
– Por Dmitry Laru* La cumbre del BRICS en Nueva Delhi culminó con éxito: las partes lograron consensuar la declaración final. El Sur Global mostró su unidad pese a las tensiones en Oriente Medio y divergencias entre los países.
Sin embargo, la formación de un orden mundial más justo sigue topando con quienes están acostumbrados a “dividir el mundo en el jardín y la jungla”, subrayó el presidente ruso, Vladímir Putin. Asimismo, el avance hacia un cambio de las reglas del juego internacional parece no tener alternativas.
En este momento, el objetivo principal del BRICS es respaldar estos cambios geopolíticos con proyectos concretos que beneficien directamente a la población de los países del bloque. Pero esa ambición choca con una realidad incómoda: en muchos de esos Estados, la celebración de las cumbres queda ensombrecida por una profunda desigualdad social. En este sentido, Nueva Delhi no ha sido una excepción.
Los participantes de la cumbre
El 12 de septiembre, la capital india dio la bienvenida oficial a los líderes del BRICS. Las delegaciones de los Estados miembros, ocho de ellas encabezadas por jefes de Estado y de Gobierno, arribaron a Nueva Delhi. Las únicas excepciones fueron Brasil, representado por el canciller Mauro Vieira, y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), que enviaron al príncipe heredero de Abu Dabi, el jeque Khaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan.
El líder latinoamericano Lula da Silva se quedó en Brasil por la complicada situación preelectoral. La decisión del presidente emiratí, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, de enviar a su hijo mayor en lugar de un funcionario competente refleja la importancia de este foro para la monarquía de Oriente Medio, según varios medios.

El BRICS se ha puesto a prueba con esta cumbre. Se trata de la primera reunión de los líderes tras la drástica escalada de tensiones en Oriente Medio, que ha expuesto las profundas contradicciones internas del grupo: los nuevos miembros, Irán y los EAU, se encuentran de facto en bandos opuestos del conflicto.
La heterogeneidad de las posiciones de otros miembros del grupo complica aún más el panorama. Mientras unos quedan a la expectativa, otros critican abiertamente las acciones contra Irán. En tanto, el conflicto aún no se ha resuelto y sigue alimentando el riesgo de una mayor escalada.
A esto se suman las contradicciones bilaterales entre algunos miembros del BRICS. La India y China siguen sin resolver sus disputas territoriales. En este contexto, la visita del líder chino Xi Jinping al país vecino ha sido la primera en siete años. Egipto y Etiopía, por su parte, mantienen divergencias sobre el uso de los recursos hídricos.
Aprobación de la declaración conjunta
Pese a todas las contradicciones, los países del BRICS lograron aprobar unánimemente la declaración final en la que expresaron su preocupación por la situación en Oriente Medio e instaron a las partes implicadas a abstenerse de las acciones que pudieran provocar una escalada.
Aunque el documento se redactó en términos diplomáticos y cautelosos, el mero hecho de haber aprobado una declaración conjunta demuestra la disposición de los BRICS a encontrar un lenguaje común incluso en un clima de tensión.
La situación en Oriente Medio no impide el resto de actividades del grupo, sino que, por el contrario, permite vislumbrar “el marco para poder construir el diálogo dentro del bloque”, destacó la profesora titular de la Facultad de Procesos Globales de la Universidad Estatal de Moscú M.V. Lomonósov, Margarita Lipovátaya.
Según ella, la crisis iraní ha sido una prueba que ya demarca las posibilidades del BRICS. Al mismo tiempo, podría servir de estímulo para una institucionalización más flexible: tal vez, mediante la creación de una “coalición de los voluntarios” dentro del BRICS en esferas concretas.
Es decir, el bloque seguramente adoptará el modelo de consolidación selectiva: en aquellas cuestiones en las que los intereses coincidan (la desdolarización, la reforma del FMI y del Consejo de Seguridad de la ONU, los proyectos de infraestructura) el grupo actuará de forma cada vez más coordinada e institucionalizada. En cuanto a los conflictos regionales agudos que afectan a diferentes bandos dentro de la propia alianza, el BRICS seguirá siendo una plataforma de diálogo sin adoptar decisiones vinculantes, resumió la experta.

La iniciativa del anfitrión de la cumbre Narendra Modi supuso un paso importante en el desarrollo del BRICS. El primer ministro indio propuso crear un grupo de trabajo en el formato de “troika”, que incluyera a las presidencias anterior, actual y entrante del bloque.
En su opinión, el cambio anual de la dirección no debería frenar el trabajo conjunto: la asociación necesita continuidad para que los proyectos iniciados avancen sin interrupciones. El presidente de Irán, Masud Pezeshkian incluso fue más allá y propuso establecer una secretaría permanente del BRICS.
Objetivo principal del grupo BRICS
A juzgar por las declaraciones oficiales de los líderes en la cumbre del BRICS, se hace evidente que los países del grupo tienen más puntos en común que desacuerdos. Todos los participantes comparten lo esencial: el deseo de cambiar las reglas del juego y reestructurar el sistema económico global.
En los discursos de los líderes se vislumbra claramente un objetivo común: crear un mundo multipolar en el que Occidente deje de actuar a la vez como juez y policía, de dictar sentencias sin consultarlo con nadie y de ejecutarlas.
“El sistema unipolar de relaciones internacionales que servía a un grupo reducido de países está llegando a su fin. El equilibrio de poder se redistribuye a favor de los nuevos centros de crecimiento en el Sur Global y en Oriente. Cada vez más Estados declaran de manera firme y clara su disposición a defender sus intereses nacionales y a participar en la solución de problemas globales”, sostuvo Vladímir Putin.
Según el presidente ruso, el avance hacia un mundo multipolar no está exento de dificultades: encuentra resistencia de aquellos que “están acostumbrados a pensar en términos coloniales, a dividir el mundo en un próspero jardín y una jungla salvaje y a vivir a costa ajena”.

