico, con sus 2 mil billones de dólares en derivados y otros activos especulativos. La gente siempre pregunta: “¿Cuánto es eso?”. Es un 2 seguido de 15 ceros. Es mucho. No se puede pagar. Es una burbuja especulativa. Todo lo que están haciendo está diseñado para intentar mantener ese sistema.
En 2012, la Subcomisión Permanente de Investigaciones del Senado de Estados Unidos publicó un informe de 335 páginas sobre un banco llamado HSBC, antes llamado Hong Kong and Shanghai Banking Corporation, y documentó que había estado involucrado hasta el cuello en el lavado de dinero procedente del narcotráfico del cártel de Sinaloa.
Eso es solo una pequeña parte. Todo el sistema financiero es adicto al dinero de la droga, como dijo Antonio Maria Costa, exdirector de la UNODC, al igual que otros. De hecho, cuando se le preguntó al fiscal general de Obama, Eric Holder, por qué no imponía sanciones severas a estos bancos de la droga, Holder respondió en una carta escrita a los congresistas: No, no podemos hacer eso o todo el sistema financiero se derrumbaría. Esto se conoce como la Doctrina Holder o la Carta Holder.
No pueden perseguir esto, porque su sistema depende de ello. No solo no pueden perseguirlo, sino que no quieren perseguirlo. La invasión de Panamá en 1999 se menciona a menudo como un ejemplo de lo fácil que sería supuestamente decapitar al gobierno venezolano y poner a un jefe de Estado, como hicieron con Panamá. Quizá la gente quiera recordar que cuando Manuel Noriega fue derrocado por Bush —quien, por cierto, es uno de los modelos a seguir del secretario de Estado Marco Rubio— la persona que pusieron en su lugar como Presidente de Panamá fue Guillermo Endara. Endara nombró como miembros destacados de su gabinete a tres personas que formaban parte del consejo de administración del First Interamericas Bank, propiedad del jefe del Cartel de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela. El propio Endara era socio comercial de Carlos Eleta Almarán, líder de la antigua oposición panameña que fue sorprendido in fraganti en el tráfico de drogas.
Así que el Presidente que instalaron en Panamá tras la invasión estadounidense estaba encompinchado con los narcotraficantes, y ellos lo sabían. De hecho, podría decirse que esa fue la razón por la que lo hicieron. Por lo tanto, no se trata de si “están tan locos”, porque lo están. Pero lo más importante es que están tan desesperados porque su sistema financiero está completamente en bancarrota.
Ahora tengo que abordar otra cuestión, que es la cuestión de la Doctrina Monroe. Creo que la gente, especialmente en Iberoamérica, pero también en Estados Unidos, debería ser más precisa, porque a lo que se refieren, o deberían referirse, es al Corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe. Es decir, el llamado Corolario Teddy Roosevelt de la Doctrina Monroe, que fue declarado en 1905 por el Presidente Teddy Roosevelt para justificar la intervención militar en toda la región.
La Doctrina Monroe original era exactamente lo contrario. Y abordo este tema porque no solo es importante desde el punto de vista histórico, sino porque es fundamental para comprender la naturaleza de Estados Unidos y las posibilidades de cambiar la política actual.
La Doctrina Monroe no fue redactada por el Presidente James Monroe en 1823, sino por su secretario de Estado, John Quincy Adams, quien más tarde llegó a ser el sexto Presidente de Estados Unidos. John Quincy Adams fue, entre otras cosas, uno de los más fervientes opositores a la esclavitud, cuyos discursos anuales en el Congreso contra la esclavitud a mediados del siglo 19 se convirtieron en uno de los pilares de la posterior Proclamación de Emancipación de Abraham Lincoln de 1863. Quincy Adams también es famoso por decir que Estados Unidos “no va al extranjero en busca de monstruos que destruir” y que, si lo hiciera, “podría convertirse en la dictadora del mundo. Ya no sería la gobernante de su propio espíritu”.
Lo que Monroe, a través de John Quincy Adams, decía en 1823 es que el colonialismo británico debía ser expulsado de América y que las naciones de la región tenían derecho a la soberanía y a su propia defensa. Esa era la política de John Quincy Adams.
La primera vez más significativa en que se aplicó la Doctrina Monroe —y apuesto a que la mayoría de los presentes en esta reunión no lo saben— fue en 1865, en defensa de Benito Juárez en México contra el emperador Maximiliano de Habsburgo, impuesto por los franceses. Y fue aplicada por el Presidente Andrew Johnson justo después del asesinato de Lincoln, pero él actuó siguiendo la tradición de Lincoln. Se utilizó para defender a México y a su Presidente asediado contra una invasión extranjera.
Así que estoy de acuerdo con las críticas a la política del “gran garrote”. Pero llamémosla por su nombre propio, el Corolario Roosevelt, porque la política opuesta de John Quincy Adams es precisamente la política a la que Estados Unidos debería volver hoy en día.
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| Redacción
Voces del Periodista Club de Periodistas de México A.C. | Por la Libertad de Expresión desde 1952 |
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