
Por José Sobrevilla
Otredades, 14 de julio 2026
Voces del Periodista
• El futuro del voto en Colombia depende de que el código que cuenta los votos sea tan transparente y público como una urna de cristal (…) porque la democracia no es un acto de fe en un contratista, sino un ejercicio de verificación constante por parte de la ciudadanía.
Por José Sobrevilla
Todos sabemos que, en Colombia, la digitalización de su sistema electoral ha avanzado, pero esta tecnología —por sí sola— no garantiza transparencia; el éxito electoral de las presidenciales de 2022, en comparación con el desorden de las legislativas, ha demostrado que la trazabilidad de los resultados es posible únicamente cuando hay presión social y vigilancia activa de los testigos; sin embargo, la privatización encubierta de los procesos críticos sigue, y seguirá, siendo un riesgo para la democracia. La soberanía reside en el pueblo, y esa soberanía no puede estar sujeta a cláusulas de confidencialidad de empresas privadas ni a contratos de emergencia adjudicados a última hora.
En la era de la información, el voto ciudadano ya no solo se deposita en una urna, sino que se procesa en servidores y se traduce a través de algoritmos. Por ejemplo, en Colombia, las elecciones de 2022 marcaron un hito en esta transición tecnológica, revelando una tensión profunda entre la soberanía del Estado y el poder de los contratistas privados. Lo que debería ser un proceso de transparencia absoluta se ha convertido, según diversos informes de observación, en un complejo engranaje en el que la «propiedad» del software no siempre garantiza su control real.
Históricamente, el sistema electoral colombiano ha dependido de software “alquilado” a privados, lo que impedía auditorías profundas bajo el argumento de la ‘propiedad intelectual’; sin embargo, un fallo histórico del Consejo de Estado en 2018, tras el sabotaje demostrado contra el partido MIRA (Movimiento Independiente de Renovación Absoluta), en 2014, ordenó que el Estado contara con su propia infraestructura tecnológica; sin embargo, la implementación de este mandato en 2022 fue, cuando menos, accidentada.
La Registraduría Nacional del Estado Civil (RNEC) fragmentó el proceso en dos bloques: un software para el nivel territorial (auxiliar, municipal y departamental) de propiedad privada (Empresa Disproel, S.A.) y un nuevo programa de computación para el escrutinio nacional, propiedad del Estado, desarrollado por la empresa española Indra. Esta división creó un ‘cuello de botella’ de seguridad, porque mientras el Estado celebraba la compra por más de 27 mil millones de pesos del software de Indra, la base de la pirámide —donde se digitan los datos por primera vez— seguía en manos de una unión temporal privada.
La contratación de Indra Sistemas, S.A., la multinacional española líder en defensa, gestión de tráfico aéreo y tecnologías de la información, se realizó de manera “exprés” y tardía, apenas dos meses y medio antes de las elecciones legislativas, lo que limitó la competencia y posibilidad de que la sociedad civil presentara recomendaciones técnicas. Además, esta empresa ha sido objeto de ataques políticos, incluso en Estados Unidos —aunque sin pruebas—, y de irregularidades reales en su código.
El problema en Colombia no fue solo quién desarrolló el programa, sino quién lo opera. Aunque el software es “propiedad del Estado”, los informes técnicos de la Fundación Karisma y la Misión de Observación Electoral (MOE) advierten que la RNEC, Registraduría Nacional del Estado Civil, y el Consejo Nacional Electoral (CNE) carecen de la capacidad técnica interna para manejarlo sin la asistencia permanente del proveedor. En la práctica, el Estado compró el «cerebro», pero el proveedor sigue teniendo las llaves de la habitación donde este se aloja.
