El nuevo eje geopolítico de la tecnología

• Nace la WAICO, el bloque global del sur para desafiar el monopolio 

de la inteligencia artificial. La fractura en la gobernanza tecnológica se abre con 29 naciones, bajo el liderazgo de la República Popular China y con el respaldo de los bloques emergentes. 

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Por José Sobrevilla

Tal vez parezca un lugar común, pero en el siglo XXI la geopolítica ya no se dirime únicamente por el control de las rutas marítimas, de los yacimientos de gas o de las reservas de litio; el verdadero tablero de ajedrez global se juega hoy en el código binario, en los microchips de última generación y en los algoritmos de aprendizaje profundo. Fue en julio de 2025 cuando se planteó en China, por primera vez, la creación de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial. Después, en octubre de 2025, en la XXXIII reunión de la Cooperación Económica Asia-Pacífico, Xi Jinping reiteró la propuesta y este 16 de julio de 2026, en Shanghái, varias naciones participaron en la firma oficial para la constitución de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO).

El bloque reúne a China como país líder junto a otras 28 naciones de Europa, América Latina, Asia y África; de América Latina están Brasil, Cuba, Nicaragua y Venezuela. De Europa: Rusia, Bielorrusia y Serbia. En Asia y Medio Oriente se encuentran China, Camboya, Indonesia, Kazajistán, Kirguistán, Laos, Malasia, Myanmar, Omán, Pakistán, Tayikistán y Uzbekistán; y en África: Argelia, Camerún, Congo, Etiopía, Kenia, Lesoto, Mozambique, Senegal, Sudáfrica y Zambia.

Este organismo intergubernamental ha sido concebido con un propósito explícito: arrebatarle a Occidente (Estados Unidos, Canadá, los países de la Unión Europea y el resto de Europa occidental, Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido) el monopolio de las reglas del juego de la inteligencia artificial; y plantean que “El desarrollo de esta inteligencia debe responder a los intereses de la humanidad en su conjunto, no a los dictados regulatorios de un puñado de corporaciones y potencias occidentales”.

En su marco conceptual plantean que “Entramos en una era en la que la multipolaridad debe reflejarse también en los algoritmos” y, por tanto, la creación de la WAICO no será un foro de debate más, sino que representa un desafío directo e institucional a la hegemonía que Estados Unidos y la Unión Europea tienen y han ejercido sobre los estándares éticos, las patentes y el despliegue comercial de los sistemas automatizados, lo que puede ser la ‘formalización de una Guerra Fría Tecnológica’ en la que el Sur Global busca blindarse ante lo que sus líderes denominan abiertamente el “neocolonialismo digital”.

¿Quién es quién en la WAICO? El mapa de los países firmantes redibuja las alianzas estratégicas contemporáneas, consolidando un bloque compacto que combina músculo financiero, recursos naturales estratégicos y mercados demográficos en expansión exponencial. El peso demográfico y geográfico de este bloque es innegable por la inclusión de gigantes como Indonesia y Brasil; así, la WAICO no puede ser descalificada por Washington ni por Bruselas como un simple club de aliados ideológicos de Pekín: se trata más bien de una coalición transversal que representa a miles de millones de usuarios potenciales de tecnología que exigen no quedar relegados a meros consumidores del software desarrollado en Silicon Valley.

Para entender el alcance real de la WAICO, es imperativo analizar a las figuras políticas que han tejido esta red de cooperación internacional: Xi Jinping (presidente de China), el ideólogo detrás de la estrategia. Xi ha llevado su concepto de ‘Comunidad de destino compartido para la humanidad’ al terreno digital, presentando formalmente una visión de gobernanza de la IA que contrapone el control estatal regulado y equitativo al modelo corporativo estadounidense desregulado.

Wang Yi (canciller de la República Popular China) se ha encargado de estampar la firma del gigante asiático y de desplegar la maquinaria diplomática en Shanghái; también ha posicionado este acuerdo como el pilar tecnológico de la Nueva Ruta de la Seda. Mientras que Zhaslan Madiyev (ministro de IA de Kazajistán) es una de las voces más pragmáticas del encuentro, ha sintetizado el espíritu de la cumbre al declarar que la creación de la WAICO representa el paso definitivo de las “declaraciones retóricas” a la “colaboración práctica e institucionalizada” entre los países firmantes.

La presencia en Shanghái de António Guterres (secretario general de la ONU), en calidad de observador y testigo de honor, ha otorgado a la WAICO una pátina de legitimidad internacional que ha encendido las alarmas en el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Guterres busca desesperadamente evitar la balcanización de internet y de los sistemas avanzados.

Los pilares fundacionales de la WAICO son cinco; conforman la agenda programática y han sido diseñados minuciosamente para seducir a las economías en vías de desarrollo, mediante una retórica de justicia social y soberanía tecnológica que contrasta con las exigencias del mercado occidental. Sus objetivos centrales pueden estructurarse en cinco ejes: uno, investigación y desarrollo conjuntos. El organismo establecerá laboratorios compartidos de IA, que compartirán bases de datos masivas (Big Data) y capacidades de supercómputo entre los países miembros.

