El tiempo juega a favor de Inzunza

Cuando se discutió la reforma judicial, un voto clave, decisivo para aprobarla, lo emitió en el Senado Miguel Ángel Yunes Márquez. Con su voto la bancada de Morena alcanzó la mayoría calificada, imprescindible para sacar adelante cualquier reforma constitucional.

Sorprendió a la dirigencia panista. Se quitó la camiseta azul y se puso la guinda, aguantando toda clase de insultos de la derecha. No fue gratuito su cambio, se disolvieron sus preocupaciones judiciales. Ya no prosperarían las imputaciones que tenía en Veracruz en su contra.

Fue el precio que puso. Se lo pagaron y hasta la fecha sigue siendo parte del grupo mayoritario.

No es el primer caso de este tipo en la vida política nacional. Forman legión los que han recurrido a ese tipo de estrategias. Saltar a otro partido cuando le resulta conveniente, por protección o aspiración a un cargo. Es lo que hizo Miguel Ángel. La oposición dirá misa y lo tachará de traidor, lo que no le quita el sueño al aludido. Con la camiseta guinda puesta, duerme tranquilo.

Para Morena valió la pena. De no ser por dicho voto, inimaginable lo que hubiera pasado con la reforma judicial. Quizás todavía estaría Norma Piña y su camarilla en la Corte.

Ahora está en el ojo del huracán el senador Enrique Inzunza. Igual que Yunes, ha tenido que ponerse el caparazón de tortuga para que reboten todos los ataques de la oposición. No lo bajan de narco, a raíz de la solicitud de extradición de los Estados Unidos, por supuestos vínculos del legislador con el crimen organizado. Hasta la fecha no le han probado nada. El gobierno mexicano no ha visto ninguna prueba que lo condene. Por eso Inzunza no se ha despojado del fuero, solo solicitó licencia de dos días para que su suplente asistiera al periodo extraordinario del Congreso de la Unión.

Luego, por más que le insistieron varios de sus compañeros para que dejara el cargo con licencia indefinida, Inzunza prefirió seguir trabajando en la sede de Insurgentes y Reforma en la Ciudad de México. Lo que no pudo evitar es que lo sacaran del grupo parlamentario. La misma lideresa nacional del partido Ariadna Montiel dejó en claro que el senador sinaloense ya no puede hablar en nombre del Movimiento de Regeneración Nacional. La senadora priista Paloma Sánchez aprovecha cualquier oportunidad para exhibirlo y llamarlo narco.

A Inzunza no le queda otra que resistir el vendaval, convencido de que es víctima de una infamia. Con fuero se debe sentir más tranquilo, aunque su situación no deja de ser incierta. Trata de amarrarse al escaño subrayando su compromiso con el proyecto de la Cuarta Transformación. Va a seguir votando en el mismo sentido que los morenos y morenas. Su voto es importante para lograr la mayoría calificada.

Pareciera que la guillotina de la justicia está a punto de caerle. No es un hecho. Se puede salvar si los vecinos del norte nunca presentan las pruebas. Nada garantiza que las vayan a entregar al gobierno mexicano. El tiempo estaría jugando a favor de Enrique Inzunza.

¿Por qué el tiempo jugaría a su favor?

La película de los servidores públicos acusados de tener vínculos con el narcotráfico se puede quedar enlatada para siempre si en las elecciones del próximo noviembre en los Estados Unidos el partido del presidente Donald Trump pierde el control del poder legislativo.

Ya faltan menos de dos meses para el 3 de noviembre, fecha de las elecciones en los EEUU. Si en los próximos días no sucede nada extraordinario y los demócratas se hacen del control de la Cámara de Representantes, los hoy acusados podrían pasar felices fiestas de fin de año.

Entre más nos acerquemos al día de las elecciones, más difícil puede volverse la maniobra para llevar a juicio a los presuntos implicados y peor sería para la imagen de los acusadores si al final resulta que se trataba solo de una estratagema norteamericana electorera.

Por eso es que el tiempo está jugando a favor de Inzunza y compañía.

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