La cultura como garantía de independencia frente a la IA

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Por Luis Manuel Arce Isaac

    No nos llamemos a engaños. La Tierra sigue girando alrededor del Sol, pero en su rotación va produciendo cambios y alimentando ambiciones. El mundo se divide, y las sociedades también, aunque parezca que somos un todo.

   En medio de ello, la integridad territorial a nivel global es amenazada desde Washington como antes lo fue desde Berlín, y Donald Trump quiere convertirlo en el ombligo del mundo.

    Que la bandera de las barras y las estrellas aparezca en publicaciones cubriendo la mayor parte del hemisferio occidental, incluido México, y la figura de Trump como el Zeus lanzando rayos y centellas en medio de tormentas, no es una pretensión, sino una amenaza, y es necesario tomarlo en cuenta. México y Brasil y Cuba son centro de su diana.

    Los dos primeros están en procesos electorales que Trump los ve cruciales para Estados Unidos. México con las intermedias para renovar totalmente la Cámara de Diputados con sus 500 legisladores.

    Brasil las presidenciales con un facineroso delincuente probado como es el hijo de Bolsonaro quien debería estar en algún tribunal rindiendo cuentas de su corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas, y no en una lista de candidatos a la primera magistratura.

    La IA se ha convertido en el principal instrumento de la ultraderecha estadounidense para dar sus golpes blandos sin necesidad, como antaño, de usar ejércitos nacionales o invasiones militares, dejando el menor rastro posible de culpabilidad, gracias al desarrollo desigual de la tecnología de las comunicaciones que les impide a las víctimas demostrar el delito.

    Los casos de Javier Milei en Argentina, el pinochetista José Antonio Kast Rist en Chile, el troglodita narcisista Abelardo de la Espriella en Colombia, la ultraderechista Keiko Fujimori en Perú, Daniel Noboa en Ecuador, Rodrigo Paz Pereira, de Bolivia, Nasry Asfura, hondureño, por citar los más connotados, son la prueba más palpable del uso de la IA en los golpes electorales.

   Lo mismo preparan contra Luiz Inácio Lula da Silva. La IA ya está dejando ver sus pezuñas disminuyendo en las “encuestas” la distancia que lo separa de su adversario quien, en la verdad verdadera y no en la de fantasía o digital, carece de la más mínima oportunidad de ganar, como sucedía con De la Espriella en Colombia o Keiko en Perú quienes, sin embargo, ganaron.

   Como decía el líder panameño Omar Torrijos, en la política no hay sorpresas, sino sorprendidos, y no debería sorprender a nadie si el 3 de noviembre el gobierno de Trump gana las elecciones de medio tiempo, un imposible histórico para él si se realizaran con normalidad por la baja aceptación popular y el marcado rechazo tanto a su política interna como externa, y la crisis económica provocada por su administración, a la cual no ha logrado darle solución.

   Ante la cruda realidad del control de esos instrumentos que ejerce Estados Unidos, la defensa más efectiva con la que cuentan las víctimas de la IA es la historia y la cultura que incuba la fortaleza de cada nación, el valladar para detener los nuevos y agresivos vientos que soplan del norte.

   Fue esa condición la que le permitió a Vietnam ganarle la guerra a EEUU, y a Cuba mantenerse enhiesta cuando teóricamente ya debería de haber claudicado ante el criminal bloqueo malthusiano que diezma a su heroica población.

    Ya no quedan dudas de las capacidades de acción que en tan breve tiempo ha adquirido la inteligencia artificial en cualquiera de sus matrices, e incluso hasta sus propios gestores están advirtiendo de un presunto descontrol cuya consecuencia no descartada es que los algoritmos adquieran «vida propia» en tanto y cuanto no requieran de la mano del hombre para ejecutarse a sí mismos.

