TORMENTAS, INUNDACIONES Y DERRUMBES

México se encuentra en el hemisferio norte, en la zona tropical, donde ocurren los fenómenos meteorológicos de gran relevancia como son huracanes, ciclones, y tifones, que así se denominan según la región geográfica donde se presentan, anualmente, desde hace milenios.

MEDIO AMBIENTE Y NEGOCIOS


POR JUAN JOSÉ AGUSTÍN REYES RODRÍGUEZ*


 

LA IMPORTANCIA DE LOS BOSQUES EN REDUCIR SUS IMPACTOS

México se encuentra en el hemisferio norte, en la zona tropical, donde ocurren los fenómenos meteorológicos de gran relevancia como son huracanes, ciclones, y tifones, que así se denominan según la región geográfica donde se presentan, anualmente, desde hace milenios.

 


ESTOS METEOROS se caracterizan por la cantidad de agua que van recogiendo de los océanos, los vientos que los mueven y llegan con su poder a causar gran destrucción, así como los millones de metros cúbicos de agua que vierten a su paso por las costas, montañas y en el mar. Las diferencias de temperatura en el agua respecto a la atmósfera es lo que los genera, entre otros elementos de la naturaleza.

En nuestro país, estos meteoros se producen y se presentan en las costas del Océano Pacífico, del Mar Caribe y en el Océano Atlántico, especialmente en el Golfo de México.

Su intensidad e impacto, de menos a más, empieza como depresión tropical, tormenta, ciclón o huracán, desde categoría uno a categoría cinco que es la que más estragos causa en México y en donde toca tierra.

Los impactos que estos meteoros provocan al tocar las costas y tierras interiores, por la velocidad de los vientos y los volúmenes de agua que descargan, están fuera del control humano, por lo que su presencia es inevitable que suceda cada año en la temporada de ciclones, que más o menos se ha identificado desde marzo hasta septiembre, sin que tengan palabra de honor.

Estos fenómenos naturales tienen sus impactos positivos y negativos. Dentro de los primeros se encuentra la importante cantidad de agua que descargan sobre el territorio nacional, por lo que permiten que las presas, lagos, lagunas y otros espejos de agua aumenten su volumen de manera importante, además de que los bosques pueden captar e infiltrar agua a los acuíferos. Los fenómenos climáticos de sequías que se presentan cada año se ven mitigados, aunque sea parcial y temporalmente, con estos meteoros. Los impactos negativos que afectan directamente a la población, tanto en las ciudades como en el campo, son las inundaciones, la caída de torres de transmisión de electricidad, la fractura y rompimiento de carreteras, caminos y puentes, el deslave y derrumbe de cerros, el desbordamiento de presas, la pérdida de hogares, vehículos y negocios, así como todos los daños personales a la población y pérdida de vidas humanas y animales, cosechas y vegetación.

Estos procesos naturales los hemos vivido por siglos, sin embargo, para contrarrestarlos no se han definido políticas y estrategias que ayuden a minimizar sus impactos. Se han destinado miles de millones de pesos cada año a paliar los impactos negativos que se presentan; se han ido sofisticando más los sistemas de protección civil que atienden con oportunidad los daños causados en la población afectada y se trata de disminuirlos con apoyos en servicios públicos, como agua potable, enseres domésticos y reparación parcial de sus viviendas, entre otros.

Pero los enormes presupuestos que se destinan cada año son insuficientes para satisfacer todas las necesidades que se presentan.

Los bosques, en su concepción más amplia que incluye selvas, desiertos, humedales, manglares y otros ecosistemas forestales, tienen una función trascendental en los ciclos del agua, del carbono, del oxígeno y otros compuestos y elementos naturales.

 

En nuestro país, estos meteoros se producen y se presentan en las costas del Océano Pacífico, del Mar Caribe y en el Océano Atlántico, especialmente en el Golfo de México. Su intensidad e impacto, de menos a más, empieza como depresión tropical

En nuestro país, estos meteoros se producen y se presentan en las costas del Océano Pacífico, del Mar Caribe y en el Océano Atlántico, especialmente en el Golfo de México.

Su intensidad e impacto, de menos a más, empieza como depresión tropical

La cobertura que tienen estos recursos naturales permite reducir la energía cinética de la lluvia al caer sobre la tierra, lo que evita la fragmentación del suelo por el impacto físico que tiene la lluvia al caer directamente en el suelo, causando la erosión del suelo. Lo anterior facilita la infiltración del agua y en consecuencia, la recarga de los mantos freáticos o acuíferos que subyacen

Las raíces de los árboles, arbustos, pastizales y demás vegetación forestal, hacen una importante red o malla en el subsuelo lo cual permite que la tierra se mantenga firme y no se desmorone o deslave. En consecuencia se reducen o se evitan los derrumbes de laderas de los cerros tapando caminos y destruyendo viviendas que ilegal o legalmente se construyeron en esos terrenos no aptos.

