
Helga Zepp-LaRouche, fundadora del Instituto Schiller, publicó el 9 de marzo la siguiente carta abierta que envió a Su Santidad el Papa León XIV.
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A Su Santidad, Papa León XIV
Santo Padre,
Le escribo en este momento tan grave para la humanidad, pues quizá sea usted la única persona que aún puede evitar el descenso en lo que usted mismo ha denominado un “abismo irreparable”, una escalada de la guerra no provocada contra Irán que podría convertirse en una guerra nuclear mundial, que acabaría con toda la vida en la Tierra.
En el período reciente el mundo ha entrado en una fase radicalmente peor, en la que se ha declarado inexistente el derecho internacional, el llamado “orden basado en reglas” ha sido siempre una farsa y el principio de que “la fuerza hace el derecho” se ha elevado a privilegio de los poderosos. Como resultado, miles de millones de personas ya están sufriendo un dramático empeoramiento de sus condiciones de vida y un número incontable de personas ya están pagando con sus vidas. Pero lo que es aún peor, si no se cambia el curso actual de los acontecimientos, se podría cometer el pecado definitivo: la aniquilación de la especie humana en nombre de delirios satánicos.
Millones de personas del común se preguntan con total desesperación, qué se puede hacer para cambiar el curso de la historia, cuando muchos gobiernos, especialmente en Occidente, son obviamente incapaces de cumplir con su obligación de evitar daños a las personas de las que son responsables. ¿Dónde está la institución que puede aportar la solución a esta hora tan tardía?
Algo que podría ser un paso positivo, tal vez incluso decisivo, para despertar la conciencia del mundo, sería, en el espíritu del Concilio de Florencia y de la unidad de la Iglesia lograda por Nicolás de Cusa al llevar a las delegaciones de la Iglesia Ortodoxa a los Concilios de Florencia y Ferrara, que usted, Su Santidad, y el Patriarca Cirilo de Moscú, así como el Patriarca Bartolomé I de Constantinopla, dieran el valiente paso de convocar conjuntamente a todas las autoridades religiosas del mundo, así como a todas las personas de buena fe, creyentes y no creyentes por igual, a salir en defensa de la paz.
El 25 de octubre del año pasado, en su sermón del Ángelus, evocó al gran filósofo y cardenal Nicolás de Cusa y su idea de la Coincidentia Oppositorum, como el método de pensamiento necesario para unir las cosas en el mundo actual. Ese fue el mismo método de pensamiento que subyace en su hermoso diálogo “De Pace Fidei”, sobre “La paz en la fe”, que escribió en respuesta a la caída de Constantinopla, elevando el pensamiento de la gente de su época al nivel más alto posible y el entendimiento de que solo hay un Dios y una verdad, cognoscible para los creyentes de todas las religiones, a pesar de sus distintos ritos y prácticas.
En un momento en el que existe el peligro de una guerra mundial y en el que algunos utilizan el manto de la religión para defender un Armagedón inminente, se debe alzar esa misma voz de la razón y plantear la misma pregunta que los representantes de 17 naciones y religiones le hacen a Dios en “De Pace Fidei”, que no puede ser, que las personas se maten unas a otras en nombre de Dios.
Las campanas de todas las iglesias deberían empezar a sonar, el adhan de todas las mezquitas debería resonar, el shofar de todas las sinagogas debería sonar, en todo el mundo, en este momento de máxima urgencia para salvar a la humanidad de su tragedia final.
Si, como primer paso, las Iglesias de Occidente y Oriente se unieran e hicieran campaña activa y diariamente por la paz mundial, esto podría influir en la mayoría de la gente para que expresaran su compromiso con la paz, y de este modo ocasionar un cambio en la historia mundial y cumplir la voluntad de Dios, quien seguramente no creó el mundo y dotó a la humanidad de razón para que fuera destruida por la ausencia de ella.
Helga Zepp-LaRouche
Fundadora del Instituto Schiller

