Alemania y Rusia a la Guerra

Los oscuros planes de la OTAN para sacrificar a Europa

Mouris Salloum George Director general del Club de Periodistas de México, A.C. Periodista, escritor y analista, con una extensa trayectoria en el periodismo en México.

Mouris Salloum George

Durante décadas, la relación entre Alemania y Rusia fue considerada uno de los pilares fundamentales de la estabilidad europea. Berlín necesitaba energía barata para sostener su poderosa industria y Moscú encontraba en el mercado alemán uno de sus socios económicos más importantes. Sin embargo, tras el estallido de la guerra en Ucrania en 2022, aquella relación estratégica se ha transformado en una rivalidad cada vez más profunda, marcada por sanciones, rearme militar, acusaciones mutuas y una creciente preparación para escenarios de confrontación directa.

Lo que hace apenas unos años habría parecido una hipótesis alarmista comienza hoy a ser discutido en círculos políticos, militares y académicos con una seriedad inquietante. Alemania está llevando a cabo el mayor proceso de rearme desde el final de la Segunda Guerra Mundial, mientras Rusia redefine a Europa como un bloque hostil alineado con los intereses estratégicos de la OTAN. Ambos actores se observan mutuamente como amenazas crecientes.

La pregunta ya no es si las tensiones existen. La verdadera pregunta es hasta dónde pueden escalar.

El fin de la Alemania pacifista

Durante décadas, la política exterior alemana estuvo marcada por la prudencia militar. El peso histórico de la Segunda Guerra Mundial había convertido al país en una potencia económica reacia al uso de la fuerza. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania provocó un cambio radical.

El canciller alemán declaró una Zeitenwende (cambio de época), anunciando un incremento masivo del gasto militar y una modernización acelerada de las fuerzas armadas. Lo que inicialmente se presentó como una respuesta temporal a la crisis ucraniana ha terminado convirtiéndose en una transformación estructural de la política alemana.

Las autoridades alemanas consideran que la seguridad europea enfrenta una amenaza de largo plazo proveniente de Moscú. En consecuencia, Berlín no sólo ha incrementado su presupuesto de defensa, sino que también participa activamente en programas de producción de armamento destinados a sostener el esfuerzo militar ucraniano.

Este tipo de declaraciones y acuerdos muestran que el apoyo occidental a Ucrania ya no se limita al envío de ayuda financiera o equipamiento excedente. Europa está integrando progresivamente su capacidad industrial militar en una estrategia de largo plazo destinada a contener a Rusia.

Desde la perspectiva del Kremlin, esta evolución confirma sus peores temores: que la guerra en Ucrania no es un conflicto aislado, sino una confrontación indirecta entre Rusia y toda la estructura político-militar occidental.

Moscú interpreta el rearme europeo como una amenaza

Mientras en Europa se argumenta que el fortalecimiento militar responde a una necesidad defensiva, en Rusia la narrativa dominante es muy diferente.

Desde hace varios meses hay una fuerte presión en Moscú para que el Kremlin pase a lo que se llama una “disuasión activa”, es decir para que ataque, especialmente a Alemania, antes de que sea demasiado tarde. Se está diciendo lo mismo que Putin dijo en su discurso de aquel febrero de 2022 al anunciar la invasión de Ucrania a los rusos: “si no los detenemos ahora, la situación será peor dentro de unos años”.

Las autoridades rusas sostienen que la expansión de la OTAN hacia el este y el creciente involucramiento europeo en Ucrania representan una amenaza existencial para la seguridad nacional rusa. Esta percepción no es nueva; sin embargo, se ha intensificado a medida que los países europeos aumentan su producción de armamento y profundizan su cooperación militar con Kiev.

Analistas cercanos al Kremlin advierten que el conflicto podría entrar en una fase más peligrosa si Moscú concluye que Occidente se prepara para una confrontación directa. En ese contexto, algunos sectores rusos han comenzado a hablar de la necesidad de adoptar medidas preventivas para evitar lo que consideran un deterioro irreversible de su posición estratégica.

Estas declaraciones resultan especialmente preocupantes porque recuerdan los discursos utilizados antes de la invasión de Ucrania en 2022. En aquel momento, muchas advertencias fueron interpretadas como retórica política o propaganda. Sin embargo, los acontecimientos posteriores demostraron que Moscú estaba dispuesto a traducir sus amenazas en acciones concretas.

Hoy, varios observadores temen que se esté produciendo una dinámica similar.

El peligro de los errores de cálculo

La historia demuestra que las grandes guerras rara vez comienzan porque una de las partes las desea explícitamente. Con frecuencia surgen de errores de cálculo, percepciones equivocadas y escaladas graduales que terminan escapando al control de los líderes políticos.

El riesgo actual reside precisamente en esa lógica.

La estrategia militar oficial de Alemania divulgada el 22 de abril declara que Rusia es «la amenaza más grave e inmediata» para la seguridad europea.

El ministro alemán de defensa, Pistorius, confirmó en Kiev, en días pasados seis proyectos conjuntos de armamento que “son solo el principio”. Y en abril pasado, Zelensky y el canciller Merz firmaron en Berlín la «Declaración sobre asociación estratégica entre Alemania y Ucrania» que contempla la producción conjunta de drones de largo alcance en Alemania. La producción de armas para Ucrania ya es una realidad paneuropea; Alemania, Inglaterra, Dinamarca… Hasta la España de Sánchez ha firmado alguna cosa en esa materia con Ucrania.

Alemania considera que reforzar su capacidad militar es una medida defensiva necesaria para garantizar la seguridad europea. Rusia interpreta esas mismas acciones como señales de preparación para una futura agresión. Cada paso adoptado por una parte es percibido por la otra como una confirmación de sus sospechas.

Este fenómeno, conocido en relaciones internacionales como «dilema de seguridad», ha estado presente en algunos de los conflictos más devastadores de la historia moderna. Lo que para un actor es una medida de protección, para el adversario se convierte en una amenaza.

La consecuencia suele ser una espiral de militarización cada vez más difícil de detener.

Europa ante una nueva era de confrontación

A pesar de la gravedad de la situación, es importante señalar que una guerra directa entre Alemania y Rusia sigue siendo improbable en el corto plazo. Ambos países conocen los enormes costos humanos, económicos y políticos que implicaría una confrontación abierta.

Sin embargo, la improbabilidad no equivale a imposibilidad.

La acumulación de armamento, la retórica cada vez más agresiva, la creciente polarización geopolítica y la prolongación indefinida de la guerra en Ucrania están configurando un escenario que recuerda algunas de las etapas más tensas de la Guerra Fría.

La diferencia es que hoy existen menos canales de comunicación, menos confianza mutua y una arquitectura de seguridad europea mucho más fragmentada.

Europa entra así en un período de incertidumbre estratégica sin precedentes desde la caída del Muro de Berlín. Lo que ocurra en los próximos años dependerá de la capacidad de las potencias involucradas para contener las dinámicas de confrontación antes de que se transformen en algo más peligroso.

Porque si algo enseña la historia europea es que las guerras más devastadoras no comienzan cuando todos creen que son inevitables, sino precisamente cuando demasiados actores están convencidos de que nunca sucederán.

 

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