El sindicalismo mexicano ante la manipulación algorítmica 

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Otredades 21/09/2026 

Para Salvador Ramos Bustamante

Por José Sobrevilla

La nueva realidad mexicana sitúa al sindicalismo en una etapa de transición en la que, por un lado, se fortalece la democracia sindical y se legitiman los contratos colectivos y, por otro, persisten viejas prácticas de corporativismo y control patronal; tal vez por ello, la tasa de afiliación continúa a la baja (12.9%), lo que refleja la desconfianza hacia los sindicatos, pese a que el nuevo modelo laboral pretenda abrir oportunidades de renovación. En la administración Sheinbaum, sindicatos históricamente ligados al PRI (CTM, Petroleros, maestros del SNTE, burócratas de la FSTSE…) se han alineado con Morena, intentando replicar dinámicas de movilización masiva. Dirigentes como Víctor Flores (ferrocarrileros), Ricardo Aldana (petroleros) y Napoleón Gómez Urrutia (mineros), entre otros, mantienen influencia política y reciben candidaturas plurinominales, fenómeno conocido como ‘el nuevo corporativismo sindical’, en el que los gremios operan como aliados del régimen en turno.

En este panorama, el pasado ocho de septiembre (2026) hicimos la presentación —ante Jubilados de Luz y Fuerza, A.C.— a invitación del colega y jubilado Humberto Barrales Cantero, del libro ‘El Sicariato Informativo’ (Editado por el Club de Periodistas de México, A.C., agosto/2026) de Juan Ayón y José Sobrevilla; una Asociación de Jubilados encabezada por Reynaldo Delgadillo Hernández, y que tiene su sede en la calle Ramos Arizpe en la colonia Tabacalera de la Alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México. Ahí se trataron —entre otros temas— las redes sociales, la manipulación informativa, el uso de los algoritmos, el escándalo de Fernando Cerimedo, consultor argentino conocido como el “rey de los trolls”, y el de otros profesionales de las fake news, así como el impacto de las redes sociales en los movimientos sindicales.

Como algo extraño —al menos para quien esto escribe—, fue el mencionado término ‘astroturfing’, que significa ‘práctica engañosa que simula un movimiento social espontáneo (‘de base’ o grassroots) cuando en realidad está financiado y organizado de forma artificial por empresas’ partidos políticos o grupos de interés’; esto es, redes coordinadas de cuentas automatizadas que pueden simular apoyo o rechazo masivos a causas sindicales y generar percepciones artificiales de consenso o división.

Uno de los aspectos del astroturfing es la ‘jerarquización de contenidos’, en la que los algoritmos priorizan las publicaciones de alta interacción (likes, shares y tiempo de visualización), lo que impacta en el envío de mensajes sindicales de menor atractivo visual, quedando invisibilizados frente a la propaganda empresarial o política. Otro es la ‘polarización’, en la que el algoritmo favorece contenidos polémicos y emocionales, lo que impacta en las luchas laborales y las convierte en confrontaciones radicales que obstaculizan el diálogo social.

Aspecto importante son los bots y las cuentas falsas, en los que el algoritmo replica mensajes para inflar tendencias y así las campañas contra sindicatos pueden parecer más masivas (válgase la expresión), aunque provengan de pocos actores. También está la ‘segmentación algorítmica’, en la que la información se personaliza según el perfil del usuario, y los sindicatos se enfrentan al reto de diseñar mensajes adaptados a públicos fragmentados.

En el siglo pasado —recordará—, la organización obrera mexicana estaba vinculada a estructuras sólidas y estables: la fábrica, el taller, la oficina, el sindicato, la sección sindical y la asamblea, donde el trabajador compartía físicamente un espacio con sus compañeros, y esa proximidad facilitaba la construcción de identidad colectiva, la transmisión de información y la movilización; ahora, con la digitalización, un trabajador puede establecer relaciones laborales y organizarse con personas a las que nunca ha visto, comenzando por un grupo de WhatsApp, Facebook, Telegram u otra plataforma para, posteriormente, trasladarse a la calle, centro de trabajo, sindicato o tribunales.

Los cambios obligados por la nueva modernidad

Para la investigadora Cindy Anahí Álvarez Pérez (UAM-Xochimilco), la ‘plataformización’ genera una mayor atomización de los trabajadores, pero en el caso de los repartidores (comida y mensajería), han desarrollado estrategias para superar esa dispersión y hacer colectivas sus demandas. O sea que las redes sociales no han eliminado la organización obrera: han modificado el lugar desde el que comienza; antes era en la fábrica; ahora, desde el teléfono, reduciendo el costo de organizarse.

