
Estados Unidos apoyó al golpista Victoriano Huerta para derrocar y asesinar a Madero, a través de su embajador Henry Lane Wilson, quien orquestó el “Pacto de la Embajada”, ahí en la sede diplomática se dirigió paso a paso el golpe de los militares porfiristas contra Madero. Ante el embajador yanqui, Sara Pérez, esposa de Francisco Madero, rogó que no mataran a su esposo: Wilson le contestó cínicamente: “Seré franco con usted, señora. La caída de su esposo se debe a que nunca quiso consultarme” y se negó a interceder para que no lo asesinaran.
Posteriormente, al observar el avance exitoso de la revolución y de sus grandes líderes populares: Pancho Villa y Emiliano Zapata, Washington implementó la ocupación de Veracruz para intervenir directamente contra el proceso revolucionario. Durante el porfiriato, el gobierno de dicho país se había hecho del control del petróleo y los ferrocarriles y pretendía seguir controlando nuestras riquezas en su provecho.
El revolucionario Cándido Aguilar tomó Tuxpan y el almirante Frank Fletcher, desde el acorazado Nebraska, lo amenazó con invadir por tierra. El general Aguilar respondió que si cumplían sus amenazas, incendiaría los pozos petroleros, pasaría por las armas a los yanquis que ahí se encontrasen y atacaría a las fuerzas de desembarco. Tal actitud disuadió momentáneamente a Fletcher.
Recordemos:
En los primeros días de diciembre de 1913, el general Aguilar había emprendido un ataque al puerto de Tuxpan, Veracruz, para concentrar allí todas sus fuerzas y apoderarse, como lo hizo, de la plaza de Tamiahua, dominando así la región petrolera. No bien se posesionó de esta rica zona, recibió del almirante Fletcher, comandante de una escuadra de guerra de los Estados Unidos –que se encontraba en aguas de Tuxpan– la siguiente amenaza:
A bordo del acorazado insignia Nebraska, en la mar, diciembre 8 de 1913.
Al Jefe de las fuerzas rebeldes. Tanhuijo, Veracruz.
Tiene conocimiento mi gobierno, que las vidas y los intereses de los ciudadanos americanos y de otras nacionalidades, no tienen garantías y peligran sus vidas en la zona en que usted se encuentra.
Tengo instrucciones de mi gobierno de advertirle a usted que, si en un plazo de veinticuatro horas no abandona la región petrolera, desembarcaré tropas para proteger las vidas y los intereses de los ciudadanos americanos.
Sinceramente, H. J. Fletcher. Almirante de la Marina de los Estados Unidos.
El general Aguilar se apresuró a contestarle en estos términos:
Cuartel general en Tanhuijo, Veracruz, diciembre 8 de 1913.
Señor Almirante H. J. Fletcher. A bordo del acorazado Nebraska.
Es en mi poder su insolente nota fechada hoy y en debida contestación le manifiesto, que las fuerzas de mi mando han otorgado las más amplias garantías a los ciudadanos americanos y de otras nacionalidades, tanto en sus vidas como en sus intereses.
Manifiesto a usted, que en caso de cumplirse su amenaza ordenando el desembarque de sus tropas en territorio mexicano, me veré obligado a atacarlas e incendiaré todos los campos petroleros que están en mi poder y mandaré pasar por las armas a los americanos que aquí se encuentren. Atentamente. El general en jefe de la División de Oriente. Cándido Aguilar.
El general Aguilar se preparó para combatir a las tropas americanas y para llevar a cabo el incendio de los pozos petroleros cuando, al día siguiente, a las doce de la mañana, se presentó ante su campamento un emisario con bandera blanca. Fletcher se echó para atrás, pero no por mucho tiempo.
La aprehensión momentánea, el 9 de abril de 1914, de unos cuantos marinos yanquis que desembarcaron en zona de control militar para conseguir gasolina para el crucero Dolphin, sirvió de pretexto al ejército norteamericano. El 21 de abril de 1914, desembarcaron más de 6 mil invasores que venían en cuarenta buques de guerra, entre los que se encontraban los acorazados más poderosos del mundo en ese momento, como el Florida. Estos buques bombardearon indiscriminadamente Veracruz y se efectuaron los primeros vuelos de aviones navales estadounidenses sobre territorio invadido, tornándose esta en la primera invasión por aire en el ámbito internacional.
