Trump y Xi abren un nuevo canal de diálogo entre China y EEUU, marcado por la IA, el comercio y la disputa por el poder global.

viernes 25 septiembre 2026
Por Luis Manuel Arce Issac
24 Septiembre
Trump y Xi abren un nuevo canal de diálogo entre China y EEUU, marcado por la IA, el comercio y la disputa por el poder global.
La lógica de Tucídides en el encuentro Xi Jinping-Donald Trump
La lógica de Tucídides en el encuentro Xi Jinping-Donald Trump
Más allá del rechazo global que genera el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y las denuncias que pesan sobre él de crímenes de guerra y de lesa humanidad, es imposible restar trascendencia a la entrevista que acaba de concluir con su homólogo chino, Xi Jinping, en Washington.
La pauta la dio el impactante escueto mensaje directo del visitante cuando dijo a su anfitrión inmediatamente después del saludo de agradecimiento por la invitación: “La trampa de Tucídides se puede superar».
Es difícil saber si Trump conocía la historia evocada por Xi. Tucídides fue un historiador, militar y general ateniense que llegó a la sabia conclusión de que fue el ascenso de Atenas y el miedo que esto infundió en Esparta lo que hizo inevitable la guerra. A buen entendedor, pocas palabras bastan.
Con solo extrapolar la frase histórica a la actual relación de China y EEUU, se podrá ver el profundo contenido del drástico mensaje y su impacto en el destinatario. No es la primera vez que Xi la usa en referencia a Estados Unidos. Se puede interpretar que la propia invitación de Washington buscaba un umbral similar al apuntado por el ateniense.
Con esa frase, Xi dejó sentada una posición de buena voluntad tendiente a borrar una de las más importantes asimetrías del encuentro: Trump compareció en una posición de debilidad por varias razones, las más importantes: el fracaso en la guerra de Irán, la cercanía de las elecciones de medio término que en teoría no debe ganar y la pésima evaluación popular e internacional de su administración. Sí, en cambio, fue en una posición de fortaleza institucional,
Con la cita de Tucídides como arranque de las negociaciones, Xi le dio oxígeno a Trump, quien no esconde su esperanza de neutralizar la positiva influencia internacional de China mediante una política de atracción de Pekín hacia Occidente que la aleje de la alianza con Rusia.
Su idea de que las nuevas relaciones internacionales se pueden gestionar desde dos polos de poder y no necesariamente desde un multilateralismo de amplio diapasón como la comunidad internacional sugiere, cobra esperanzas —aunque posiblemente infundadas— con las palabras de Xi —que, no por casualidad, las llevó escritas—, de que Washington y Pekín «deberían ser socios, no adversarios».
El líder chino dijo concretamente: «China y Estados Unidos deben trabajar en la misma dirección para promover una relación estable, caracterizada principalmente por la cooperación, una competencia moderada, diferencias controlables y una paz duradera, forjando un camino correcto para que dos grandes potencias coexistan adecuadamente en la nueva era».
Tampoco fue casualidad que, poco antes del encuentro, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunciara que ambas partes habían prorrogado la tregua comercial —que expiraba el 10 de noviembre y se extenderá hasta el 10 de enero—, con lo cual aligeró la carga de la agenda.
Hay mucho mar de fondo en ese complicado escenario, aun cuando el lenguaje de Trump fue muy moderado, nada de los exabruptos, sino palabras aterciopeladas como estas:
Hoy, nuestros dos países contribuirán, una vez más, a la belleza del mundo. Me siento orgulloso de la relación entre nuestros dos países. Avances en los asuntos que enfrentan nuestros dos países. Trabajando juntos, el presidente Xi y yo hemos logrado enormes avances en los asuntos que enfrentan nuestros dos países».
La verdadera intención que ocultan se adivina, porque nada de su demagogia tuvo una mínima referencia a un cambio de su “nueva realidad” cuajada de pólvora, amenazas, sanciones y abusos. La nueva relación que busca con Pekín no debe alterar el curso de sus proyectos, incluso los genocidas.
Pero sí dejó entrever su necesidad de neutralizar a China, y resucitó para ello el tema de repotenciar el Consejo de Comercio creado en su visita de mayo a Pekín, con lo cual marcó su propósito real de gestionar los diferendos, no resolverlos, sino sobrellevarlos.
