
La ONU debate el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba mientras resurgen las lecciones de la Crisis de Octubre y los intentos de diálogo entre Kennedy y Fidel Castro.

Los días 27 y 28 de este mes se realizará por trigésima cuarta ocasión el debate y la votación sobre el proyecto de resolución titulado «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba» en la Asamblea General de la ONU, que se aprueba cada año por aplastante mayoría.
Precisamente el pasado 8 de julio, esa misma instancia internacional debatió el tema que Estados Unidos intentó eliminar de la agenda de este período de sesiones, pero fue derrotado por 136 votos a favor.
Esta nueva reunión tratará por enésima vez el abuso que comete Washington contra Cuba, en el marco del 64 aniversario de la Crisis de Octubre o de los Misiles, que marcó el punto más caliente de dos posiciones irreconciliables:
La de los imperialistas de acabar con los cubanos de cualquier forma, incluida la nuclear, y la de ese pueblo de defender su patria al costo que fuera necesario. Es la raíz de su histórico lema de Patria o Muerte lanzado el 5 de marzo de 1960 durante el entierro de las víctimas de la voladura del buque La Coubre.
Estados Unidos estaba bajo la presidencia de John F. Kennedy, quien, aunque parezca contraproducente, sacó buenas experiencias de aquel lance histórico en el que se mezclaron para él tres sucesos que tuvieron que ver mucho con su asesinato: Vietnam, la invasión mercenaria por Playa Girón y la Crisis de Octubre, que cambiaron su visión del mundo.
Su asesinato se vincula directamente con la actitud crítica asumida tras esos sucesos, en particular el compromiso asumido de garantizar públicamente no invadir a Cuba, retirar los misiles balísticos Júpiter de Estados Unidos desplegados en Turquía e Italia y mantener un contacto permanente y directo con Moscú para evitar una guerra mundial, lo que se conoció como “teléfono rojo”.
De alguna manera, la firme posición de Cuba ante la amenaza militar fue también protagonista del mantenimiento de la paz, pues la Crisis de Octubre definió profundamente el pensamiento y la visión geopolítica ulterior y alteró radicalmente su enfoque de la Guerra Fría.
La ultraderecha no le perdonó porque buscar la coexistencia pacífica, valorar de manera más racional el peligro de la «escalada involuntaria» y tratar de no cometer el error de perder el control frente a la inercia militar y la falta de información, iba en contra de los intereses del gran capital.
Tras la crisis, Kennedy dejó de confiar ciegamente en los generales del Pentágono, los oficiales de la CIA y el Departamento de Estado, cuyos jefes lo presionaron fuertemente para bombardear e invadir Cuba de inmediato, una acción que, según se supo después, habría provocado una respuesta nuclear soviética automática.
Pero, lo más importante, Kennedy adoptó una nueva visión de la paz mediante la cual concluyó que la rivalidad extrema con la Unión Soviética era insostenible a largo plazo, como lo demostró en el famoso discurso de American University de junio de 1963, valorado como uno de los discursos más importantes de su carrera, donde humanizó a los ciudadanos soviéticos, pidió a los estadounidenses reexaminar sus propias actitudes hacia la Guerra Fría y rechazó una paz basada en la violencia militar.
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En el momento de su asesinato, Kennedy exploraba discretamente vías diplomáticas secretas para normalizar las relaciones con Cuba y rechazaba una intervención estadounidense en Vietnam luego de la derrota mercenaria en Playa Girón.
Fidel Castro respondía a ese cambio de actitud y, si bien lo consideró un enemigo agresivo tras la invasión de Playa Girón y la Crisis de los Misiles, tras su cambio de actitud desarrolló un profundo respeto por él y reconoció su capacidad de rectificación hacia el diálogo y la coexistencia pacífica.
Fidel consideraba que Kennedy había consolidado un liderazgo único y que, gracias a esa enorme autoridad política acumulada, era el único presidente estadounidense con la fuerza interna suficiente para dar un giro de 180 grados a la política exterior de su país sin ser destruido políticamente por los sectores ultraconservadores. Llegó a calificarlo como un hombre con el «talento y la valentía» necesarios para cambiar el rumbo de la Guerra Fría.
Se demostraba con la coexistencia de ambos en el tiempo y, de alguna manera, en el espacio geográfico, el importante papel del hombre en la historia y cómo se amplían las posibilidades de una convivencia constructiva cuando hay decencia y racionalidad, lo cual no es posible que suceda ahora con la presencia de un grupo de inmorales dirigiendo los designios de Estados Unidos en un momento tan convulso creado por ellos mismos.
