MEDIO AMBIENTE Y NEGOCIOS
POR JUAN JOSÉ AGUSTÍN REYES RODRÍGUEZ*
Los terremotos, inundaciones y el crecimiento urbano anárquico han causado condiciones de deterioro a la vida humana, animal y vegetal en el Valle de México.
LA CUENCA de México, también conocida como el Valle de México, es un espacio cerrado por los sistemas montañosos que la rodean, habiendo formado en su origen un sistema lacustre con cinco principales lagos: Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco.
Cubrían más de 100 mil hectáreas en la parte más baja de la cuenca.
A partir del islote en donde se fundó la gran Tenochtitlán, el crecimiento urbano se inició con los pueblos originarios que tenían una cultura lacustre, al usar las aguas como vías de comunicación y producción de alimentos en las chinampas que fueron construyendo, ganándole espacio a los lagos.
Las sucesivas capas del Templo Mayor respondieron, además de su sentido político y religioso, al hundimiento que tenía ese templo poniendo nuevas capas para su renovación. Una especie de poner un cucurucho sobre otro.
Con la llegada de los europeos a la gran metrópoli mexica, continuó el crecimiento urbano, con vertimiento de tierra invadiendo la zona lacustre y convirtiéndola en zona urbana.
Se perdió la cultura lacustre que existió por siglos y que todavía a principios del siglo XX permanecían algunos ríos y canales que comunicaban diferentes pueblos, como Chalco, Texcoco e Iztapalapa, con el centro de la ciudad de México, así como transportar alimentos y productos que obtenían los pueblos.
Las grandes inundaciones que se registraron en la Nueva España orillaron a los gobernantes a iniciar obras de desalojo de agua hacia el norte, que siguió durante décadas con la construcción del Tajo de Nochistongo, el gran canal (¡más bien el gran caño!), los emisores poniente y central, así como recientemente el Túnel Emisor Oriente (TEO) que fue construido para la desecación del Lago de Texcoco y evitar inundaciones en el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).
La Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) ha estado sujeta en toda su existencia a factores o elementos de la naturaleza que seguirán presentes por los siglos de los siglos.
Estos son las inundaciones —el agua reconoce sus orígenes— la existencia de las fracturas Clarión y Acambay que corren por el norte y sur de la cuenca, así como los cientos de fracturas perpendiculares, todas ellas con origen en la falla de San Andrés que corre desde California, EUA, por el Mar de Cortés y entra a México porNayarit , Jalisco, Michoacán, Estado de México, Tlaxcala, Puebla y sale en Veracruz, formando el Eje Neovolcánico.
A lo anterior hay que señalar que en el Océano Pacífico se encuentran las placas Continental y de Cocos que son las causantes de los terremotos y temblores que afectan directa e indirectamente a la vida en el Valle de México.
Los terremotos, las inundaciones y el crecimiento urbano anárquico en la Cuenca de México, han creado situaciones de vida muy deterioradas para la población, sin desaparecer los grandes riesgos de terremotos fatales e inundaciones incontrolables, que han provocado los miles de millones de pesos tirados al caño y a la basura, aplicados a paliativos y no atacando las causas, que son la gran concentración humana en un espacio del uno por ciento del territorio nacional.

Terremotos
En los últimos 20 años, México ha experimentado varios terremotos de gran magnitud, principalmente en las costas de Oaxaca, Guerrero y Chiapas.
Los más recordados son el sismo de 2017 (8.2 en Chiapas y 7.1 en Puebla), el sismo de 2020 en Oaxaca (7.4) y el sismo de 2022 en Guerrero (6.9), todos con efectos significativos en la Ciudad de México.
Oaxaca, Guerrero y Chiapas son las zonas más activas por la subducción de la placa de Cocos. El suelo lacustre de la Cuenca de México intensifica las ondas, haciendo que incluso sismos moderados se sientan con fuerza.
Esto se debe principalmente que el subsuelo es como una masa gelatinosa, por lo cual los temblores siguen oscilando por ese material que contiene 80 % de agua y 20 % de arcilla.
El 19 de septiembre de 2017 coincidió con el aniversario del terremoto de 1985, reforzando la memoria colectiva de ese magno sismo.
El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX) ha sido clave para reducir riesgos en los últimos eventos.
Los sismos de 2017 mostraron la vulnerabilidad de la infraestructura en CDMX, especialmente en zonas con construcciones antiguas.
Los talleres y simulacros han fortalecido la cultura de prevención.
Es importante vincular la sismicidad con planes de corresponsabilidad y resiliencia para reducir riesgos futuros.