Uno de los puntos más críticos reportados por la Fundación Karisma (defensora de los derechos humanos digitales en Colombia) fue la restricción de acceso al código fuente. Los expertos técnicos solo pudieron realizar inspecciones visuales en ambientes controlados, por tiempos limitados y sobre versiones que no eran las definitivas que serían usadas el día de los comicios. “Solo podíamos hacer observación, no auditoría”, señalaban los técnicos y, para que exista una auditoría real, se requiere acceso total a los algoritmos, las bases de datos y la infraestructura de los servidores. En lugar de ello, las organizaciones políticas y de observación fueron invitadas a simulacros de funcionalidad, en los que solo se podía verificar que el sistema “encendiera y sumara”, pero no cómo se comportaba ante posibles intrusiones en los niveles más bajos del sistema operativo o de la base de datos.
El 13 de marzo de 2022 quedó grabado como una ‘jornada de desconfianza’, porque los errores en el preconteo de las elecciones al Congreso fueron masivos, y se omitieron resultados en aproximadamente 29 mil mesas, afectando principalmente a la ‘Coalición Pacto Histórico’ (alianza de partidos y movimientos de izquierda y centroizquierda en Colombia, que llevó a Gustavo Petro a la presidencia). Aunque estos errores fueron corregidos en el escrutinio oficial gracias a la vigilancia de los testigos electorales, el daño a la credibilidad de la Registraduría fue inmenso. La causa fue una mezcla de fallos de diseño en los formularios E-14 y problemas en la transmisión de datos desde el software territorial.
Ante el escándalo, la Registraduría implementó —para las elecciones presidenciales— medidas de choque como la doble digitación de datos, lo que redujo el margen de error entre el preconteo y el escrutinio oficial a un asombroso 0.1 por ciento. Este cambio demostró que la transparencia no es una imposibilidad técnica, sino una decisión política y administrativa. Mientras Indra manejaba la punta de la pirámide, la base logística y tecnológica seguía dominada por la empresa británica Thomas Greg & Sons, que en Colombia controla la familia Bautista (los hermanos Felipe, Camilo y Fernando Bautista) mediante la unión temporal Disproel, empresa colombiana con sede en Bogotá, que se especializa en fabricación y comercialización de equipos y componentes eléctricos para sistemas de baja y media tensión.
Durante décadas, esta empresa ha manejado casi el 91% de la organización electoral en Colombia, controlando desde la impresión de tarjetas hasta la biometría y el software de escrutinio municipal. Las críticas hacia Thomas Greg se han centrado en la concentración de contratos y la ‘puerta giratoria’ entre su junta directiva y la élite política colombiana, con nombres de expresidentes y exministros vinculados a la firma en el pasado. Hegemonía empresarial que genera una dependencia estructural del Estado, que se ve forzado a aceptar condiciones de contratación que —según empresas competidoras— están “diseñadas a la medida” del contratista tradicional.
La observación técnica detectó vulnerabilidades preocupantes como el que no existían garantías suficientes de que los cambios realizados directamente en los servidores de las bases de datos dejaran un registro (log) inalterable para los usuarios del sistema; además, la transferencia de información entre los diferentes niveles de la pirámide electoral se realizaba mediante medios físicos (CDs), lo que introducía un factor de riesgo humano y de integridad si no se verificaban automáticamente en cada paso las huellas digitales (hash) de los archivos. Karisma alertó también sobre la creación en el software nacional de Indra del “usuario secretario”. Este perfil, con poderes de administración clave, estaba creado directamente por la empresa y no por el Estado, manteniendo el control de acceso en manos del contratista.
La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE UE) y las misiones nacionales han dejado recomendaciones claras para evitar que la sombra del fraude nuble los procesos futuros: dotar al Consejo Nacional Electoral de recursos financieros y técnicos propios para que no dependa de la Registraduría ni de los contratistas para vigilar el proceso; permitir que los partidos políticos y la sociedad civil analicen el código fuente con meses de antelación y bajo condiciones de rigor técnico, no solo como observadores de pantalla. El Estado debe desarrollar sus propios equipos de ingenieros capaces de operar el software que ya compró, rompiendo la dependencia umbilical con Indra y Thomas Greg. Realizar, además, pruebas de estrés y simulacros de cara a la ciudadanía y los medios de comunicación, explicando los mecanismos de seguridad de forma pedagógica.
