México en la sombra del mundial 2026

zairosas.22@gmail.com

El 13 de junio de 2018, la FIFA anunció oficialmente que México, Estados Unidos

y Canadá serían las sedes de la Copa Mundial de 2026. Ocho años. Más de 2,900

días para planear infraestructura, movilidad, seguridad y servicios públicos. Sin

embargo, no fue hasta hace algunos meses que la urgencia comenzó a sentirse

en México, disfrazando de eficiencia obras improvisadas con materiales a bajo

costo que demuestra el pánico de quedar expuestos ante el ojo internacional.

Para la FIFA, el fútbol es un negocio de aparador, que oculta detrás escándalos,

sobornos, lavado de dinero y la venta de derechos de transmisión al mejor postor,

pero esa imagen a México le está costando más de lo esperado, en las ciudades

sede: Ciudad de México, Guadalajara Y Monterrey se han acelerado los trabajos

que debieron realizarse desde hace casi una década. Mismos que muestran los

contrastes de la realidad con lo que se quiere aparentar.

Por un lado, el gobierno capitalino presuma una remodelación de época que ya ha

sido objeto de burlas y parodias pues en la estación del metro hidalgo cuelgan

candelabros ornamentales y acabados tipo mármol, mientras que en Guadalajara

los trabajos de remodelación alrededor del estadio Akron, han coincidido con

bolsas de restos humanos, mismos que intentan ser maquillados para evadir que

en nuestro país sigue latente la crisis de personas desaparecidas que excede

115,000 personas.

La crisis de seguridad pública no es el único problema, también está la

desigualdad que se incrementa con un deporte que históricamente perteneció a

las clases populares, mismas que en esta edición seguirán siendo las primeras en

ponerse la verde, pero para seguir a su selección detrás de las pantallas, pues los

costos de boletos para un partido en México serán de las sedes con precios más

elevados, rondando desde los 200 hasta 1000 dólares, lo cual sería imposible

pagar con un salario mínimo.

Aunado a lo anterior se suma la gentrificación que traerá el turismo corporativo y la

visita de tantos extranjeros, también el encarecimiento de servicios que

probablemente se volverá algo permanente y en medio de apariencias también

llega el tema de la salud pública, la llegada de cientos de miles de visitantes

provenientes de distintos continentes incrementa la necesidad de fortalecer los

sistemas de vigilancia epidemiológica y respuesta médica. Aunque el riesgo de

que enfermedades como el ébola se propaguen en México es considerado bajo

por organismos internacionales debido a los mecanismos de detección y control

existentes, eventos masivos de esta magnitud sí elevan la probabilidad de

introducción de padecimientos infecciosos poco frecuentes en el país.

Más allá del ébola, especialistas suelen advertir sobre enfermedades respiratorias,

brotes de sarampión, influenza, COVID-19 y otros virus que pueden propagarse

con rapidez en espacios de alta concentración humana y movilidad internacional.

Esto obliga a que las autoridades no sólo se enfoquen en la imagen urbana o la

seguridad para los visitantes, sino también en la capacidad real del sistema de

salud para responder ante cualquier contingencia.

Uno de los problemas más grandes en materia de salud en México es la diabetes

y la obesidad, asociada en gran medida a hábitos alimenticios en los que destaca

el consumo de bebidas azucaradas, principalmente Coca Cola, uno de los socios

comerciales más grandes de la FIFA, que en esta ocasión tendrá datos personales

de quien asista a la copa y llenará de publicidad cada espacio vinculado al

mundial, lo cual aumenta el riesgo de consumo y por ende de padecimientos de

salud.

Nadie puede negar la emoción que genera una Copa del Mundo. El fútbol tiene la

capacidad de unir a millones de personas, aunque también hay estudios que

demuestran altos índices de violencia según resulte el marcador, ocho años

después del anuncio oficial, México llega corriendo para aparentar obras de gran

magnitud y desarrollo, pero qué pasará cuando el último partido termine, las obras

improvisadas mostrarán el desgaste de uso y nuevamente el maquillaje de datos

volverá a salir a la luz.

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