La clave está en esta frase: Si nos enfocamos en nuestros intereses comunes, confío en que podamos lograr mucho. La búsqueda de esos intereses comunes ha conectado a nuestros pueblos a través de los vastos océanos, las enormes distancias y las muchas diferencias e incluso nos convirtió en aliados en la Segunda Guerra Mundial».
La interpretación que le dio Xi debe considerarse ya material de estudio por Rusia, Europa y todo aquel país o gobierno interesado en una estabilidad internacional, para la cual la “nueva realidad” estadounidense es la principal traba. Xi dijo:
«Ante los cambios de gran trascendencia histórica que atraviesa nuestro mundo, China y Estados Unidos, como dos grandes potencias, tienen hoy la responsabilidad histórica de impulsar el desarrollo y el progreso de la humanidad».
De ahora en adelante, la guerra con Irán, el control chino de las tierras raras, la persistencia de una posición de guapo del mundo de Trump con sus amenazas, abusos y sanciones, como factores de rompimiento del orden internacional, los bloqueos y el futuro de las restricciones comerciales estarán entre los principales asuntos que condicionarán las acciones y conversaciones derivadas de esta visita.
Sin embargo, dejarán de ser temas bilaterales porque sus alcances y afectaciones son globales y atañen a todo el mundo. De establecerse un programa de contactos y diálogo, tendría que ser de alguna manera en ese contexto más universal.
Trump debe ser consciente de que un diálogo con China no es una patente de corso para Estados Unidos y que la condición multilateral de las relaciones internacionales no se va a romper.
Tal bilateralismo obligatoriamente tendrá que tomar muy en cuenta esos intereses generales porque son parte de un mismo fenómeno.
Lo más importante para el mundo es que en verdad se puedan gestionar las diferencias, pero con el plus de que Estados Unidos deje en paz a los demás y comprenda que los cambios que se están produciendo deben ser guiados hacia la cooperación y no la confrontación para impedir la continuación o proliferación de nuevos Irán, Cuba y otros escenarios, y sigan prosperando factores que pueden conducir a una hecatombe planetaria.
De todas formas, quebrar la relación chino-rusa y neutralizar la política exterior expansiva de Pekín basada en la cooperación económica con nuevos patrones de participación sin guerras, para que un orden internacional así no interfiera su proyecto expansionista, no parece factible para Trump.
China está muy lejos de interpretar en los mismos términos de su homólogo esa “nueva realidad” trumpiana, y no renunciará al fortalecimiento y crecimiento de los BRICS, que es la realidad suya, como advierten expertos del Peterson Institute for International Economics.
En cambio, las partes sí están obligadas a abrir un canal de comunicación para reducir peligros militares y de otro tipo, por la interdependencia económica de ambas, que juntas representan casi el 50% de la economía planetaria. Pero dentro de un nuevo tipo de guerra fría en la cual será preponderante la inteligencia artificial.
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En medio de la escalada EE.UU.-Israel / Irán
En esta cumbre de Washington, apenas cuatro meses después de la de mayo en Pekín, el debilitamiento del trumpismo es más ostensible, y con los estragos causados por su fracaso en Irán, la situación se le ha hecho más adversa al autoritarismo de su gobierno, justo antes de las elecciones de mitad de mandato.
Eso cambió el enfoque y el contenido de este encuentro en el que le ha sido imposible a Trump volver a prometer que acabará con las importaciones chinas mediante aranceles. Como ahora se «enfrenta a niveles mínimos históricos de aprobación, cualquier acuerdo histórico entre las dos superpotencias podría hacer más daño que bien a sus perspectivas políticas», le advirtió el analista Hudson Lockett, en un artículo para Reuters.
Así que esta cumbre coloca a Estados Unidos y al mundo en ese punto crucial en el cual deben comenzar a elaborarse criterios racionales sobre una convivencia más amigable, pues no hay otra forma de lograr una estabilidad internacional. Quizás ello explique la fuerza tan enorme que tuvo el tema de la IA y su control.
Temas específicos de extrema importancia como Taiwán, las guerras en Ucrania, Irán y el Estrecho de Ormuz, Corea del Norte, Israel, el petróleo, las cadenas de suministros, el comercio, las sanciones y las tierras raras, quedaron disminuidos ante el de la IA.
Ojalá se haya llegado a la conclusión de que la paz internacional no puede estar a expensas de robots, lo cual no significa que se logre una estabilidad inmediata, porque las dos partes están en una lucha a brazo partido por mantener supremacía sobre la otra en un fenómeno que ya es considerado por el mundo como la nueva frontera de seguridad nacional y equilibrio de poder global.