Inundaciones
Las inundaciones más importantes en la Cuenca de México durante los siglos XX y XXI incluyen eventos extremos en 1950, 1976, 2000, 2010, 2021 y 2025, con afectaciones graves en zonas como Iztapalapa, Ecatepec, Chalco y el Centro Histórico de CDMX.
Estos eventos han sido detonados por lluvias intensas, fallas en infraestructura hidráulica y el crecimiento urbano sobre zonas lacustres.
La última inundación en Chalco ocurrió el 29 de mayo de 2025, cuando fuertes lluvias anegaron al menos 12 calles y 16 viviendas en las colonias Culturas de México y Jacalones. En Valle de Chalco, la más reciente se registró el 13 de enero de 2025, con tirantes de agua de hasta 70 cm en calles como Chalchiuhtlicue y Purépechas.
El Valle de México fue un sistema de lagos; muchas zonas urbanas actuales están sobre antiguos cuerpos de agua (Texcoco, Xochimilco, Chalco), lo que las hace vulnerables.
El sistema de drenaje profundo y los túneles emisores han sido rebasados en eventos extremos.
El crecimiento urbano sobre zonas de recarga hídrica ha reducido la capacidad de absorción natural. Con el Cambio climático hay aumento en la intensidad de lluvias y meteoros excepcionales.
El pasado lacustre y la urbanización influyen en el riesgo actual. Vincular la historia de inundaciones con planes de resiliencia, drenaje y corresponsabilidad es necesario.


Crecimiento urbano
En los últimos 25 años, el Valle de México ha experimentado un crecimiento urbano marcado por la expansión periférica, la consolidación de la Zona Metropolitana como la más poblada del país (más de 21 millones de habitantes) y una fuerte presión sobre suelos de conservación y recursos naturales.
Crecimiento poblacional y metropolitano (expansión urbana y transporte www.gob.mx). En el año 2000, el 53% de la población mexicana vivía en zonas metropolitanas; hoy es el 64%. La Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) concentra más de 21.8 millones de habitantes, siendo la más grande del país. El crecimiento urbano se ha desplazado hacia la periferia, con asentamientos irregulares y desarrollos habitacionales en suelos de conservación, bosques y tierras agropecuarias, ranchos y granjas, que habían caracterizado a esta región como de mayor importancia.
Lo anterior ha generado una estructura fragmentada y dispersa, replanteando las relaciones urbano-rurales. (1-197-Pérez.pdf).
Se han desarrollado proyectos de infraestructura vial y de transporte masivo (Metro, Metrobús, Tren Suburbano), aunque insuficientes frente al ritmo de expansión. El aumento de la movilidad motorizada ha intensificado problemas de congestión y contaminación. La expansión urbana ha contribuido al cambio climático local, con aumento de temperaturas y reducción de áreas verdes. La presión sobre acuíferos, suelos de conservación y bosques, ha generado riesgos de sustentabilidad.
En el siguiente cuadro se presenta la comparación de las tendencias de crecimiento urbano.
La década de 2000 marcó el mayor salto en superficie urbana, vinculado a desarrollos habitacionales en municipios periféricos. Los municipios con mayor crecimiento se desplazaron del centro hacia el norte y oriente, presionando zonas agrícolas y de conservación y tierras forestales.
En síntesis, el Valle de México ha pasado de un crecimiento concentrado en áreas centrales a una expansión periférica acelerada, con impactos sociales y ambientales profundos. El reto actual es reorientar el desarrollo urbano hacia modelos más sostenibles y equitativos.

¡La cuenca de México requiere otras políticas de desarrollo!
En la Cuenca de México no se puede seguir con una política del avestruz, sin tener en cuenta que las condiciones naturales de la misma son de una presencia permanente de sismos e inundaciones, que han llevado a tirar prácticamente miles de millones de pesos en dar paliativos a la población afectada. No hemos aprendido del magno sismo de 1985, en donde se perdió la oportunidad de descentralizar las actividades económicas, educativas, culturales, industriales y sociales, fuera de la Cuenca de México; por lo contrario, se inició la reconstrucción del Distrito Federal y otras zonas afectadas del Estado de México, sin que se haya completado al 100 %.
Los gastos del presupuesto de vivienda y desarrollo urbano se están orientando hacia municipios del oriente y norte del Valle de México, justamente en donde existen los lagos de Texcoco y Chalco, que hacen su presencia prácticamente en cada temporada de lluvias, provocando las desgracias que seguirán presentes.
Los gobiernos Federal y de los Esta dos de México e Hidalgo, podrían revisar sus políticas concentradoras de viviendaen el V alle de México y estudiar con académicos, organizaciones sociales y profesionales las alternativas de un verdadero desarrollo económico en otras partes del país, en donde se encuentren condiciones adecuadas para el mismo y no seguir dilapidando recursos públicos en programas de relumbrón, que no atienden a las verdaderas causas de los desastres sísmicos y pluviales de cada año.
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| Autor:
Juan José Agustín Reyes Rodríguez *Ing. Agr. Especialista en Bosques por la Escuela Nacional de Agricultura, hoy Universidad Autónoma Chapingo; candidato a Doctor en Recursos Naturales por la Universidad de Michigan, EE. UU.; exfuncionario público y asesor en recursos naturales, ambiente y desarrollo.
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