Nuevo ascenso de la insurrección popular mundial

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En 1969, el teórico marxista Ernest Mandel, publicó un documento titulado El nuevo ascenso de la revolución mundial, que fue presentado y adoptado como resolución política en el IX Congreso Mundial de la IV Internacional. Después fue publicado en revistas de diversos países, donde ganó gran aceptación. Hoy, a 57 años de distancia, asistimos a un nuevo levantamiento popular en países europeos y de América Latina, que nos lleva a meditar sobre este largo ciclo histórico.

El primer hecho que salta a la vista en nuestra reflexión, es la continuidad histórica que ha seguido este largo proceso de levantamientos populares contra el sistema capitalista en los cinco continentes, a partir de finales de la década de los años 60. Huelgas generales de trabajadores y otros sectores sociales como los estudiantes, sobre todo en Europa, como la del mayo francés de 1968 y el otoño italiano de 1969; movilizaciones masivas en Alemania y la España que luchaba contra el franquismo en los años 70 y 80; el movimiento estudiantil popular de México en 1968, que habría de extenderse en los años siguientes a toda América Latina y Estados Unidos. Movimientos armados en el campo y las ciudades latinoamericanas, y la intensificación de la guerra de liberación en Vietnam, Camboya y Laos, que habría de culminar en 1975 con la caída de Saigón. En el frente contra la dominación soviética estalinista, registramos sublevaciones populares y movimientos de resistencia en Europa Oriental, que duraron décadas, como los que tuvieron lugar desde 1953 en Alemania Oriental, Polonia (1956) Hungría (1956), la Primavera de Praga, Checoslovaquia (1968) y todas las luchas populares de los años 80 en toda Europa del Este, que culminaron con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la Unión Soviética en 1991. A diferencia del resultado que esperaba Mandel, estas revoluciones no tuvieron un carácter antiburocrático que permitiera a los pueblos sometidos al yugo stalinista, retomar la democracia, la libertad y el bienestar social prometidos por el proyecto socialista. En los tres frentes de lucha mundial contra todo sistema de dominación -de ahí su carácter antisistémico- a saber, el de los países capitalistas altamente desarrollados, el de los países atrasados y el de los Estados “comunistas” donde la democracia y la libertad de los trabajadores fue sustituida por una criminal dictadura burocrática, la Historia utilizó la ironía para demostrar que su evolución no se somete al esquema rígido de la ortodoxia. El capitalismo sobrevivió a su larga crisis, extendió sus tentáculos a Rusia y ahí floreció aunque con menos éxito que en China. En Europa, durante un lapso considerable los partidos socialistas gobernaron, solos o en coalición con liberales, verdes, y otros aún más derechistas, para salvar al capitalismo de su larga agonía. Prácticamente todos los países africanos lograron su independencia formal bajo la conducción de partidos nacionalistas y aún de algunos autodenominados marxistas-leninistas (Etiopia, entre 1974 y 1991) y todos fueron derrotados militarmente por levantamientos auspiciados por los países imperialistas, la traición de sus dirigentes, o el viraje hacia una democracia estilo occidental, que no logró sacar a sus pueblos del atraso, la pobreza y la dominación imperial, como en Sudáfrica después de 1994.

La historia parece que se repite, pero sólo es la continuación de un largo proceso.

