
Aunque Pese
En los últimos días, Guadalajara se convirtió en un espejo incómodo de un país que se está secando; peor aún, se está sumiendo en contaminación de ríos y lagos.
El agua contaminada que desde principios de año han recibido millones de tapatíos en sus hogares (con malos olores, metales pesados y hasta heces fecales) no es un problema técnico menor; es una crisis de primer orden que exhibe la fragilidad de los sistemas de abasto del líquido vital no sólo en la capital de Jalisco, sino en todas las grandes ciudades.
Refleja también la incapacidad de una clase gobernante del partido que sea ante la imprescindible necesidad de agua y el menosprecio de las autoridades, como lo mostró el gobernador Pablo Lemus, quien en lugar de atender una situación aguda reaccionó con gases lacrimógenos, chorros a presión y decenas de detenidos.
La respuesta ciudadana fue masiva y pacífica en su origen; más de 4 mil 500 personas marcharon de la Glorieta de la Minerva a la residencia oficial de Lemus para exigir agua potable, pero el mandatario de Movimiento Ciudadano optó por blindar la casa con vallas y reprimir a los manifestantes, 31 lesionados, 28 policías heridos y 39 personas detenidas.
La molestia ciudadana se contaminó como el agua y en las expresiones de protesta se colaron vándalos que solo pretendían destruir y no resolver una situación que afecta a toda la zona metropolitana del estado.
Su solución de privatizar el servicio de agua, aunque negado por él mismo, no se va a permitir, como lo sostuvo la Presidenta Sheinbaum quien ha ofrecido mediación de Conagua para resolver el problema como derecho humano y no como mercancía en venta. Ahora a nadie escapa que la crisis del agua se ha convertido en un campo de batalla electoral y partidista en el Estado donde sobran los pescadores a río revuelto que sólo buscan ganancias personales. Veremos.
SUSURROS
A todos debe quedar claro que el líquido contaminado en Guadalajara no es excepción. El abasto de las grandes ciudades proviene de fuentes antaño puras y hoy afectadas por desechos industriales, extracción intensiva, sobreexplotación que limita o impide una gestión sustentable y equitativa del vital líquido.
En la Ciudad de México, uno de cada cuatro hogares no tiene suministro diario y continuo de agua; el sistema Cutzamala ha operado con reducciones recurrentes debido a la sequía y a la sobreexplotación de sus presas.
En tanto las fugas en la red capitalina son escandalosas, se pierde alrededor del 40 por ciento del agua potable antes de llegar a los grifos y el hundimiento del suelo por la extracción desmedida de pozos es otra señal de alarma que no es atendida.
El diagnóstico nacional es claro y escalofriante: el 36 por ciento de la población carece de acceso a agua potable, según reveló estudio de la Facultad de Ingeniería de Estudios Superiores de Aragón de la UNAM, pero la crisis no es sólo de infraestructura o de sequía, sino de modelo; este es el que habrá que cambiar.
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