El mundo sacudido por nuevos aires de libertad.

VOCES DEL DIRECTOR
Arde Europa y la Unión Europea se hace la sorda. Ese es el papel miserable que está jugando.
En Francia 200 liceos bloqueados y 7 mil menores detenidos por pedir escuelas dignas. En Alemania hay paros ferroviarios y hospitales sin personal. En Grecia y España la juventud está sin casa y sin trabajo. En Holanda y Polonia campesinos están bloqueando capitales porque Bruselas quiere quitarles la tierra.
¿Y qué hace la Unión Europea? Lo mismo de siempre: reprimir, endeudar y sermonear.
Es un capitalismo senil, viejo, sin ideas. Ya no produce, solo especula. Ya no educa, solo endeuda a los jóvenes con plataformas que los dejan fuera de la universidad. Ya no cura, solo cierra hospitales para pagar deuda. Ya no alimenta, solo impone pesticidas y normas desde un escritorio en Bruselas que nunca ha pisado un surco.
La UE se convirtió en el capataz del capital financiero. De 27 naciones hizo 27 colonias del BCE. Le quitó la soberanía a Grecia, le quitó la industria a Italia, le quitó el campo a Francia y España, y le quiere quitar el alma a todo el continente.
¿Para qué? Para mandar 100 mil millones a Ucrania en guerra, para comprar gas americano tres veces más caro, para sostener a un Macron que lanza gases lacrimógenos a niños de 16 años que piden un maestro.
Los levantamientos no son casualidad. Son el nuevo aire de libertad que sacude al mundo. Es el pueblo diciendo: ya no queremos vivir para pagarle a Bruselas. Queremos volver a la familia, a la comunidad, al trabajo digno, a la escuela del barrio, a la iglesia del pueblo. A lo que la UE quiso destruir.
Europa no está en llamas por culpa de los jóvenes. Está en llamas porque la Unión Europea la incendió primero con su soberbia.
Y si Francia arde, Alemania se paraliza e Inglaterra se desconoce a sí misma.
Alemania, el motor de Europa, hoy con trenes parados, fábricas cerrando y enfermeros renunciando. Les vendieron el cuento verde, cerraron nucleares, compraron gas americano carísimo y quebraron a su clase media.
Inglaterra, que se salió de la UE porque ya no aguantaba, está peor. Londres ya no parece Londres. Barrios enteros donde no se habla inglés, donde no rige la ley inglesa. La clase obrera inglesa, la de los mineros y estibadores, arrinconada, sin casa, sin poder izar su propia bandera.
Y aquí entra lo que Europa no quiere nombrar: la penetración demográfica descontrolada.
No es odio. Es política. Europa trajo millones de personas del mundo islámico para mano de obra barata, sin integración, sin familia, sin escuela. Los dejó hacinados en guetos. Y hoy esos jóvenes, muchos nacidos ya en Europa, no se sienten ni franceses ni alemanes ni ingleses. No conocen la historia y algunos terminan en el radicalismo porque la UE les quitó todo, hasta la identidad.
Por eso muchos en las calles europeas hoy hablan del Plan Kalergi. Richard Coudenhove-Kalergi en 1923 propuso una Paneuropa sin naciones ni identidades, mezclada y gobernada por una élite sin pueblo. Los historiadores dicen que no fue un plan secreto adoptado por Bruselas. Pero el pueblo en la calle, cuando ve París, Berlín y Londres, dice: pues parece que lo están aplicando al pie de la letra.
¿Para qué quieren una Europa sin europeos? Para que no haya nadie que defienda su tierra, su familia, su Iglesia.
Por eso arde Europa. No por odio. Por defensa. Por esos nuevos aires de libertad que piden volver a lo nuestro.
Si la UE no entiende, no serán 200 liceos. Serán 200 ciudades enteras levantadas.