En este año crucial de 2026, nuevos aires de libertad sacuden las desvencijadas estructuras de un capitalismo senil. El panorama general da cuenta de una guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania, que inició con despliegue total de operaciones el 24 de febrero de 2022 -es decir, ya lleva cinco años y ocho meses-, aunque sus antecedentes más inmediatos vienen de 2014. Este ha sido un factor muy importante para el desgaste y división del Occidental ampliado, pues ha combinado estrechamente sus efectos con las guerras de Oriente Próximo. Los actores geopolíticos son los mismos: las grandes potencias enfrentadas y sus aliados regionales. Ambos procesos se acercan a su fin, con un resultado cada vez más previsible: la derrota militar, política, ideológica y económica de Estados Unidos. La reconfiguración de fuerzas en una zona energética fundamental para el planeta, nos da las claves para armar el mapa total del resto del siglo. Esto no significa que a partir del resultado de una guerra se defina el futuro del mundo, pues en todo momento el armamento atómico del imperio americano estará actuando como factor decisorio final. Y antes de ese catastrófico escenario, todas las fuerzas político militares actuantes harán un supremo esfuerzo en dos sentidos: hacia la intensificación del proceso bélico, con todo tipo de amenazas, chantajes, acciones hostiles y aceleración de la carrera armamentista; a la vez que intentos de acercamiento entre las partes enfrentadas y acuerdos transitorios y estratégicos. La personalidad y orientación política de los representantes de cada bloque seguirá siendo importante, pero cada vez menos en la medida que los grandes cambios se van imponiendo. La personalidad agresiva y arrogante de Donald Trump no pudo evitar el cierre y control del estrecho de Ormuz por parte de Irán, ni la salida masiva de tropas de Irak y otras bases militares de la región. ¿Acaso lo hubiera hecho mejor un representante de los demócratas? Mientras China y Rusia mantengan su apoyo a Irán, y éste pueda seguir expandiendo su influencia en países vecinos de Israel, el cerco a Estados Unidos e Israel se irá estrechando como una soga en su cuello. Más milicias chiítas pro Irán en Yemen, Siria, Palestina, Irak, Líbano, Cisjordania y el resto del mundo árabe, será un fenómeno inversamente proporcional a los apoyos que pueda conseguir Occidente. A partir del momento en que un Islam fortalecido con la unión de sus dos ramas fundamentales decida defender sus recursos energéticos y su territorio, desaparecerán de la región el guardián y su fiero mastín. En la otra guerra, que es la misma pero diferente, la caída inminente de Volodimir Zelensky no será un simple cambio de coalición gobernante, sino el relevo de personas que van a firmar la rendición incondicional y la anexión total de Ucrania por Rusia. En otro momento se pensó que con ese acto daría inicio la guerra abierta entre los restos de la OTAN, ya sin Estados Unidos, y la Federación Rusa. El apoyo permanente de la Unión Europea a Ucrania, con armas, dinero, cobertura política y ejércitos mercenarios bajo el mando de instructores del Viejo Continente, junto a su actitud provocadora en la frontera rusa y contra el enclave ruso de Kaliningrado, daba factibilidad a la prolongación de la guerra. Pero nuevamente han surgido varios factores imponderables como la grandiosa insurrección de los pueblos europeos y sus combativas juventudes. ¿Quién dijo que los rebeldes de 1968 habían desaparecido o sido devorados por la enajenante ideología burguesa? Ahí están, en las barricadas de París, como en 1848 y en la Comuna dei 1871. Los adolescentes del Liceo se han unido con los universitarios y los trabajadores de las grandes centrales. Ahí están, como hormiguitas en su patineta, levantando vallas con los restos de muebles urbanos, disfrutando de la vida en una revuelta contra las pésimas condiciones educativas, la falta de profesores y de educación de calidad. Los vemos también en los jóvenes y adultos de Lieja, Bélgica, que protestan contra el recorte del gasto público en educación, salud, vivienda y bienestar. En España, el desalojo de su vivienda y muerte dos semanas después, de la luchadora social Maricarmen Abascal, de 87 años, fue el detonador de una protesta masiva y la preparación de la huelga general acordada por las grandes centrales sindicales. De manera fulminante, la llama de la insurrección llegó a Italia, de vieja tradición militante, con un reclamo de incremento salarial y mejores condiciones de trabajo, como también a Alemania, donde los jóvenes protestan contra el servicio militar obligatorio y el incremento permanente al presupuesto de guerra. En América Latina, México empieza a encabezar la protesta social contra los malos servicios de salud, los bajos salarios, las condiciones de trabajo que han llevado a decenas de médicos residentes a ser hospitalizados por alimentos contaminados que les proporcionan las instituciones de salud y la carencia de los insumos más indispensables, además de exigir al gobierno la no intromisión en los asuntos sindicales, bajo la protección gubernamental de los líderes venales. En su primera protesta masiva, han recibido el apoyo de trabajadores del Metro, petroleros, electricistas, telefonistas y otras instituciones del sector salud. En el estado de Jalisco, en particular su capital Guadalajara, cientos de miles de ciudadanos han salido recientemente a protestar por falta de agua potable y fueron salvajemente reprimidos ¡con chorros de agua! por granaderos al servicio del gobierno estatal. En todo el mundo se da el mismo fenómeno: la quiebra financiera y social del Estado. Esa es la causa última y primaria de la o.

13 de octubre de 2026

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