
A unos días del segundo informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, el río de la política nacional se observa revuelto y caudaloso con temas de escándalo y confusos.
No sólo es la turbulencia que provocó el torpe y fugaz regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa, sino también la grieta que provocó en el seno del movimiento de la 4T, en momentos en que habrán de definirse quiénes serán las candidaturas de Morena a las 17 gubernaturas en juego en el 2027 y a las diputaciones del Congreso.
La lucha interna es tal que, hasta el cierre de esta columna, el Congreso de Sinaloa no había logrado ponerse de acuerdo para designar a la gobernadora o gobernador para el interinato abierto por la nueva licencia solicitada por Rocha Moya.
Por lo que se ve, las diferentes corrientes políticas alrededor de Morena están desatadas sin plegarse a los designios del Palacio de Covián, por lo que se espera que la definición surja directamente del Palacio Nacional, sin más intervención ajena.
Al conflictivo panorama, se agrega la creciente y prematura proyección de Omar García Harfuch para el 2030, lo cual provoca no sólo envidias y celos, sino confrontaciones de los grupos morenistas, con muchas patadas bajo la mesa, lo cual debiera ser ya calmado para evitar rupturas irreparables.
Están también las terribles presiones del gobierno de Trump contra México en sus afanes intervencionistas y dominadores, que enturbian más las aguas y aumentan las corrientes y, como siempre, a río revuelto ganancia de pescadores, pero aquí son muchos y muy encontrados los intereses de quienes van a la pesca y si no se logra que el cause no se desborde, la hecatombe podría llegar. Sólo la presidenta Claudia Sheinbaum tiene el poder y el mandato de controlar a quienes hoy pierden rumbo.
En los próximos días y semanas muchas cosas habrán de definirse y aclararse. ¿En qué sentido?
SUSURROS
En el mundo las cosas no están mucho mejor, el enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y Canadá crece, mientras al otro lado del orbe, Turquía escala su conflicto con Israel con su afán expansionista en el Medio Oriente.
En el primer caso, la arrogancia del presidente convicto se manifiesta, como siempre, bajo la supremacía de Estados Unidos con su vecino del norte, al que minimiza y desprecia.
En el segundo caso, la situación es aún peor, pues sin ambages el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan pidió una orden de arresto contra el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, a quien acusa de genocida.
Ambos países compiten en el Medio Oriente, donde Netanyahu ha probado que no se somete al derecho internacional ni a las resoluciones de la ONU, lo que acrecienta la tensión regional y amenaza con mayores enfrentamientos bélicos, de los cuales no podrían sustraerse las grandes potencias globales. Veremos.
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