Al haber cobertura forestal en las cuencas hidrológicas se facilita notablemente la reducción de la velocidad del agua, por lo que se minimizan o evitan las inundaciones y se promueve la infiltración al subsuelo. Esta agua corre por arroyos, barrancas y ríos así como por la superficie, con menos sólidos en suspensión lo que evita que las presas se azolven, es decir se llenen de lodos, y mantengan su capacidad de almacenamiento.

En estos fenómenos naturales, los suelos, asociados a los bosques, juegan un papel determinante, debido a sus propiedades biológicas, químicas y sobre todo físicas. De acuerdo con información de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (www.sader/característicasdesuelosdemexico)

 

“En México, los suelos presentan una gran diversidad, resultado de factores como el clima, la vegetación, el relieve y la actividad humana. Se pueden encontrar desde suelos muy fértiles hasta aquellos con algún grado de degradación. Un aspecto importante a considerar es la textura del suelo, que se refiere a la proporción de arena, limo y arcilla, y que influye en su fertilidad y capacidad de retención de agua”.

 

En efecto la capacidad de retención de agua es un aspecto fundamental, que depende en gran medida, además de su textura, de la vegetación asociada al suelo, la porosidad del suelo, la capacidad de campo, es decir su capacidad de almacenamiento, entre otros factores. Entre mayor cobertura forestal haya, mayor será la capacidad de retención e infiltración del agua de lluvia.

Según su textura hay tres tipos de suelos: arenosos, arcillosos y limosos.

Los suelos arenosos son los que tienen partículas gruesas y granulares por lo que drenan bien, pero con baja retención de agua; se encuentran principalmente en los lechos de los ríos, aunque no exclusivamente.

Los suelos limosos tienen gránulos de tamaño intermedio entre la arena y la arcilla son fértiles y fáciles de trabajar y drenan relativamente bien.

Los suelos arcillosos son partículas muy finas y se cohesionan bien y forman barro cuando están saturadas de agua y nutrientes.

Tienen consistencia pegajosa, son pesados y compactos, de difícil drenaje y aireación.

Cuando hay una proporción equilibrada de esas texturas se tiene un suelo franco. Las diversas variedades del suelo, de acuerdo con sus combinaciones de texturas se determinan con el llamado triángulo de texturas.

 

“En México, los suelos presentan una gran diversidad, resultado de factores como el clima, la vegetación, el relieve y la actividad humana. Se pueden encontrar desde suelos muy fértiles hasta aquellos con algún grado de degradación. Un aspecto importante a considerar es la textura del suelo, que se refiere a la proporción de arena, limo y arcilla, y que influye en su fertilidad y capacidad de retención de agua”.

 

Considero que además de las previsiones que se han hecho con el sistema de protección civil para atender los impactos de tormentas, inundaciones y derrumbes que causan los ciclones, que se seguirán presentando, sería muy importante tomar otras medidas de política de prevención de impactos por ciclones, entre las que podríamos proponer las siguientes:

1.- Mantener los bosques, selvas, semidesiertos, manglares y otros tipos de vegetación forestal que aún tenemos; fortalecer los programas de silvicultura comunitaria, cadenas de valor desde la obtención de productos forestales hasta su transformación y comercialización.

Esto permitirá que sus dueños y poseedores valoren la importancia que tienen para su economía y para la sociedad.

2.- Restaurar los ecosistemas forestales que fueron impactados por programas agrícolas y ganaderos que ahora son eriales, así como los que se han hecho con desarrollos inmobiliarios, industriales y turísticos en zonas forestales y no aptas para esos usos. Ejecutar programas de reforestación de gran envergadura, que no queden en lo romántico, así como fortalecer las plantaciones forestales comerciales en esas áreas desnudas o impactadas.

3.- Con los programas de vivienda social, mover los asentamientos que se encuentran en laderas de cerros o en antiguos cauces de lagos y ríos (por ejemplo Valle de Chalco) que a pesar de las obras de drenaje que se hagan, nunca serán suficientes y sólo será un gasto inútil por más sistemas de drenaje que pongan.

4.- Definir una política nacional sobre la conservación, manejo, aprovechamiento, investigación, desarrollo tecnológico, economía circular y en general un desarrollo forestal sustentable en el mismo nivel de importancia del desarrollo nacional.

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IMPORTANCIA DE LOS BOSQUES,cobertura forestal en las cuencas hidrológicas,programas de silvicultura comunitaria
Autor:

Juan José Agustín Reyes Rodríguez

*Ing. Agr. Especialista en Bosques por la Escuela Nacional de Agricultura, hoy Universidad Autónoma Chapingo; candidato a Doctor en Recursos Naturales por la Universidad de Michigan, EE. UU.; exfuncionario público y asesor en recursos naturales, ambiente y desarrollo.

 

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