Una solución de dos Estados, no una Solución Final

una solucion de dos estados no una solucion final


 

La siguiente declaración se escribió para la próxima reunión de la ONU sobre la solución de Dos Estados.

Los días 28 y 29 de julio del 2025, Francia y Arabia Saudita convocan una conferencia sobre una solución de dos Estados para Israel y Palestina. Originalmente esta reunión estaba programada para mediados de junio, y fue pospuesta como respuesta a presiones antagónicas.

El Presidente de Francia, Emmanuel Macron, que se ha pronunciado a favor de la solución de los dos Estados y ha permitido que circularan rumores de que Francia podría incluso aprovechar la oportunidad de la conferencia para reconocer finalmente al Estado de Palestina, al parecer ha decidido ahora no asistir.

En 1975, el estadista y economista estadounidense Lyndon LaRouche propuso su Plan Oasis para abordar las realidades geológicas compartidas por los pueblos de Israel y Palestina, que habitan una región árida situada en la conexión de tres continentes. El desarrollo esencial de la infraestructura hídrica para hacer florecer los desiertos, y la conectividad del transporte para permitir el florecimiento del comercio y la producción, fueron fundamentales en su visión de los planes de desarrollo económico necesarios para alcanzar soluciones políticas.

El genocidio contra el pueblo palestino que está llevando a cabo el gobierno de Israel se produce en un contexto de conflicto más amplio. La OTAN está llevando a cabo una guerra contra Rusia, utilizando el territorio de Ucrania como campo de batalla y al pueblo ucraniano como herramientas desechables para efectuar la derrota de Moscú. Los planificadores militares y los grupos de «expertos» angloamericanos exigen que el conflicto con Rusia concluya rápidamente, para poder dirigir sus miras en contra de China.

El imperio británico, en su último envoltorio de imperialismo financiero y social respaldado por el poderío militar estadounidense, está llevando a cabo una política de guerra generalizada, avivando los conflictos en todo el mundo, porque está aterrorizada ante el enorme potencial de cambio que acompañará al colapso del sistema financiero transatlántico, que ya debería haberse producido.

¿Qué acciones pueden tomarse para poner coto a los crímenes nauseabundos del Estado de Israel y encaminar al mundo a disfrutar de una nueva era de cooperación pacífica en la que todos ganen, en lugar del pensamiento de suma cero que domina actualmente el pensamiento europeo en general?

Israel, junto con sus cómplices, como Estados Unidos y el Reino Unido, debe rendir cuentas por sus crímenes. El Consejo de Seguridad de la ONU se ha mostrado incapaz de actuar, pero la comunidad internacional, incluida la Asamblea General de la ONU, tiene poder para obligar a Israel a poner fin a su ensañamiento asesino.

La resolución 377 (V) «Unión pro Paz» de 1950 de la Asamblea General de la ONU prevé la convocatoria de Sesiones Especiales de Emergencia (SEE) de la Asamblea General para tratar cuestiones de seguridad que el Consejo de Seguridad de la ONU no haya podido abordar. Se han convocado once sesiones de este tipo, cinco de ellas centradas en acciones israelíes, incluida la primera SEE, sobre la crisis de Suez de 1956. La Asamblea General de la ONU pidió directamente que se tomaran medidas militares para poner fin al conflicto.

Tomen en consideración el papel jugado por la ONU para poner fin al sistema de apartheid en Sudáfrica:

En 1962, la Asamblea general de la Organización de Naciones Unidas pasó la resolución 1761, en la que se censuraba al gobierno de Sudáfrica por su negativa a abandonar sus políticas racistas, se le exigía que para hacer eso obedeciera las resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad, y se pedía formalmente a los Estados miembros de la ONU que tomaran medidas para obligar a Sudáfrica a abandonar sus políticas racistas.

Las exigencias fueron muy amplias: se alentó a los países a romper relaciones diplomáticas con Sudáfrica, cerrar sus puertos a los buques con bandera sudafricana y prohibirle a sus propios buques que atracaran en puertos sudafricanos, boicotear las mercancías procedentes de Sudáfrica, poner fin a todas las ventas de armas a ese país y denegar los viajes aéreos o el permiso de sobrevuelo a los aviones sudafricanos.

