¿Un mundo enincertidumbre total?

Por Diego Pappalardo

Indudablemente, está siendo un lugar común, en el espectro del análisis de las dinámicas geopolíticas de este 2026, que el conjunto de acontecimientos en boga tiene una puerta abierta a lo desconocido, en otros términos, contiene mucha carga de incertidumbre, presagiando un devenir enteramente incognoscible o, en su lugar, pronosticando que el “Dia Final” para el mundo ya está con nosotros a medida que el centro de gestión del monocentrismo anglo-americano disminuye su estatus, fuerza y poder en los procesos globales.

Esta imagen ha generado mucha ansiedad en el público europeo, especialmente, en todos aquellos que, con motivo lógico, temen por lo peor y que anhelan por mejores días para ellos mismos y sus naciones. Si bien reconocemos cuán dramáticos se volvieron estos días donde un número de gobernantes muestra, cada vez más, sus carencias de moral y de sentido común, de la falta de la prudencia en el acto de dirigir sus respectivos estados nacionales y donde una cantidad determinada de lobistas y comunicadores con intereses nefandos bregan por guerras injustas, genocidios operantes y lanzamientos de bombas nucleares sobre poblaciones enteras que no se amoldan a sus dictados facciosos y hegemónicos, pero la ocurrencia de todo eso, y mucho más, no significan que necesariamente vayamos a sufrir, en la proximidad temporal, el “día infernal” porque el sistema monopolar, o la “Pax Globalista”, se desmorone irremediablemente ante la vista de todos, dejando víctimas inocentes (personas y pueblos) en todo el mundo.

Se puede apreciar, día tras día, que, desde las usinas ideológicas del “Leviatán Mundialista”, modificaron el mantra publicitario del “Fin del Mundo” -cuya inexactitud fue demostrada por la propia realidad- al “Después de mí, sólo el vacío” que está implícito en los discursos innumerables de los representantes de la monodia atlantista y que tienden a paralizar las respuestas vívidas y concordes con el sentido de justicia y el principio de libertad de un conjunto de liderazgos y estados nacionales.

El “Yo soy el Rey del Mundo”, que, a ambos lados del Atlántico, lo manifiestan, sin tapujos, líderes que padecen la patocracia en su máxima expresión, y que, desatan amenazas y furias regulares, contra sus objetivos ideales y reales, no puede quitarnos la comprensión verdadera de hacia dónde se dirige el mundo, al menos, en sus próximas e inmediatas dos o tres décadas. Afortunadamente, el pluriverso geopolítico ha germinado, hace ya un tiempo considerable, y produce fundamentalmente los resurgimientos de los soberanismos y las ansías de amplias franjas de las poblaciones del mundo de apostar por los desarrollos genuinos de los estados-nacionales.

Entonces, estamos pasando, inclusive con hechos y situaciones dramáticas, de la monodia globalista a la poliarquía donde las agendas anglo-americanas, junto con sus aliadas, son retiradas escalonadamente en virtud de un desenvolvimiento natural de la Historia y el proactivismo de pueblos que son conscientes de su dignidad y potencia de futuro.

Y sucesos indicativos de ello los estamos viendo palmariamente cuando, por ejemplo, en Asia Occidental, aún con el método operante de los ciclos continuos de guerra, la esfera estadounidense internacionalista no puede dominar el macroproceso regional, a pesar de todo su poderío y las declaraciones de nuevos y hasta irreales dibujos de mapas.

Los errores de cálculos estratégicos que, en Washington, se cometieron para someter a las potencias regionales del área hablan por sí mismos y también explican, en parte, la persistencia continua de sus planificadores por mantener un ciclo de guerra-negociación-guerra y de acuerdos y pactos sesgados, ambicioso y desvinculados, en partes sustanciales de ellos, de la realidad que, a la postre, terminarán en fracasos rotundos. Estas potencias regionales envían recurrentemente sus mensajes de que son una civilización y que, por ende, tienen el derecho de continuar como libres y fuertes en las próximas fases de la historia.

Pero también podemos comprobar cómo la Europa antigua y nueva, liberal, Woke y desnortada no tiene un rumbo fijo y saludable y, en un sentido contrario de lo enunciado por sus proponentes, está siendo abandonada, gradualmente, por sus pueblos, los cuales buscan, claro que sí, una Europa soberana y dialogante entre sus partes, pero sin desempeñar el papel de títere de las camarillas de poder de la anglosfera.

De la Europa de los “Sueños de la Iluminación” y de las “Sociedades Abiertas” ya queda poco y, en la próxima década y media, quedará menos vestigios de ella.

Con lo cual, los Mythos de las cúpulas supranacionales tienen menos adeptos y este proceso está sucediendo delante de nuestros propios ojos yes, por ello, que sus torres del conocimiento y de la manipulación de la percepción nos quieren intoxican, sin cesar, con la narrativa de que el mundo no tiene vida después del sistema anglo-americano-globalista. Pero resulta que el mundo como tal tiene vida y, aunque no goce de buena salud, tiene en su seno a la multipolaridad, fenómeno físico e histórico que personalidades americanas como Tucker Carlson y los Profesores Stephen Walt y Robert Pape lo enseñan como un hecho exitoso inevitable; pero, a la vez, advierten de que la comunidad internacional sensata y responsable debe evitar que “Calígulas” y “Nerones” avancen con sus propósitos de hogueras globales.

En conclusión, no hay una incertidumbre total respecto al futuro inmediato del mundo y diversos actores soberanistas y policentristas realizan su tarea para darle una estabilidad estratégica al sistema-mundo.

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