   Aunque Donald Trump no deja de amenazar con acciones militares, encubiertas o no, justificadas o no, según le apetezca, lo que más daño le está haciendo a México, Brasil, Cuba, Nicaragua y a los demás países que no se han plegado al imperio, es la penetración ideológica y el uso avasallador de la inteligencia artificial mediante la cual crean escenarios falsos como si fuesen reales.

   Están tratando de vaciar de contenido sustantivo el cerebro de la gente y llenándolo de chatarra inservible que atonta y aliena, mediante la distribución y uso masivo de equipos de comunicación cada vez más sofisticados y atractivos, dirigidos sobre todo a los segmentos de la sociedad que más les interesa: niños, jóvenes y adultos activos.

    Crean programas específicos para cada generación y sobre intereses específicos, ya sean políticos, económicos, sociales o culturales y buscan erosionar desde dentro a los gobiernos que les son adversos.

      No se trata solamente de robarle a los pueblos del continente sus riquezas y su soberanía, sino apoderarse de toda la región, y es el mensaje que acaba de enviar Trump con el despliegue de su bandera y los cambios de nombres geográficos, incluido el del golfo de México.

     México es la presa principal en esa cacería y conquista de territorios, y la Casa Blanca y el Departamento de Estado han soltado a sus buitres, al igual que están haciendo en su propio país para un golpe blando en las elecciones de medio tiempo del 3 de noviembre, la cual no pueden darse el lujo de perder.

   Estemos atentos en todo el continente, como lo están en Oriente Medio y como debería de estar también Europa y el lejano Oriente, porque las señales de peligro son muchas, y siempre las amenazas de Trump han tenido un propósito a cumplir.

    Hasta ahora, las víctimas de la IA en el sur global no cuentan con un antídoto tecnológico o capacidad para desarrollar sus propias IA y contener al adversario que sigue siendo invisible para muchos, aunque cada minuto es más omnipresente.

    Pero tienen el recurso más valioso de todos: su historia y su cultura que, en estos casos, se convierten en su valladar, pues si el pueblo tiene un conocimiento correcto de dónde viene, sabrá con certeza hacia dónde va, y la IA no los podrá engañar.

   No es una simple teoría. Los colombianos, como los peruanos, los ecuatorianos, o los argentinos saben bien que la mayoría de ellos no votó por los “ganadores”, sino que les fueron impuestos mediante IA.

   Si se fortalece el sentimiento nacional y hay un conocimiento sólido de las raíces históricas de cada nación, a la mentira, la elaboración de posverdades, de reflejos condicionados creados con toda meticulosidad para distorsionar la realidad, les será más difícil prosperar.

    Precisamente por eso uno de los elementos en el que mayor énfasis hacen los estrategas electorales es el relacionado con la «deshistorización» del tiempo.

    La deshistorización no es solo borrar de textos y currículums escolares todo lo que perjudique al imperialismo, como quisieran hacer con la invasión de 1846-1848 a México cuando le robaron la mitad de su territorio, pero los mexicanos no se han dejado arrebatar su historia.

      Recurrir a la historia de América Latina y el Caribe, a su extraordinaria cultura que les viene desde la génesis del hombre mismo, sacarla de las garras de la tecnología que la oculta o la tergiversa, y reeducar a los pueblos en sus valores patrióticos, la dignidad, la moral y la ética que inspiran, es la alternativa a la que obliga Trump.

    Batallar en toda la región, como se está haciendo en Oriente Medio, fortalecer el sistema educacional general y el movimiento cultural en su gran diversidad para que la inteligencia humana derrote a la artificial, no es una opción, sino una obligación.

   La IA podrá hacer cálculos predictivos y procesar miles de variables simultáneamente a velocidad de reacción jamás imaginadas, pero incluso aunque supere los reflejos biológicos para sugerir decisiones, carece de sentimientos, sentido común y conciencia, y es su punto flaco. Su antídoto, en conclusión, es el hombre mismo que la creó, con su racionalidad, su identidad nacional y su cultura como garantía de independencia y soberanía.

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