
Por Natalio Steiner
Suiza acaba de abrir uno de los archivos más inquietantes relacionados con la persecución de los criminales nazis después de la Segunda Guerra Mundial: un dossier de aproximadamente 200 páginas sobre Josef Mengele, el médico de Auschwitz conocido como el “Ángel de la Muerte”, que logró escapar de Europa, refugiarse en América Latina y permanecer prófugo hasta su muerte en Brasil en 1979.
El expediente, publicado el 10 de septiembre por el Servicio Federal de Inteligencia suizo, había permanecido sometido a restricciones que, en principio, podían extenderse hasta el año 2071. Su apertura fue posible después de una larga batalla emprendida por el historiador Gérard Wettstein, interesado especialmente en establecer qué sabían las autoridades helvéticas sobre los movimientos de Mengele y sus posibles estadías en Suiza.
La documentación vuelve a poner bajo la lupa un episodio sorprendente: Mengele regresó a Europa en 1956, varios años después de haber huido a la Argentina.
Tras la guerra, el médico nazi había conseguido escapar utilizando documentación falsa a nombre de Helmut Gregor. Desde Génova partió hacia Buenos Aires, donde encontró refugio. Sin embargo, años más tarde logró obtener documentación nuevamente con su verdadero nombre y viajó a Europa.
En 1956 estuvo en la localidad turística suiza de Engelberg, donde pasó unas vacaciones de esquí acompañado por su hijo Rolf y otros familiares. Fotografías difundidas años después confirmaron aquel viaje, demostrando hasta qué punto uno de los criminales nazis más buscados pudo desplazarse por Europa prácticamente sin obstáculos.
El episodio resulta especialmente significativo porque Mengele no era un fugitivo menor. Como médico de las SS en Auschwitz-Birkenau participó en las selecciones que enviaban a miles de deportados directamente a las cámaras de gas y realizó experimentos pseudomédicos particularmente brutales sobre prisioneros, entre ellos niños, gemelos y personas con anomalías físicas.
El nuevo archivo también arroja luz sobre otro episodio mucho más discutido: la posible presencia de Mengele en Kloten, cerca de Zúrich, en 1961.
En aquel momento, su esposa Martha Mengele había alquilado un apartamento en la localidad. Un periodista alemán aseguró que Josef Mengele se encontraba allí y la policía suiza inició tareas de vigilancia. Las autoridades incluso solicitaron información a través de Interpol para poder identificarlo.
Sin embargo, las investigaciones históricas más recientes ponen seriamente en duda que Mengele haya estado realmente en Kloten en 1961. Algunos especialistas sostienen que para entonces se encontraba nuevamente en América Latina y vivía obsesionado con la posibilidad de ser capturado por Israel, especialmente después de que el Mossad secuestrara a Adolf Eichmann en Argentina en mayo de 1960.
La diferencia entre ambos episodios es importante: su presencia en Suiza en 1956 está ampliamente respaldada; la supuesta estadía de 1961 continúa siendo objeto de controversia histórica.
Más allá de ese debate, la apertura del archivo vuelve a plantear una pregunta incómoda: ¿cómo fue posible que Mengele pudiera regresar a Europa y circular con semejante libertad pocos años después de Auschwitz?
El dossier había sido elaborado originalmente por el servicio policial de la Fiscalía Federal suiza y posteriormente transferido, en 2001, a los Archivos Federales. Durante años las solicitudes de investigadores para consultarlo fueron rechazadas por razones relacionadas con la protección de fuentes y datos personales. Finalmente, las autoridades resolvieron hacerlo público, aunque algunos nombres y pasajes permanecen censurados.
La historia de Mengele es también la historia de uno de los mayores fracasos de la justicia internacional de posguerra. Después de vivir en Argentina y Paraguay, terminó ocultándose en Brasil. Nunca fue llevado ante un tribunal.
Murió ahogado en 1979.
Décadas después, los documentos que ahora salen a la luz en Suiza vuelven a demostrar que la fuga de los criminales nazis no fue solamente una historia de escondites en América Latina. Durante años algunos de ellos conservaron contactos, documentos y posibilidades de desplazamiento que les permitieron incluso regresar al continente donde habían cometido sus crímenes sin ser detenidos.
La apertura del expediente suizo no cierra definitivamente el caso Mengele. Por el contrario, vuelve a abrir una cuestión que permanece vigente más de ochenta años después de Auschwitz: cuánto sabían las autoridades europeas sobre los nazis fugitivos y cuántas oportunidades se perdieron para llevarlos ante la Justicia.