Esto permitirá a naciones con presupuestos científicos modestos acceder a modelos lingüísticos avanzados y a herramientas de IA aplicadas a la medicina, la agricultura y la gestión urbana. Dos: Gobernanza ética basada en la ONU. Frente a las regulaciones de la Unión Europea centradas en los riesgos de mercado, la WAICO se alinea discursivamente con la Carta de las Naciones Unidas y el Pacto Digital Mundial, propugnando una IA centrada en el ser humano, pero con un respeto irrestricto a la soberanía nacional de cada Estado, para que este implemente las tecnologías según sus particularidades culturales y políticas.

Tres: reducción radical de la brecha digital. El acuerdo contempla la transferencia tecnológica obligatoria y la creación de fondos de financiamiento específicos para dotar de infraestructura de conectividad y de servidores a las regiones más rezagadas del Sur Global. Cuatro: Combate al neocolonialismo digital. Este será el núcleo político de la organización, con el fin de evitar que el procesamiento de datos del Sur Global sea monopolizado por servidores ubicados en territorio estadounidense o europeo, garantizando que el valor económico y soberano de los datos permanezca en el país de origen.

Cinco: Regulación flexible pro-innovación. A diferencia del enfoque restrictivo y punitivo de la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea (AI Act), la WAICO promueve un marco normativo dinámico y flexible. El objetivo manifiesto es que las trabas burocráticas no asfixien la investigación científica ni detengan el avance de la soberanía tecnológica de las naciones firmantes. El contexto internacional es que en la selva de los organismos de IA, la WAICO no nazca en el vacío; que emerja en un ecosistema internacional saturado de iniciativas que intenten, con mayor o menor éxito, establecer las directrices de la era automatizada.

Para comprender la fragmentación actual, es necesario mapear las fuerzas en pugna, entre las que se encuentra el Modelo Corporativo-Occidental: Partnership on AI (2016), nacido en el corazón de Silicon Valley. Este consorcio privado reúne a colosos como Google, Microsoft, Amazon, Meta e IBM. Aunque su discurso se centra en principios éticos y de seguridad, sus detractores señalan que opera como un mecanismo de autorregulación corporativa diseñado para evitar leyes estatales restrictivas y proteger sus patentes multimillonarias.

El Modelo de los Países Desarrollados: OECD AI Policy Observatory & GPAI, impulsada fuertemente por naciones como Canadá y Francia, y cobijado bajo la estructura de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Alianza Global sobre Inteligencia Artificial (GPAI) representa la visión de las democracias industrializadas del norte global. Su enfoque prioriza los derechos humanos occidentales, la propiedad intelectual estricta y los valores del libre mercado. El Intento Intergubernamental Neutral y el Pacto Digital Mundial de la ONU constituyen el marco multilateral que busca unificar criterios globales para mitigar los riesgos catastróficos de la IA sin fracturar la infraestructura global de telecomunicaciones. Este ha sido el terreno donde la diplomacia china y estadounidense ha medido fuerzas antes del despliegue de la WAICO.

La irrupción de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial, consolida un quiebre irreversible en la arquitectura de la gobernanza global. Lo que en su momento ocurrió con la arquitectura financiera internacional tras la creación del Banco de Desarrollo de los BRICS, se replica hoy en el ecosistema científico-tecnológico.

El mayor desafío para este naciente bloque será demostrar que la WAICO puede transformarse en un motor real de innovación descentralizada y de transferencia tecnológica justa, eludiendo la tentación de convertirse meramente en una herramienta de proyección geopolítica e influencia digital de Pekín. La moneda está en el aire: si Occidente responde con sanciones o bloqueos a los sistemas nacidos bajo el amparo de la WAICO, el mundo se encaminará hacia una inevitable “balcanización tecnológica”, en la que los algoritmos del hemisferio occidental no podrán comunicarse ni operar con los sistemas del Sur Global. Lo único certero es que las reglas éticas de la inteligencia artificial ya no se redactarán exclusivamente en inglés.

Por otra parte, medios de comunicación y analistas europeos (como observadores en España o agencias que evalúan el impacto digital) miran la propuesta con una “peligrosa fascinación”. Aunque reconocen que la promesa de WAICO de democratizar y financiar la infraestructura de IA en países en desarrollo puede resultar muy seductora para el Sur Global, advierten sobre los riesgos asociados al modelo de gobernanza digital autoritario que promueven Pekín y Moscú, tales como el control de datos, la vigilancia y la falta de transparencia ética según los estándares occidentales.

A pesar de la desconfianza política, la reacción no ha sido un aislamiento absoluto en el ámbito diplomático multilateral. La participación de António Guterres en los encuentros de Shanghái reflejan que, desde la perspectiva institucional global compartida por Occidente, existe un intento por mantener puentes de diálogo y evitar que la IA carezca de marcos regulatorios comunes, llamando a la ONU a actuar como un mediador que unifique los esfuerzos occidentales (como la Declaración de Bletchley o el Proceso del G7) con este nuevo bloque asiático.

Fuentes de consulta:

• Archivos y minutas oficiales del Congreso Fundacional de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), en Shanghái

• Declaraciones oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China (Wang Yi)

• Documentos programáticos del Pacto Digital Mundial de las Naciones Unidas (Secretaría General de la ONU, António Guterres)

• Registros históricos comparativos de iniciativas tecnológicas internacionales: Partnership on AI (2016) y el Global Partnership on AI (GPAI)

• Corresponsalías y coberturas especiales de la plataforma de difusión periodística Otredades.

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