Fidel valoró de manera muy positiva los gestos de distensión del mandatario estadounidense y confirmó que, en los meses previos a su muerte, Kennedy utilizó al periodista francés Jean Daniel y a diplomáticos ante la ONU para enviarle mensajes discretos explorando una normalización de relaciones entre Washington y La Habana.
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El Comandante en Jefe creyó firmemente que Kennedy estaba buscando honestamente una manera de coexistir con la Revolución Cubana de forma pacífica y sin que ninguna de las partes tuviera que «perder la cara» ante el escrutinio público. Pero sus adversarios también lo consideraron igual y fraguaron su asesinato, en el que estuvieron involucrados con la CIA contrarrevolucionarios cubanos.
Pero su sustituto, Lyndon B. Johnson, hizo de todo para encubrir a los asesinos, sellar el caso, endurecer las relaciones con Cuba y organizar los denominados acontecimientos del golfo de Tonkín para iniciar la invasión militar a Vietnam y los bombardeos masivos de destrucción contra la RDV en el norte y generalizar la guerra en Indochina.
Como está descrito por la prensa de la época, cuando el 22 de noviembre de 1963 se produce el asesinato en Dallas, Fidel Castro se encontraba reunido precisamente con el periodista Jean Daniel en La Habana, analizando las propuestas de paz enviadas por Kennedy.
Las palabras de Fidel ante aquel hecho junto a Daniel fueron premonitorias cuando dijo, luego de repetir en tres ocasiones que era una mala noticia:
«Este es el final de su misión de paz… Todo ha cambiado. Todo va a cambiar. Estados Unidos ocupa tal posición en los asuntos mundiales que la muerte de su presidente afecta a millones de personas en todos los rincones del planeta» .
Horas más tarde, en una comparecencia formal ante la televisión cubana para emitir el pronunciamiento oficial del gobierno, complementó su pensamiento expresando de manera pública:
«Nosotros los revolucionarios no confundimos los sistemas con los hombres… y aunque hemos recibido agresiones de esa administración, el asesinato de un presidente es una mala noticia y un hecho grave que puede traer repercusiones negativas para la paz de la humanidad».
Argumentaba que a Kennedy lo habían matado los sectores más radicales del Pentágono, la CIA y los exiliados anticubanos precisamente porque el presidente estaba rectificando, intentando detener la intervención en Vietnam y buscando la paz con Cuba y la Unión Soviética.
Fidel siempre consideró que la rectificación de Kennedy fue un acto de realismo político y madurez de un estadista que entendió el peligro nuclear. Lamentablemente, nunca más se ha repetido la presencia en la Casa Blanca de un presidente totalmente independiente ni con el decoro de conocer sus errores y sobreponer su voluntad de corregirlos a amenazas, presiones e intereses.
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Ahora la situación es inversamente proporcional a la actitud de Kennedy y lo que se impone es la inmoralidad, las posturas irracionales, las ambiciones, la vigilancia y defensa de intereses particulares y el enriquecimiento individual o corporativo a sangre y fuego, sin importar que se obtenga encima de miles de cadáveres, ni que ello acerque cada minuto que transcurre las manecillas del reloj apocalíptico a la hora cero que acabará con el ser humano como especie.
Contrariamente a Kennedy, que aprendió de los errores y fracasos, Trump se altera y se transforma en ogro con cada golpe que recibe, como le sucede con Irán, contra el cual ha usado todo su poderío militar con saña hasta vaciar sus anaqueles militares y sus baúles de mentiras y sadismo sin lograr vencerlo, y con Cuba su arsenal de presiones sin que haya podido someter a un pueblo que es apenas 2,69% de los 349.035.494 de estadounidenses.
Estos de octubre de 1962 no son meros recuerdos, son hechos que deberían estar presentes cada segundo en la mente de los hombres como indicativo de que con personajes como los que gobiernan a Estados Unidos en estos momentos cualquier sepultamiento de la racionalidad es posible, y sus consecuencias pueden ser más trágicas de lo que esta casa común con tantas minas en sus cimientos podría soportar.
Cuba fue en aquellos días angustiosos de la Crisis de Octubre heroica y resiliente, y ahora, a 64 años de distancia, le ha tocado nuevamente volver a serlo, con la grave diferencia de que contra un adversario cuyos genes están más cercanos al lobo que al hombre.