El general Gustavo Mass, sobrino del chacal Victoriano Huerta, abandonó la plaza, pero siempre hay mexicanos valientes: 100 reclutas y los presos, los llamados rayados, defendieron la plaza con una o dos cajas de armamento y parque que habían quedado abandonados. Los federales huyeron sin informar a la población del peligro que se avecinaba.
Al comenzar la invasión, mientras se cerraban todos los comercios y negocios, valientes militares retirados, como el viejo coronel don Pascual Ramírez y el coronel retirado Juan Antonio Muñoz, más el administrador de Correos y los jóvenes alumnos de la Escuela Naval, organizaron la resistencia. Mujeres, comerciantes, carpinteros, barrenderos, albañiles, presos y muchos federales en lo individual se quedaron a combatir.
La población civil tomó las armas por iniciativa propia. Muchas mujeres se unieron voluntariamente a los contingentes civiles para frenar el avance de los marinos e infantes norteamericanos. Hubo gran número de francotiradoras y parapetos. Algunas mujeres le dispararon a quemarropa a los ocupantes para evitar ser violadas.
Los mariners invasores disparaban indiscriminadamente contra la población una lluvia de balas expansivas dum-dum, matando civiles desarmados, mujeres y niños fueron víctimas inocentes. Nunca se sabrá el número de muertos, el almirante Fletcher dio la cifra de 193.
Una vez que se consumó la invasión, el día 22 de abril, se multiplicaron los atropellos contra la población civil: allanamientos, aprehensiones a diestra y siniestra e intimidación. Todas las casas debían tener las luces prendidas y las puertas abiertas toda la noche y los estadounidenses se adjudicaban el derecho de entrar a cualquier casa, a todas las recámaras y a cualquier hora.
La gente valientemente se organizó: vecinos, obreros y artesanos se reunieron en azoteas, balcones y esquinas de las calles principales (como la calle Independencia, Cinco de Mayo e Hidalgo). Desde ahí dispararon a las columnas invasoras utilizando fusiles Mauser, pistolas y escopetas.
A partir del 22 de abril, ante la gran resistencia popular, el ejército de EE. UU. comenzó el registro y ocupación «casa por casa», varias veracruzanas defendieron sus hogares y barrios, desde el interior de sus viviendas combatían de manera encarnizada. También niñas y niños apoyaban en lo que podían.
Las mujeres ayudaron en el aprovisionamiento y logística de municiones. En medio del fuego cruzado, las valientes veracruzanas organizaron redes de apoyo logístico para los defensores civiles y los cadetes de la Escuela Naval Militar.
Apoyaban con el transporte de cartuchos, cruzaban las calles bajo el bombardeo de los buques estadounidenses (como el USS Chester y el USS Prairie) llevando municiones, alimento y agua a los combatientes parapetados.
Dieron aliento y abastecieron a la línea de fuego, además apoyaron directamente a los voluntarios y marinos civiles en los puntos donde la resistencia era más severa.
El personal de la salud proporcionó de forma heroica asistencia médica y enfermería en el frente, ante la saturación de heridos por los disparos y los proyectiles de cañón de la flota enemiga, el personal médico y de enfermería local actuó sin descanso.
No faltó atención en hospitales y socorro. Las enfermeras y voluntarias improvisaron puestos de socorro y trabajaron sin descanso en el Hospital de San Sebastián donde atendieron a defensores como el teniente José Azueta y el cadete Virgilio Uribe.
Muchas brigadas rescataron heridos en las calles, arriesgándose salían a recoger a civiles lesionados y fallecidos en las plazas y muelles a pesar del constante peligro de ser alcanzadas por el fuego enemigo.
Las empleadas de los servicios telegráficos de Veracruz y las telegrafistas que enviaban reportes mantuvieron las comunicaciones con el resto del país, practicando así la resistencia telegráfica e informativa. Gracias a ello, el pueblo mexicano conoció de inmediato el desembarco y la brutalidad de la ocupación, desencadenando movilizaciones en la Ciudad de México y otras regiones.