El 30 de septiembre de 1974, la Asamblea General de la ONU votó abrumadoramente a favor de rechazar las credenciales de la delegación sudafricana, compuesta exclusivamente por blancos. La Asamblea General reafirmó esto el 12 de noviembre, cuando volvió a votar por un amplio margen a favor de mantener la decisión.

El 4 de noviembre de 1977, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 418, que hizo obligatorio para todos los Estados miembros un embargo de armas contra Sudáfrica.

El suceso histórico de la campaña internacional para boicotear, desinvertir, y sancionar a Sudáfrica —lo cual puso fin a sus políticas racistas convirtiéndose en una democracia en la década de 1990— ha impulsado llamados a que la misma presión sea aplicada a Israel, hoy bajo el acrónimo BDS (Boicot, Desinvertir, y Sanciones).

Sudáfrica no es el único precedente histórico para considerar a Israel en la actualidad. Debemos mirar también a la Alemania de la década de 1930 hasta 1945.

Ehud Olmert, un ex Primer ministro de Israel (del 2006 al 2009), respondió que los planes de Israel de establecer una «Ciudad humanitaria» en la que a los palestinos se les permitiría entrar, pero estaría prohibido salir de ella (a menos de que fuera para irse a otros países): «Es un campo de concentración».

«Si [los palestinos] van a ser deportados a la nueva ‘ciudad humanitaria’, entonces se puede decir que esto forma parte de una limpieza étnica», declaró al diario The Guardian. «Cuando construyen un campo donde [planean] ‘limpiar’ más de la mitad de Gaza, entonces inevitablemente lo que se entiende de esa estrategia de esto, es que no se trata de salvar [a los palestinos]. Es para deportarlos, empujarlos y deshacerse de ellos. Al menos yo no puedo entender otra cosa de esto».

«No puedo dejar de acusar a este gobierno de ser responsable de los crímenes de guerra cometidos», añadió.

El 15 de julio del 2025, el periódico The New York Times publicó un artículo de opinión escrito por el Dr. Omer Bartov, un estudioso del genocidio y el Holocausto, bajo el título «Soy un estudioso del genocidio. Lo reconozco cuando lo veo». Bartov nació en Israel, y ahora da clases en la Universidad Brown. Escribió lo siguiente:

Mi conclusión ineludible es que Israel está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino. Habiendo crecido en un hogar zionista, viví la primera mitad de mi vida en Israel, serví en las FDI como soldado y oficial y pasé la mayor parte de mi carrera investigando y escribiendo sobre crímenes de guerra y el Holocausto, esta fue una conclusión dolorosa a la que llegué, y una a la que me resistí tanto tiempo como pude. Pero llevo un cuarto de siglo dando clases sobre genocidio. Puedo reconocer uno cuando lo veo.

El 18 de julio fue establecido en 2009 por la ONU como “Día Internacional de Nelson Mandela”, y los organizadores del evento invitan a todo el mundo a conmemorar el cumpleaños del gran estadista y Presidente sudafricano con acciones para luchar contra la pobreza y la desigualdad.

Sudáfrica ha defendido la conciencia moral del mundo al acusar a Israel de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia, cuyos jueces consideran “plausibles” las denuncias presentadas en virtud de la Convención sobre el Genocidio y han exigido la aplicación de medidas provisionales para proteger al pueblo palestino.

Actuemos todos para lograr el tan necesario desarrollo económico, a través del Plan Oasis para Israel y Palestina y los Diez Principios para una Nueva Arquitectura de Seguridad y Desarrollo propuestos por Helga Zepp-LaRouche.

Acción, y acción ya

Exigimos:

1. Que las Naciones Unidas y la comunidad internacional actúen para obligar a Israel a poner fin a su genocidio, tal y como hicieron para forzar el cambio en el estado del apartheid sudafricano.

2. Que se envíe ayuda humanitaria masiva a Gaza, a través de organismos eficaces, incluido el restablecimiento de la UNRWA.

3. Que los gobiernos apoyen un plan de desarrollo regional, como el Plan Oasis de LaRouche, y no la reprobable “ciudad humanitaria” propuesta por Israel.

4. Que Palestina sea reconocida por la Asamblea General de las Naciones Unidas y se convierta en Estado miembro de pleno derecho de la ONU.

Para mayor información escribe a preguntas@schillerinstitute.org

 

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