El primer ministro de la India, Narendra Modi, instó a no posponer la reforma de la ONU y a ampliar el Consejo de Seguridad con los países del Sur Global. El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, se pronunció en contra de las sanciones unilaterales, y esa misma postura se refleja en la declaración final.
El líder de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, llamó a los países del Sur Global a abandonar su papel de exportadores principalmente de materias primas. El presidente de la República Popular China, Xi Jinping, por su parte, subrayó la necesidad de impulsar el orden internacional hacia una mayor justicia e igualdad.
El BRICS no se posiciona como una alianza antioccidental. No obstante, la compleja experiencia de interacción con las instituciones occidentales, que ha tenido prácticamente cada país representado en la mesa, hoy inevitablemente define la agenda común de la asociación.
En los casos de India y Egipto, se trata de un duro pasado colonial. Para China, es el “siglo de las humillaciones”; en el caso de Sudáfrica, son años de lucha contra el régimen del apartheid que los Estados occidentales mantuvieron a favor de sus propios intereses. Etiopía recuerda la sangrienta agresión italiana. Brasil evoca el golpe militar de 1964 apoyado por Estados Unidos, e Indonesia rememora la dolorosa experiencia de su relación con el FMI en los años noventa.
Rusia e Irán hoy se encuentran en la vanguardia de la dura confrontación con Occidente. Hasta los EAU, a pesar de sus relaciones estrechas con EE. UU. y los países de la UE, en su época habían sido protectorado británico. Quizás, esa memoria histórica común y el rechazo a volver a someterse a la voluntad ajena unan a estos países tan diversos más que muchos intereses coyunturales.

Este trasfondo histórico se percibe claramente en las calles de Nueva Delhi. Los habitantes de la India actual hablan inglés con fluidez, son aficionados al críquet, un deporte llegado de Gran Bretaña, y ensamblan los últimos iPhone en sus fábricas. Pero basta con sacar a relucir el tema de por qué en el país los problemas de la pobreza siguen siendo tan agudos, para que los interlocutores evoquen inevitablemente el pasado colonial.
“Nos saquearon, sacaron de nuestro país riquezas por un valor de decenas de billones de dólares”, cuenta uno de los interlocutores.
Claro que a una niña de tres años sin ropa, que pide limosna junto a sus hermanos mayores cerca de uno de los principales monumentos de Nueva Delhi, el mausoleo de Humayun, difícilmente se la puede considerar una consecuencia directa del dominio británico.
Sin embargo, la política colonial, incluyendo la consolidación de la desigualdad y el acceso limitado a la educación para una gran parte de la población, dejó profundos problemas sociales que la India no ha podido resolver hasta hoy. De manera similar, Rusia sigue enfrentando las consecuencias de la década de los 1990, y la República de Sudáfrica, el legado del régimen del apartheid.

Precisamente por eso lo que esperan del BRICS millones de ciudadanos de a pie en estos países no son victorias geopolíticas quiméricas, sino una ayuda real. Sin embargo, en ese camino al BRICS aún le queda una carencia importante por resolver: se trata de la incapacidad de traducir las complejas formulaciones diplomáticas a un lenguaje comprensible y trasmitir de manera clara a la población de sus países el verdadero beneficio de esta cooperación.
Para seguir siendo viable, la asociación no debe percibirse exclusivamente como un club elitista del Sur Global ni tampoco como un simple contrapeso al “Grupo de los Siete”. El BRICS debe convertirse, ante todo, en una plataforma efectiva para crear proyectos económicos y sociales concretos.
Según declaró el presidente de Egipto, Abdel Fattah el-Sisi, el potencial del bloque debe traducirse en acciones prácticas. Pues la misión principal no consiste en declaraciones políticas grandilocuentes, sino en proyectos reales capaces de brindarle a esa niña de tres años en Nueva Delhi la oportunidad de salir de la terrible pobreza.
*Dmitry Laru es un destacado periodista y analista político ruso, conocido principalmente por su rol como jefe del departamento de política interna e internacional del prestigioso periódico ruso Izvestia
-ARTICULO TRADUCIDO POR EL CLUB DE TRADUCCION DE LA MGIMO “LATIDOS UNIDOS”
Foto de la portada: IZVESTIA

