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Hay dos aspectos claves de la visita de Estado a Washington de Xi Jinping del 23 al 25 de septiembre. Ambas partes acordaron construir “una relación constructiva entre China y Estados Unidos basada en la estabilidad estratégica, el respeto, la equidad y la reciprocidad”, según informó la agencia china Xinhua. El Presidente Xi Jinping explicó que esto significa que China y Estados Unidos son “socios, no rivales”, la misma expresión adoptada por Xi y el Primer ministro Modi de India en sus recientes conversaciones; y que es posible un enfoque en el que ambas partes ganan, evitando así la infame “trampa de Tucídides”.
Esto no es simple palabrería diplomática. Expresa un concepto de un mundo posible, muy diferente al actual, donde la política exterior y económica del gobierno de Trump se basa en imponer la ley de la selva, recompensar la especulación, “aniquilar” a los países y civilizaciones que no son del agrado del régimen y garantizar que prevalezca el mantra de “a los vencedores, el botín”. Pero precisamente por eso Wall Street y la City de Londres están muy nerviosos ante la relación entre Xi y Trump y muy preocupados hacia dónde podría encaminarse.
Ambos presidentes también acordaron que “China y Estados Unidos se apoyan mutuamente para acoger con éxito la Reunión de Líderes Económicos de la APEC y la Cumbre del G-20. Los dos jefes de Estado tienen la intención de asistir a las reuniones del otro”. La cumbre del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, en sus siglas en inglés) tendrá lugar en Shenzhen, China, los días 18 y 19 de noviembre, y está previsto que Trump y Xi se reúnan allí. El Presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha indicado que es probable que también asista, ya que Rusia es miembro de la APEC.