A pesar de que el parte militar oficial de la época solía omitir los nombres de las mujeres civiles, agrupándolas bajo el concepto de «población voluntaria», historiadores y la memoria local veracruzana rescatan su valentía como un pilar imprescindible para sostener la dignidad del puerto durante los más de siete meses que duró la ocupación militar estadounidense.
La juventud se distinguió por su heroísmo y los valientes cadetes veracruzanos siguieron el ejemplo de la lucha contra el invasor norteamericano de los cadetes de Chapultepec en 1847. El teniente José Azueta, cadete de 19 años de edad, solo, armado con un cañón para prácticas y una ametralladora, resistió todo un día, herido en una pierna siguió disparando hasta resultar herido de los dos brazos; luchó hasta quedar inconsciente.
Cuando los ocupantes enviaron un médico para atender al joven que agonizaba, él, indignado, les espetó: “de los invasores ni la vida”, y se rehusó de manera tajante a ser atendido por el doctor extranjero. Así ofrendó su vida con valor.
En la Escuela Naval asesinaron a por lo menos 13 jóvenes. Hubo muchos héroes que lucharon hasta morir, como el carpintero Andrés Montes, quien, después de afilar toda la noche un machete para que su mujer le mochara la cabeza al primer gringo que se atreviera a entrar a su casa y escribir una carta para su hijo menor, salió de su casa a luchar hasta que encontró la muerte a manos de los yanquis invasores. Como comentamos, estos fueron contraatacados por las mujeres, quienes les dispararon desde las azoteas, como la señorita Velásquez, que tras las persianas disparaba a los gringos que se habían apoderado de nuestro territorio.
Mientras impusieron el toque de queda, el veracruzano que saliera a la calle después de las siete de la noche —incluso al balcón o la puerta de su casa—, podía ser víctima de los disparos de los estadounidenses.
El cielo de Veracruz se cubrió de zopilotes, mientras los gringos incineraban los cadáveres en piras de leña, en la zona naval y frente al edificio de Faros.
Al mismo tiempo, se extendía la epidemia de viruela. Muchos abandonaron la ciudad y cinco mil habitantes del puerto acamparon en las cercanías de Boca del Río preparados para repeler cualquier avance de los invasores.
Fletcher invitó a los empleados municipales a volver a sus puestos, pero el Ayuntamiento, en protesta contra la invasión, renunció en pleno, ante lo cual Fletcher instituyó la Ley Marcial y un gobierno civil de ocupación.
Los maestros abandonaron el Departamento Educativo estadounidense y, gracias al apoyo de la población, organizaron escuelas gratuitas en carpas, donde los niños siguieron estudiando. La población —siempre tan alegre— siguió la consigna de abstenerse de cantar, tocar música y asistir a actividades de recreo mientras su ciudad estuviese invadida.
En la Ciudad de México, la gente apedreó negocios gringos y pidió medios para presentar batalla al invasor, pero Victoriano Huerta metió a los voluntarios en un tren que terminó rumbo a San Luis Potosí y desalentó la organización patriótica.
El 23 de noviembre, los invasores se retiraron para dirigir su maquinaria bélica hacia nuevas guerras, después de haber cometido en México terribles crímenes de guerra. Al retirarse le entregaron el puerto a Carranza, además de gran cantidad de municiones y pertrechos, mucho dinero de impuestos e ingresos aduanales que recaudaron, además de los suministros e instalaciones de la Marina y la Aduana mexicana. La finalidad del invasor fue abastecer a los carrancistas para apoyarlos en la guerra contra la revolución popular de Villa y Zapata, quienes en diciembre de 1914 tomaron la capital de la República y eran considerados un peligro para Estados Unidos.
¡Dada nuestra experiencia histórica estemos alertas! El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó el 7 septiembre de 2026 una imagen en su red social Truth Social donde muestra un mapa del continente americano donde México, Canadá, Groenlandia y Cuba aparecen cubiertos por la bandera estadounidense. Esto, luego de proponer cambiar el nombre del estado de Nuevo México por “Nueva América” y renombar el lago Ontario como “Lago América”. La vocación expansionista del imperio yanqui es clara. Hoy por hoy que el imperialismo americano está amenazando como nunca a nuestro país, debemos tener despierta la memoria histórica y nuestra experiencia de lucha para defender nuestra independencia y soberanía.

