
Se celebró, finalmente, la Cumbre de Alaska que fue ideada y plasmada en la realidad por los presidentes Donald Trump y Vladímir Putin.
El evento se llevó a cabo contra los esfuerzos diversos de los núcleos enemigos de ambos y tanto Trump como Putin pudieron hablar sin intermediarios, conociendo y comprendiendo un poco más las pretensiones y los mecanismos preferentes del otro y, especialmente, las intenciones honestas de cada uno hacia la sinergia futura para temor y terror de los globalistas.
En relación con esto, no hubo ninguna disociación y perfilaron mejor el formato del vínculo estratégico entre ambos estados que se sustentará, en un inicio, en lo geoeconómico, en lo cultural y lo turístico tal y como lo adelantamos antes de la Cumbre.
Cuando le correspondió hablar, en la conferencia de prensa, Putin declaró “Espero que el acuerdo que hemos alcanzado juntos nos ayude a acercarnos a ese objetivo y allane el camino hacia la paz en Ucrania. Esperamos que Kiev y las capitales europeas lo perciban constructivamente y no obstaculicen el proceso”. Sin equivocarse ni engañar a la audiencia mundial, el presidente ruso habló de un acuerdo que consiguió con Trump.
Más adelante, se verán los efectos prácticos y ningún sistema mediático globalista podrá invisibilizar ni impedir la cristalización del compromiso específico que ambas figuras obtuvieron.
Anteriormente, hicimos la advertencia que terminó siendo una realidad. En efecto, dijimos “Sin duda, que un porcentaje relevante del diálogo de Trump y Putin, en Alaska, quedará guardado en forma confidencial. La maquinaria de prensa globalista ya preparó sus bombas desinformativas para oscurecer o denigrar el diálogo positivo de Alaska”.
Por su lado, Trump puntuó con un 10 su conversación con Putin y dijo que se vería de nuevo y “muy pronto” con su homónimo ruso y añadió a la escena que recibió la invitación formal para viajar a Rusia y que le agrada la idea de reunirse con Putin en Moscú.
Sobre esto último, también hicimos mención en nuestro artículo publicado previamente al inicio de la cumbre bilateral.
Posterior a la cumbre, Trump se comunicó con algunos de los socios de EE.UU. en Europa y Ucrania y no habría recibido una respuesta positiva de ellos, lo que disgustó al líder estadounidense.
Por lo pronto, Trump y Putin sentaron las bases programáticas para una asociación profunda entre ambas administraciones y una cooperación multidimensional.
A todas luces, perdieron los globalistas.

