
• Implicaciones Éticas, Estratégicas y Operativas en Gaza y Ucrania
Por José Sobrevilla
Para nadie es secreto que las guerras modernas experimentan una transformación impulsada por la Inteligencia Artificial (IA); los conflictos actuales que se desarrollan en Gaza y Ucrania, por ejemplo, han funcionado como ‘laboratorios’ donde las grandes potencias y empresas tecnológicas entrenan y refinan sistemas de combate autónomos, así como algorítmicos de fijación de objetivos; al grado que, especialistas estiman que en diez años la IA será el vector militar dominante, otorgando una ventaja decisiva a la nación que logre dominarla de manera más eficiente. Pero existe una contradicción crítica entre las promesas de ‘precisión’ y la realidad observada en el terreno. En Gaza, el uso de sistemas como Habsora (sistema militar de inteligencia artificial, conocido como “El Evangelio” en hebreo) ha aumentado exponencialmente la capacidad de generar objetivos, pero se asocia con cifras masivas de víctimas civiles (más de 45,000 muertes reportadas hasta finales de 2024).
Paralelamente, en Ucrania, la IA ha permitido que una fuerza militar inferior desafíe a una potencia superior, mientras que entre Estados Unidos y China se intensifica la rivalidad tecnológica por la supremacía militar global. Las fuentes consultadas identifican una erosión potencial de los derechos humanos y un profundo dilema ético en la transición del ‘control humano significativo’ a un simple ‘aporte humano nominal’ en las decisiones de vida o muerte.
La IA ha pasado de ser un componente de apoyo a un multiplicador de poder crítico en las operaciones militares israelíes, particularmente desde la operación ‘Guardián de las murallas’, la campaña militar lanzada por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) contra grupos armados en la Franja de Gaza, escalada bélica ocurrida del 10 al 21 de mayo de 2021, que duró once días de intensos bombardeos aéreos israelíes en Gaza y el lanzamiento masivo de cohetes hacia territorio israelí.
El proceso de selección de objetivos se ha revolucionado mediante la automatización, permitiendo una escala de bombardeos sin precedentes (VER INFOGRAFÍA). A pesar de las declaraciones oficiales que afirman que la IA permite ‘daños mínimos a no combatientes’, los datos sugieren lo contrario: en los primeros 35 días del conflicto tras el 7 de octubre de 2023, fueron reportados más de 15.000 objetivos alcanzados. Las autoridades de Gaza informaron de más de 45,000 muertes hasta el 16 de diciembre de 2024. Expertos de la ONU y organizaciones no gubernamentales han señalado que la velocidad de la IA ha superado la capacidad de supervisión humana, convirtiendo la ética en un proceso nominal.
El conflicto en Ucrania es el campo de pruebas más importante para la forma futura de hacer la guerra. Ha demostrado que la IA puede nivelar el campo de juego entre fuerzas asimétricas: ayudó a los analistas de Estados Unidos a predecir la invasión rusa con meses de antelación, eliminando el factor sorpresa. Antes de la guerra, Rusia gastaba $65 mil millones de dólares en defensa frente a los $6 mil millones de Ucrania . La IA (en drones, designación de objetivos e inteligencia de imágenes) permitió a Ucrania detener el avance inicial. El uso de drones de ubicación y de municiones merodeadoras (drones kamikaze) ofrece capacidades de vuelo y ataque autónomas, mejoradas por IA.
En este frente, son las empresas estadounidenses las que dominan el avance de la IA, actuando a menudo en función de sus propios intereses: Palantir Technologies, por ejemplo, es una empresa de software de Estados Unidos especializada en el análisis de datos masivos y fue responsable de gran parte de la fijación de objetivos (tanques y artillería) mediante el análisis de datos satelitales y redes sociales.
La multinacional conocida como Microsoft ha sido clave en la defensa cibernética de Ucrania mediante inteligencia de amenazas mejorada por IA, mientras que Clearview AI ha sido utilizada para el reconocimiento facial de soldados rusos fallecidos y de los que están en combate. La lucha por la innovación tecnológica en IA es el eje central de la rivalidad entre China y Estados Unidos.
China busca superar a Estados Unidos mediante la fusión cívico-militar y la eliminación de barreras entre sectores para que el Ejército Popular de Liberación aproveche todo el talento nacional. Se proyecta que para 2025 China otorgará casi el doble de doctorados que Estados Unidos en STEM (programa de posgrado de alta especialización enfocado en la investigación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Así, el control de datos será la supremacía en su volumen, considerado ya como la “nueva munición” del futuro. Tampoco es secreto la cooperación Rusia-China que se ha consolidado mediante una asociación estratégica de alta tecnología, en la que Rusia proporciona a China información operativa de primera mano sobre el desempeño de la IA en combate real contra sistemas occidentales. Y China colabora en el desarrollo de capacidades militares de alta tecnología para Moscú, que incluyen 5G, economía digital e IA aplicada.
La integración de la IA en la defensa plantea dilemas que los marcos legales actuales no logran cubrir satisfactoriamente; por ejemplo, existe una distinción crítica entre dos conceptos: Control Humano Significativo, donde el humano entiende y supervisa activamente la lógica del ataque; y Aporte Humano Nominal, en el que la velocidad del sistema de IA reduce al humano a un simple “validador” que apenas tiene tiempo para revisar la sugerencia de la máquina antes de actuar.
La IA también ha potenciado la batalla por la narrativa; por ejemplo, mediante Deepfakes se han registrado intentos fallidos de videos falsos del presidente Volodímir Zelenski instando a la rendición. También los algoritmos de redes sociales se han utilizado para amplificar propaganda y determinar qué contenido se prioriza, influyendo en la percepción global de los conflictos.
La inteligencia artificial se utiliza no solo para matar, sino para vigilancia masiva, lo que señala una erosión de los derechos humanos y plantea la pregunta sobre quién controla los algoritmos que determinan la “verdad” en el campo de batalla.
Así, el desarrollo de la IA para la guerra ha creado una paradoja trágica: mientras los conflictos actuales causan sufrimientos masivos, los sistemas de IA se alimentan de esos datos reales para ser más efectivos en el próximo enfrentamiento; por tanto, el estado que domine la IA más rápidamente tendrá una ventaja estratégica casi insuperable; y —en crisis futuras— la velocidad de su utilización, podría superar la capacidad de negociación política, similar a la situación previa a la Primera Guerra Mundial pero con capacidades de destrucción masiva; por lo que el futuro de la guerra no será solo sobre quién tiene más armas, sino sobre quién tiene mejores datos y algoritmos para procesarlos a la velocidad de la luz.
Fuentes de consulta:
• Algorithmic targeting: the role of artificial intelligence in Israeli strikes in Gaza and its ethical implications – Grip.org
• Artificial intelligence and the war in Ukraine – Ministerio de Defensa
• ARTIFICIAL INTELLIGENCE’S GROWING ROLE IN MODERN WARFARE – War Room Defence and artificial intelligence – European Parliament
• How does Israel’s AI-assisted targeting system in the Gaza Strip violate the principles of IHL? – Global Human Rights Defence
• How Russia Is Reshaping Command and Control for AI-Enabled Warfare – CSIS
• Israel’s AI-powered Genocide Raises New Moral Perils – TRT World Research Centre
• Questions and Answers: Israeli Military’s Use of Digital Tools in Gaza | Human Rights Watch
• Ukraine’s defense AI chief predicts ‘new paradigm’ of warfare
• Ukraine’s Future Vision and Current Capabilities for Waging AI-Enabled Autonomous Warfare – CSIS