Un sindicato tradicional necesitaba infraestructura, dirigentes, reuniones, oficinas, mecanismos de afiliación y medios de comunicación para interactuar con sus miembros. Hoy, una red social permite —en cambio— transmitir simultáneamente un mensaje a cientos o miles de trabajadores, prácticamente sin infraestructura física.

La literatura internacional sobre sindicalismo digital sostiene que las redes sociales pueden ampliar la capacidad de los sindicatos para llegar a públicos que antes quedaban fuera de sus estructuras. La investigadora Bia Carneiro y Augusto Costa han sostenido que las tecnologías digitales representan una oportunidad para la renovación sindical precisamente porque permiten establecer relaciones con públicos más amplios que los integrantes tradicionales del movimiento obrero.

En México, esto adquiere especial importancia porque una parte significativa de la fuerza laboral se encuentra fuera de las estructuras sindicales tradicionales y la red puede convertirse en una infraestructura organizativa paralela; no necesariamente sustituye al sindicato, pero sí puede precederlo.

Aquí podemos encontrar una transformación de fondo: la comunicación obrera dejó de depender exclusivamente de las estructuras sindicales existentes, porque las redes han permitido difundir información, denunciar condiciones laborales, convocar movilizaciones, establecer contacto entre trabajadores de diferentes empresas, construir liderazgos, generar presión pública, atraer a los medios de comunicación y vincular conflictos locales con otros movimientos.

El nacimiento de una organización híbrida en tiempos actuales

Lo importante es que no estamos pasando simplemente de una organización física a una digital, sino que somos testigos de cómo surge un desembarco híbrido: la movilización comienza en Internet, se articula mediante redes sociodigitales y termina produciendo acciones físicas. Un ejemplo mexicano podría ser el reciente conflicto del Sindicato Independiente de Trabajadoras y Trabajadores de Investigación de Cátedras del Conacyt (Siintracatedras).

En 2021, sus integrantes utilizaron Twitter (hoy “X”) con la etiqueta #BuscoTrabajo para denunciar las condiciones de precariedad e inestabilidad laboral. La campaña consiguió visibilidad pública y, posteriormente, se articuló con otras organizaciones sindicales, con legisladores y con otros actores sociales. El mecanismo podría representarse así: problema laboral → red social → identificación colectiva → viralización → opinión y velocidad de una protesta laboral.

La «democracia algorítmica» dentro del movimiento obrero

La literatura sobre sindicalismo digital advierte que las redes sociales ofrecen posibilidades de diálogo horizontal, pero que muchas organizaciones sindicales siguen utilizando modelos verticales de comunicación que las desaprovechan, lo que nos lleva a cuestionar si los sindicatos pueden utilizar plataformas diseñadas para maximizar la interacción y la atención sin terminar adoptando la lógica de esas mismas plataformas. ¿Por qué? Una organización obrera puede comenzar a medir su éxito por seguidores, likes, reproducciones, tendencias, hashtags y viralidad, aunque no necesariamente una publicación viral produce organización. Puede haber una enorme audiencia digital y una organización laboral débil.

La investigación internacional sobre audiencias digitales sindicales muestra que las redes sociales permiten a las organizaciones laborales relacionarse con públicos mucho más amplios y diversos, pero eso no implica automáticamente que esos públicos se conviertan en miembros o participantes organizados; por eso hay que distinguir entre viralización y organización, y entre seguidores y afiliados.

Antes, el dirigente sindical tradicional obtenía legitimidad fundamentalmente mediante una estructura organizativa. Ahora, el nuevo dirigente puede adquirir notoriedad primero en Internet, lo que puede democratizar la comunicación, pero también puede producir la personalización del movimiento. Una organización puede terminar dependiendo en exceso de una persona con gran capacidad para la comunicación digital; de ahí, el desafío sería: ¿están las redes sociales democratizando el sindicalismo o creando nuevos liderazgos carismáticos digitales?

Investigaciones como las de Díaz-Santana y Aparicio-López, vinculadas a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y El Colegio de México, han documentado las experiencias de mujeres trabajadoras de plataformas y sus formas de organización colectiva. En estos casos, las redes digitales no solo sirven para reclamar salarios, sino que también funcionan como mecanismos de protección, alerta, acompañamiento, denuncia, cuidado colectivo y prevención de agresiones; así, los grupos digitales pueden convertirse en auténticas redes de seguridad laboral.

De la transición histórica al rezago por miedo a lo desconocido

Para concluir esta entrega, quiero decirles que la organización obrera adquiere así una dimensión que trasciende el salario y la contratación. Incluye seguridad, género, cuidados, movilidad y derechos sociales, lo que da como resultado la gran transformación del trabajador localizado al trabajador conectado, lo cual evidencia que la organización obrera mexicana atraviesa una transición histórica. El modelo industrial, donde la organización se da en la fábrica o en el sindicato; su forma de comunicación se establece mediante asamblea, volante y reunión, y la principal autoridad es el patrón/supervisor; pero también está el modelo informacional, donde la organización es la empresa, el sindicato o las redes. En materia de comunicación, los pri-ncipales canales son el correo, la web y las redes sociales; las principales autoridades serían la empresa y la estructura sindical.