Así, el futuro del voto en Colombia depende de que el código que cuenta los votos sea tan transparente y público como la urna de cristal con la que los latinoamericanos alguna vez soñamos. En última instancia, la democracia no es un acto de fe en un contratista, sino un ejercicio de verificación constante por parte de la ciudadanía.
¿Cómo intervino Donald Trump en las elecciones de Colombia?
La participación documentada del partido de Donald Trump en las elecciones colombianas de 2026 se dio a través de un respaldo explícito y público —en junio de 2026— al candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella, conocido como “El Tigre”, en el que el presidente norteamericano utilizó su red Truth Social para felicitarlo tras la primera vuelta y reiteró su apoyo en la segunda, convirtiéndose en un actor visible en la campaña. Según el diario El Tiempo, en la segunda vuelta, cuando el preconteo lo dio como ganador con 12 millones 959 mil 515 votos (49,66%) frente a 12 millones 708 mil 695 de Iván Cepeda (48,70%), Trump publicó: “Él ganó, grande”.
Mundiario, periódico digital de análisis y opinión fundado en España, hizo público que De la Espriella habría agradecido el apoyo, destacando su relación con sectores republicanos en Estados Unidos, incluyendo figuras como la congresista María Elvira Salazar. Esto, mientras Gustavo Petro, presidente saliente, criticaba en Radio Francia Internacional la intervención, diciendo: “Cuando un país interviene en las decisiones de otro país, muere la libertad”.
Cuando Donald Trump publicó sus mensajes en la Truth Social respaldando a De la Espriella, consiguió darle visibilidad internacional, ejerciendo presión política en Colombia contra su candidato opositor; así como también las declaraciones del Gobierno de Estados Unidos sobre el apoyo al ultraderechista con figuras como Marco Rubio dieron un refuerzo diplomático y político a la candidatura de De la Espriella.
No es la primera vez que Estados Unidos interviene en las democracias latinoamericanas; recordemos que, en Argentina, en 2023, este país respaldó a Javier Milei, con visitas de funcionarios como Victoria Nuland, exportavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos. En 2024, Antony Blinken, exsecretario de Estado de los Estados Unidos, lanzó críticas hacia Claudia Sheinbaum. Y las ya mencionadas, Colombia 2026, Donald Trump apoya abiertamente a Abelardo De la Espriella “El Tigre”, con mensajes en la Truth Social (red social estadounidense lanzada en febrero de 2022 por Trump Media & Technology Group).
Fuentes consultadas
• Informe técnico de la Misión de Observación Electoral (MOE)
• informe final detallado de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea sobre los procesos democráticos celebrados en Colombia durante el año 2022
• Colombia | Indra: la empresa española detrás del software electoral para el país | DPL News
• Informe 2024 – Registraduría Nacional del Estado Civil. Gestión Internacional
• Informe preliminar de observación técnica elaborado por la Fundación Karisma
• Cómo el sistema electoral colombiano ha quedado bajo la gestión de un pequeño grupo de operadores privados.
• Revista Raya. “Cuatro empresas privadas que controlan las elecciones presidenciales del 31 de mayo” Por María Fernanda Padilla Quevedo y Tatiana Portela.
• “Preocupación por el monopolio de Thomas Gregg & Son en la Registraduría”, Todos somos Colombia.Org. Julio 11 2025
• Elecciones Colombia 2026. Sistema electoral colombiano: Denuncias de fraude y contexto institucional. Editorial de Radio Red.
• ¿Democracia en riesgo? La privatización de los sistemas electorales en Latinoamérica #shorts. Tartagal Play. YouTube.
• Donald Trump se pronunció tras la victoria de Abelardo de la Espriella en el preconteo de las elecciones presidenciales de 2026: ‘Grande’, Diario El Tiempo.
• “Trump irrumpe en las elecciones de Colombia: respaldo total a De la Espriella y un pulso con Petro”, Andrés Tudares, Mundiario.
• Radio Francia Internacional.