Por último, el algorítmico, en el que la organización se da mediante una plataforma o red digital y la comunicación se establece mediante WhatsApp, redes sociales y aplicaciones, y la autoridad principal sería el algoritmo y la empresa. En este se modifica la naturaleza misma del conflicto laboral: el trabajador ya no necesariamente lucha únicamente contra un patrón visible, sino que puede estar luchando contra una puntuación, una aplicación, un sistema de asignación, una decisión automatizada o una regla que desconoce.

Podemos decir que la organización obrera mexicana no desaparecerá por la digitalización; se volverá más híbrida, distribuida y dependiente de las capacidades digitales, y el sindicalismo del futuro probablemente tendrá que combinar la asamblea física con las plataformas digitales, las redes sociales, las bases de datos, la comunicación directa y el análisis algorítmico.

Sin embargo, para esto, deberá resolver cinco problemas fundamentales: Privacidad: proteger los datos de sus afiliados; dependencia tecnológica: evitar que la organización dependa en exceso de plataformas privadas; desinformación: impedir que rumores y campañas de manipulación destruyan la solidaridad; brecha digital: no excluir a trabajadores con menor acceso o alfabetización tecnológica; y democracia interna: evitar que el poder digital sustituya a la participación colectiva. Aquí, la literatura jurídica mexicana señala que las nuevas tecnologías afectan tanto la vida sindical como los conceptos tradicionales del derecho laboral.

El futuro de la organización obrera mexicana enfrenta la paradoja histórica de disponer de herramientas de comunicación más poderosas, pero estas se mueven dentro de plataformas cuyo funcionamiento algorítmico no controlan. El reto del sindicalismo mexicano no será simplemente aprender a utilizar Facebook, WhatsApp, TikTok o las plataformas que los sustituyan, sino aprender a organizarse colectivamente en una sociedad donde el lugar de trabajo ya no necesariamente está en un espacio físico, donde el patrón puede estar detrás de una interfaz y donde el algoritmo puede convertirse en una nueva forma de autoridad laboral.

El caso de los repartidores mexicanos ha demostrado, sin embargo, que la tecnología no conduce inevitablemente a la desorganización. La investigación disponible muestra justamente lo contrario: trabajadores inicialmente dispersos han utilizado las mismas tecnologías que los individualizan para construir comunidades, colectivos y sindicatos.

Algunas fuentes consultadas

• María Ascensión Morales Ramírez, “Trabajo en plataformas digitales: su regulación en México”, Revista de la Facultad de Derecho de México, UNAM, 2025.

• Joel Ortega Erreguerena, “Los repartidores contratados por aplicaciones digitales en el sexenio 2018-2024. Procesos de organización en un sector precario de los trabajadores”, El Cotidiano, UAM-Azcapotzalco.

• “Repartidores de aplicación en México: entre el individualismo imaginado de las plataformas y las resistencias comunitarias de los trabajadores”, Revista LiminaR/Scielo México.

• Miguel Ángel Díaz-Santana y Rosario Aparicio-López, “Mujeres trabajadoras en plataformas digitales. Ganarse la vida entre la precariedad y las desigualdades de género”, Estudios Sociológicos, El Colegio de México, 2024/2025.

• Ana Domínguez Morales, “Representación colectiva y negociación de derechos de trabajadores en plataformas”, Revista Latinoamericana de Derecho Social, UNAM.

• Carlos Reynoso Castillo, “Sindicatos y nuevas tecnologías. Primera aproximación”, Alegatos, UAM, 2023.

• Estudio sobre el Movimiento Obrero Matamorense 20/32 y el papel de Facebook en su organización, Administración y Organizaciones, UAM-Xochimilco.

• Estudio sobre Siintracatedras y #BuscoTrabajo, Revista Mexicana de Sociología/Scielo México.

• Bia Carneiro y Hermes Augusto Costa, “Digital unionism as a renewal strategy? Social media use by trade union confederations”, Journal of Industrial Relations.

• Michael Maffie, “The Role of Digital Communities in Organizing Gig Workers”, Industrial Relations.

• https://es.ilr-rit.org/article/pubid/19021/

• https://www.researchgate.net/publication/347941348_Digital_unionism_as_a_renewal_strategy_Social_media_use_by_trade_union_confederations

• https://estudogeral.uc.pt/handle/10316/121278?locale=pt

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